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Cómo lograr tener hábitos más saludables en 2022

El cambio en el calendario nos impulsa a modificar algunas prácticas y rutinas que tal vez no nos hacen del todo bien. Por qué las naturalizamos. Cómo incorporar prácticas más saludables.
A muchas nos cuesta terriblemente incorporar como hábito saludable simplemente tomar la cantidad de agua recomendada al día. Foto: Freepik
A muchas nos cuesta terriblemente incorporar como hábito saludable simplemente tomar la cantidad de agua recomendada al día. Foto: Freepik

¿Cómo proponernos tener hábitos positivos y saludables... y realmente cumplirlo? Las Fiestas, el Año Nuevo, suelen venir acompañados de discursos en clave de eslogan, de frases marketineras, de enunciados con fuerte impronta de autoayuda, que nos interpelan y nos invitan a modificar costumbres, acciones que hemos naturalizado en nuestro devenir cotidiano, que no son del todo sanas para nuestro espíritu, para nuestro cuerpo, para nuestra mente.

La pronta llegada del 2022 se vuelve un momento ideal para repensarnos, para auscultarnos, para vernos en perspectiva tanto hacia atrás como hacia adelante. Si bien somo seres sociales que necesitamos de interrelacionarnos para terminar de constituirnos, en primera instancia somos individuos que como tales definimos el curso de nuestra historia, más allá de las peripecias que el destino nos tenga preparados. 

Por eso para cambiar algo que nos hace mal lo primero e indispensable es identificarlo. Ser conscientes en el registro de ese hábito que debemos desterrar, y en ese cambio va inscripto una reprogramación de nuestra mente, un nuevo modo de ver las cosas. Esto que todo cambio hacia afuera debe ser acompañado por modificaciones internas que terminan componer como un todo los giros que vamos concretando.

Pero antes de continuar primero entendamos que significa un hábito. De acuerdo con diversos especialistas, este término se refiere a una acción o serie de acciones que requieren de cierto nivel de aprendizaje con el fin de llevarlo a cabo de forma periódica. Y cuanto más lo repetimos, más automático e inconsciente se vuelve, de ahí que luego para desmontarlo se requiere un gran esfuerzo.

A su vez el hábito se encuentra estrechamente relacionado con dos factores: gestión de emociones y fuerza de voluntad. Lo primero está en la base a partir de la cual nace un hábito, el segundo es el motor para mantenerlo a flote y en constante ejercicio.

Ve de menos a más para no frustrarte. Ponte como meta hábitos más chicos. Quizás no sea cambiar toda la alimentación en principio, comienza por hacer un desayuno saludable.

Aquí la clave pasa por nuestra plasticidad neuronal, es decir, nuestro cerebro cambia siempre, si es que estamos dispuesto a ello. Es decir, no estamos condenados a vivir de acuerdo a un grupo de hábitos determinados. Cambiar hábitos y costumbres nos abre a nuevas posibilidades y enriquece nuestra calidad de vida, aumentando de manera indirecta la propia autoestima. Por ello es importante salir de nuestra zona de confort, más aún cuando naturalizamos y nos abrazamos a lo que nos hace mal.

Adoptar hábitos nuevos y más saludables nos ayuda contra problemas de salud graves como la obesidad y la diabetes. Los hábitos nuevos, como una alimentación saludable y actividad física regular, también pueden ayudarle a controlar su peso y a tener más energía. Incluso todo esto puede redundar en una mejor sexualidad, mejorar nuestros vínculos, o alejarme de los que no me convienen.

Los especialistas sostienen que existen cuatro etapas que uno atraviesa al momento de cambiar sus hábitos o comportamiento relacionados. Estas fases tienen que ver con la reflexión; la preparación; la acción; y el mantenimiento.

Durante el momento de la reflexión comienza a tomar forma la necesidad del cambio. Esto es antes de materializar nada, debo sentir ese impulso interno que me cuestiona mis prácticas cotidianas, lo cual representa el embrión primario de los grandes cambios estructurales por encarar. Generalmente en esta fase inicial nos encontramos con pensamientos que consideran que nuestra salud, o energía o bienestar general mejorarán si desarrollamos nuevos hábito. Pero a la vez no nos sentimos preparados para continuar.

Si pasamos a la etapa siguiente es que somos ya conscientes de que necesitamos cambiar e internamente nos decidimos a "tomar cartas en el asunto”. En esta segunda fase, hacemos planes y pensamos en ideas específicas que nos sirvan. En consecuencia hemos establecido algunas metas específicas que nos gustaría cumplir.

Reducir el tiempo de uso de las pantallas puede ser otro hábito a incorporar.

En la crucial etapa de la acción nuestra voluntad debe prevalecer. Aquí ya se empiezan a cristalizar los nuevos hábitos de vida. En esta tercera etapa, actuamos según nuestro nuevo plan y haciendo los cambios que nos propusimos. Esta instancia nos suele llevar un plazo para fijar nuevos comportamientos. Por ejemplo, podemos estar unos seis meses adoptando una nueva alimentación, actividad física u otros como dormir más o reducir el tiempo de uso de pantallas.

Ya en el final de este proceso llegamos al momento del mantenimiento. Esto es naturalizar la incorporación de una nueva rutina. En esta última etapa, nos acostumbramos a los cambios y los mantuvimos durante más de 6 meses. De este modo se han convertido en parte normal de la rutina a la vez que detectamos formas creativas de ajustarnos a estas nuevas prácticas.