De ama de casa y docente a escalar el Himalaya casi sin escalas

De ama de casa y docente a escalar el Himalaya casi sin escalas

Laura Horta tiene 53 años y se dedica al andinismo desde hace muy poco tiempo, pero hace 4 meses se propuso enfrentar el Himalaya y mañana parte hacia esa travesía. Desde MDZ decidimos acompañarla y apoyarla porque sabemos lo que significa asumir grandes desafìos.

Ana Saldaña

Ana Saldaña

asaldana@mdzol.com

En Guapas siempre destacamos a mujeres comunes, como nosotras, que se animan a hacer cosas diferentes. La historia que traemos hoy sin dudas te va a emocionar y a inspirar. Se trata de Laura Horta, una profesora de Matemáticas, actual decana de la Facultad de Educación de la Universidad Maza, que un día decidió escalar el Himalaya y mañana comienza su travesía para lograrlo. Cualquiera se peguntará, ¿qué tengo que ver yo con una andinista? Pues, sigue leyendo y verás...

Laura hoy tiene 53 años. Se puso de novia a los 12, se casó a los 22. Hizo "lo que tenía que hacer", se recibió de profesora de Matemáticas, tuvo 3 hijos, vivía para su familia y trabajando, un poco a escondidas de sus niños, porque sufrían al verla irse de la casa. Hasta los 43 años tenía una vida convencional.

Mientras Juan Francisco, Marina y Juan Cruz crecían -hoy tienen 29, 25 y 23 años, respectivamente-, se dio cuenta de que no estaba haciendo nada por ella misma. ¡Ni siquiera iba al gimnasio! Entonces, tras llevar al pequeño a una de sus actividades se dijo: "Tengo 2 horas para mí, ¿qué puedo hacer?". 

Se puso zapatillas y comenzó a correr. Esto fue hace 10 años atrás. Cuatro años después comenzó a correr en grupo, siempre a escondidas de su familia y finalmente la animaron a una carrera. La primera fue de 120 kilómetros. "Si iba a dejar a mi familia tenía que hacerlo por algo grande", contó a MDZ. No sólo eso, quedó primera en su categoría

En 2016, Laura volvía de Chile, "miré el Aconcagua y dije: 'quiero estar ahí'. Soy amiga de Sebastián, el dueño de Inka Expediciones, pero no lo llamé, me comuniqué con la empresa y al otro día él se contacto conmigo, sorprendido. Le habían pasado la posta para que lo manejara él, porque era 'un caso raro'. Y al ver quién firmaba se dio cuenta de que era yo. Yo quería ir al Aconcagua, pero nunca había subido una montaña y no me interesaba la cumbre".

"Sebastián me ofreció hasta ir sin pagar". Recuerda que le dijo: "Veo tu cara y quiero que lo hagas". "Era una expedición extranjera, yo fui la única argentina. Toda en inglés. Imaginensé los equipos que tenían ellos y yo con todo prestado, salvo mis botas, que para mi eran nuevas porque estaban sin usar, pero apenas salí de Horcones se me despegó la suela, me las ataron con una cinta. Mis compañeros tenían hasta paneles solares para cargar los celulares. Yo era 'el pelotazo en contra'".

Laura Horta tiene 3 hijos de 29, 25 y 23 años.

Todos llevaban pantalones con abrojo para cambiar las botas según los tramos del recorrido, Laura tuvo que hacerle un corte a los suyos con una tijera. Después, en la noche, pegarlos con un encendedor y cinta para no pasar frío. "Me llevaban chocolates a la carpa, era la pobre argentina".

Sin embargo, de 14 personas mega equipadas que encararon ese desafío sólo 5 hicieron cumbre. Laura Horta, una de ellas. "Eso también me despegó la cabeza, entendí que no hace falta dinero, sólo la cabeza y ser feliz".

Así como aquella vez, este año se preguntó: "¿Por qué no un 8 mil?". Averiguó y se decidió a escalar el Manaslu, la octava montaña más alta del mundo, con 8163 metros de altura. Está situada en el macizo Mansiri Himal, parte del Himalaya en la zona centroccidental de Nepal. Su nombre, que significa “Montaña de los Espíritus”, algo que también atrajo a Laura, quien está muy atenta a los "mensajes ocultos" y "las cábalas" detrás de los hechos.

Laura Horta, a los 43 años se comenzó a poner nuevos grandes desafíos.

El plan era subir el año próximo, pero consiguió un gran descuento para encararlo ahora. "No lo iba a poder hacer sino, así que en 4 meses me preparé". No sólo era preparación física y mental, Laura debía conseguir al menos 25 mil dólares. "Los primeros que me dijeron que sí a ser mis sponsor fueron Orly Terranova, de MDZ, y Gonzalo Peñalva, de Sport Man. Eso fue muy importante para mí, me dio el empujón para saber que sí lo iba a lograr. Al principio me preguntaba '¿por qué querrían apoyarme'. Desde ese momento no tuve dudas que lo iba a lograr", cuenta Laura Horta con la voz entrecortada y aún sabiendo que todavía le falta algo de presupuesto y su vuelo a Nepal despega mañana.

En primera persona

En estos desafíos que uno se propone no todo es color de rosas, también pasan cosas feas. ¿A qué te enfrentaste?

Lo tengo re claro y trabajado. Las mujeres estamos rompiéndonos cristales que no nos hubiéramos imaginado. Pero mientras tanto, siento culpa de dejar a mis hijos, esa culpa es la que me hace tener agendado hoy pasar por la verdulería para dejarles la heladera lo más llena posible, mientras yo soy la que se llena de responsabilidades. Mi hija vuelve de España, donde está viviendo, y me voy a perder su regreso. Cada vez que me llama me largo a llorar porque yo no voy a estar para recibirla. 

Pero a la vez entiendo que hay que seguir adelante, no se puede estar en todos lados. Un día me enfrenté a mis hijos y a mi marido y les dije: "Voy a hacer esto", sin buscar apoyo ni consenso. Fue un paso adelante fuerte desde lo personal, que lo quiero transmitir a mujeres y jóvenes, porque lo peor es quedarse paralizado

He pasado muy buenos momentos y sin embargo no estoy cómoda ni tranquila. También me di cuenta de que no todos tienen por qué apoyarme, es duro que no lo hagan por cariño. Esperaba ciertas cosas de ciertas personas que no se dio. Eso es parte de la vida también.  De hecho, una amiga me dijo "no estoy en una buena situación económica, pero si lo estuviera tampoco pondría dinero por esta causa. Eso me dolió". 

Es cierto que es más fácil cuando se enferma o alguien tiene una necesidad de vida. Pero bueno, así como con algunos grupos de amigas cuando alguna inauguró una casa todas pusimos dinero y se lo dimos, esperaba eso. Pero ni siquiera. De 10, 2 apoyan. Algunas de esas personas que tenés cerca no responden con cariño sino con otros sentimientos que para mi es duro.

¿A qué le tenés miedo?

A dejar la comodidad. Parece una estupidez, pero no me gusta la vida de carpa, no tengo ni una cacerola, prefiero estar toda la noche caminando que en una carpa, y ahora deberé pasar allí 40 días. Tengo el toc de bañarme 2 veces por día y ahora por 57 días no podré hacerlo.

También le tengo miedo al frío, tengo un problema en las manos, se me congelan los dedos y no los siento. Me da temor de que me pase algo en la mano. 

Muchos días lejos y desconectada. No saber cómo están, es un destete. Pero a la vez, es raro, porque por todos lados me siento muy bendecida de aprendizajes. Ahora sé que no puedo estar allá y recibiendo a mi hija o a mi madre que viene de España, también para colaborar con la organización familiar.

Todos alentando a Laura

Laura es una mujer sensible, con un empuje sin igual, tiene resistencia, no sólo física sino emocional. Transmite su energía y contagia, una charla con ella es un placer. Nos hace ver como todas nosotras estamos llenas de mandatos que muchas veces acatamos sin cuestionar o nos revelamos a ellos, pero siempre con culpa.

"Mi marido me invitó a festejar los 40 años a no sé qué país y le dije: 'Ni loca dejo a los chicos'. Me fui a Chile en el auto y en el Acceso Sur ya llorisqueaba por haberlo dejado. Pero un día me di cuenta de que estar tan pendiente les hace daño a ellos y a mi misma":

"Me dediqué 20 años a criarlos, me encantó, fui de las madres que iba todas las salidas escolares. Un tiempo me puse un negocio, 8 meses estuve y no aguanté. Lo cerré, porque tener un poco más de plata me permitía comprarles un par más de zapatillas pero no me llenaba llenaba para nada, porque no estaba criando a mis hijos". 

Laura Horta también cuenta que su padre, quien ya falleció, la veía con las calzas, por irse a correr, y la cuestionaba indirectamente con frases como "tu madre nunca hizo una actividad sin mi". Pero no sólo es cuestión de otras generaciones, actualmente allegados suyos se detienen a comentarle "lo vi a tu marido el fin de semana, siempre solo anda últimamente": Y ella, no libre de esa culpa, se justifica: "¡No es así! Yo me hago un ocho para hacer lo mío y a la vez llegar a cenar con ellos".

Laura no necesita llegar a la cima, aunque se enfrenta a una de las montañas más mortales del mundo, no tenemos dudas de que ya hizo cumbre. En MDZ nos comprometimos con su causa, porque no se trata de una deportista de una gran ciudad con posibilidades de visibilidad. Es una mujer mendocina que se puso un desafío alto y necesita apoyo, pero sobre todo aliento. Nosotros sabemos de qué se trata eso y estamos orgullosos de llevar nuestra bandera a la cima con ella.

¡En MDZ vamos a seguir su expedición y te vamos a estar contando más detalles de su vida y sobre la travesía que la espera!

 

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