Historias de Vendimia: digno comienzo de un nuevo camino

Historias de Vendimia: digno comienzo de un nuevo camino

Entre aciertos y cuentas pendientes, esta película configurada por seis cápsulas de notable factura técnica, logra por momentos integrar de manera orgánica las convenciones del Acto Central a puro motor de lenguaje cinematográfico.

Laureano Manson

Laureano Manson

En medio de un contexto de pandemia y crisis económica, la realización del Acto Central de la Vendimia estaba destinada a engrosar la lista de cancelaciones de eventos culturales a lo largo y a lo ancho del planeta. Sin embargo, por una audaz decisión política, se determinó seguir adelante con el tradicional espectáculo, aunque adaptándolo a la situación sanitaria que nos apremia. A partir de allí, se comienza a pergeñar la idea de trasladar algo de lo que se presenta cada año sobre el escenario del Frank Romero Day al formato de película, concebida a través de un puñado de cápsulas o cortometrajes. 

Lo primero que hay que decir a la luz del resultado final de Historias de Vendimia, es que estamos frente a un atendible comienzo de una búsqueda que en próximas ediciones podría adquirir mayor vuelo y entidad. Más allá de la complejidad de la coyuntura, un aspecto que resulta insoslayable a la hora de analizar qué nos deja esta nueva experiencia, es el acotado tiempo con el que los artistas trabajaron a contrarreloj para definir criterios, guiones, puestas y acuerdos entre sí. Se intuye que el pacto entre cada responsable de la dirección cinematográfica con su su par en el área escénica, no debe haber sido nada fácil. Aquí es clave que se comprenda que estamos frente a un producto audiovisual, y que por lo tanto la decisión artística debería recaer absolutamente en él o la cineasta en cuestión. De hecho, los cortos más logrados de esta película  son aquellos en los que evidentemente se labró un acertado convenio creativo entre artistas de la cámara y habituales hacedores de Vendimia.

Cuando se anunció este proyecto hace pocos meses, sobrevoló el temor de una excesiva servidumbre del andamiaje audiovisual a las convenciones del Acto Central. Si bien tópicos recurrentes como los inmigrantes, San Martín, los duendes o la Virgen de la Carrodilla tienen su inevitable aparición; en algunas ocasiones la narración logra integrarlos de manera orgánica a puro motor de lenguaje cinematográfico. La notable factura técnica de los seis episodios que componen este film es innegable, y seguramente ese aspecto habrá tenido un buen impacto en el público masivo, que no está familiarizado con el creciente número de profesionales con oficio y talento que tenemos en la provincia detrás de cámaras.

Antes de hacer un repaso por cada cápsula de la flamante película, habría que reflexionar un poco sobre la concepción general de esta propuesta. Por un lado, hay un evidente afán de no traicionar a ese público ortodoxo que suele protestar cuando el asunto se desvía demasiado de la norma vendimial. Por otro, la voluntad de que este film sea visto en cuanto rincón del mundo sea posible. En el medio, resulta incierta la capacidad de seducción que pueda tener Historias de Vendimia más allá de los límites de Mendoza. Lo que vemos año a año en el Frank Romero Day es un espectáculo con raigambre tradicional. En cambio, una película realizada con gran estructura de producción supone una vocación de alcance universal, que en esta ocasión queda pendiente.

Seguramente, Historias de Vendimia supuso un gran ejercicio de aprendizaje para sus responsables. De hecho, que cineastas y puestistas hayan logrado integrar sus concepciones y trazar pactos sobre los contenidos a abordar por cada equipo, ya es un logro teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos nunca habían trabajado en conjunto. La ausencia de una figura que asuma la coordinación de los seis relatos, es otro punto a tener en cuenta para una próxima edición que garantice cierta unidad de tono en los diferentes cortos.

Como todo film episódico, hay segmentos que resultan más logrados que otros. La película comienza de manera promisoria con la cápsula titulada Creadores de oasis, dirigida por Gaspar Gómez, Claudio Martínez y Alicia Casares. Una historia que ensambla el mundo lúdico de una niña con la amenaza de una gran helada sobre los viñedos. Pinceladas de suspenso y escenas musicales, redondean este arranque que funciona más en el tono de fábula que en el registro dramático. El segundo episodio, Inmigrantes, con dirección de Valentina González y Alejandro Conte, es por lejos el segmento más notable y conciso de toda esta película. Impecable en los rubros de guion, actuación y realización; apuesta de lleno al drama de la explotación laboral hacia aquellos tempranos trabajadores del campo que venían desde diferentes latitudes. Además, a diferencia de varios de los relatos que configuran este combo, Inmigrantes cuanta con el plus de una resolución con garra. 

El tercer capítulo, Aconcagua, espíritu de mujer y vino, fue concebido por Camila Menéndez y Vilma Rúpolo. Con el sello característico de la legendaria bailarina y coreógrafa, tenemos aquí un ensamble de momentos de gran belleza plástica, sumados a una atmósfera inquietante. El cuarto cortometraje, Hechizos, de Leandro Suliá Leitón, Alejandro Grigor y Héctor Moreno; es una apuesta exuberante que combina el lenguaje de un vivo de Instagram, con rap, tango, música electrónica y unas cuantas texturas más. En este caso, la superposición de elementos y la construcción de la narración en distintos niveles de tiempo, atentan contra la cohesión del segmento.

La quinta cápsula, San Martín, a cargo de Natanael Navas y Pedro Marabini, marca el punto más ambicioso de todo el film, aunque también teñido de cierta afectación. Con un notable despliegue de producción, este capítulo se la juega con un tono de ribetes épicos y se despega de la típica postal de Billiken que tantas veces vimos en el Frank Romero Day. En el cierre, Somos, el sexto episodio que labraron Ciro Novelli, Walter Neira y Guillermo Troncoso; oficia como una suerte de grandes éxitos de Vendimia. Toda la carne al asador con fragmentos de cueca, gato y la mismísima Virgen de la Carrodilla. Sin embargo, de todos los cortos de la película, es el más disperso y el menos afortunado tanto en lo visual como en lo narrativo.

Entre aciertos y cuentas pendientes, Historias de Vendimia es la clara demostración del pulso expresivo de mil artistas locales que aportaron lo suyo a este digno comienzo de un nuevo camino. Lo que resta decir es simplemente que esta búsqueda no termine aquí.

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