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Estudió medicina para ayudar a otros, abandonó por siguiendo su instinto y hoy empodera a mujeres con su trabajo

Lucila Lynch Garay tenía clara su misión: ayudar a otros. El pequeño "detalle" es que el camino no era el que parecía más lógico, la medicina, sino la creatividad que la movió a buscar nuevos caminos y empoderar a mujeres en todo el país.
Foto: Julián Volpe
Foto: Julián Volpe

"Para mí medicina era la posibilidad de hacer algo por el otro", dice Lucila Lynch Garay (38), con la misma convicción con la que lo repetía hace 20 años cuando decidió estudiar esa carrera. Sin embargo, no llegó hasta el final. La vida fue abriendo otros caminos. "Hace unos años mi papá me recordó una conversación que tuvimos en esa época cuando él estaba haciéndose una quimio y hablábamos muchísimo", relata y lo cita textual: "Cuando dejaste medicina nos sentaste a tu mamá y a mí y nos dijiste que no podías ser creativa siendo médica". Se interrumpe así misma con una conclusión que hoy es evidente: "Yo necesito ser creativa".

Al dejar medicina estudió publicidad y luego diseño gráfico. El amor por los libros y las revistas la llevó al diseño editorial. Hizo tantos talleres y materias como pudo. Y fue profesora en la UBA. Y un día, un poco por casualidad, aprendió a encuadernar. "Me separé de un novio en 2010/2011 y necesitaba ocupar mi tiempo en algo. Hice un taller que consistía en un par de encuentros semanales a la noche... Esos días iba a estar distraída", recuerda entre risas. 

Aprendió a hacer un cuaderno. Y un amigo le insistió que enseñara la técnica en el taller de arte de su mujer. Lo hizo. Sin darse cuenta estaba dando los primeros pasos en un camino al que se fueron sumando muchas más personas y que hoy tiene un espacio de enseñanza, aprendizaje e intercambio: The Paper Academy. Cuando doblaba y cosía sus primeros cuadernillos de papel Bookcel, en 2012, no podía ni siquiera imaginar a donde la llevarían las puntadas que estaba dando. 

En esa época se dedicaba a hacer papelería social. "Invitaciones para casamiento muy cuidada en papeles especiales", especifica y recuerda que trabajaba sola por lo que las reuniones con los novios para hablar del diseño eran eternas. Pero no pensaba dedicarse a la encuadernación. De hecho, "sólo sabía hacer un cuadernito" y empezó a aprender técnicas a medida que sus alumnas le pedían algo nuevo. 

Cuando dio su primer taller, Lucila sólo sabía una técnica y fue formándose a la par que sus talleres ganaban fama. Foto: Julián Volpe - MDZ

Lejos de pararse en un pedestal, Lucila -más conocida como Lulu Heart Paper- compartía con sus alumnos que ella misma estaba aprendiendo. Y aun así sus cursos tenían cada vez más demanda. Sin que se diera cuenta, el pasatiempo (la encuadernación) se convirtió en trabajo y este pasó a ser un diferencial para sumar a sus productos y propuestas. Atenta a los intereses de sus alumnas -sí, la gran mayoría son mujeres- incorporó otros artes que complementan la encuadernación: bordado sobre tela o papel, scrapbooking, serigrafía... "Me gusta amalgamarlas un poco", confiesa.

Pero empezó la pandemia y todo cambió. Dejó de ir a su taller, porque no era lo mismo sin las charlas y las risas. mudó todo a su casa y buscó la forma de seguir haciendo lo que le gusta: enseñar cómo hacer cuadernos. Providencialmente, unos meses antes del confinamiento había armado un tutorial en video. "Preparé un curso de bitácora y funcionó espectacular", celebra. Y confiesa que aunque pensaba que era imposible enseñar a encuadernar a distancia se dio cuenta de que era posible por las repercusiones. "Me empezaron a llegar fotos diciendo: 'Esto lo hice con tu curso'", dice con una sonrisa. 

Esa experiencia sumada al deseo de seguir dando clases y a su intuición de que podía crear un espacio virtuoso, la impulsaron a lanzar en mayo de 2020 -"plena pandemia, todos encerrados", comenta- The Paper Academy, una suerte de escuela de encuadernación que devino en una comunidad que hoy integran más de 160 personas en distintos puntos del país. "Lancé la membresía mientras el mundo explotaba. Compré unos post-it para ir poniendo en la pared los nombres de quienes se sumaban. Y de pronto me quedé sin. No imaginé que iba a pasar eso". Habla de "la familia de The Paper Academy" y afirma que elige es apalabra "porque en una familia uno puede mostrar sus miserias, lo que en verdad es". 

Entonces no imaginaba qué tanto podía extenderse esa propuesta ni el impacto que podía llegar a tener en otras mujeres. "Hoy, ver que las mujeres de la comunidad no sólo aprenden a encuadernar sino que muchas tienen sus marcas y les encargan pedidos, me llena de emoción", explica Lucila Lynch Garay.

Revela que a esta altura los encuentros sincrónicos (online, porque las asistentes se encuentran repartidas por todo el país) tienen más de compartida que de mero tutorial, aunque ambas conversaciones se entrelazan de forma equilibrada. Y enseguida cuenta la anécdota de una de ellas que en una tertulia virtual contó que había podido pagar el calefón nuevo de su casa gracias a que había comenzado a vender cuadernos. La protagonista de esta historia es Pao. Y la academia tuvo tal impacto en su vida que este fin de semana viaja sola por primera vez. Y, por primera vez también, deja a su hijo solo con su marido. 

Los talleres de Lulú Heart Paper son espacios de encuentro e intercambio

Este viaje no es algo aislado: Pao viaja de Santa Fe a Buenos Aires para asistir al primer The Paper Academy Fest que organizó Lucila. "En enero escribí como objetivo en mi agenda: juntar a la familia de The Paper Academy. No sabía como", asegura y se ríe. Cuenta entre risas que hasta ahora sólo había organizado sus cumpleaños. Y de pronto se encontró en la producción de un evento de tres días con recorridos por talleres de artistas y tiendas de proveedores aparte de workshops en los que las participantes aprenderán no sólo encuadernación sino también técnicas de scrapbooking, acuarela, lettering y hasta escritura.

"Empecé a pensar qué tenía que tener el encuentro. Les pregunté a las mujeres de la comunidad que querían que hubiera. Y ellas me guiaron un poco en eso", cuenta. De pronto hace una pausa y habla del vértigo de coordinar un encuentro para más de 60 personas, especialmente teniendo en cuenta que muchas de ellas vienen desde diversas provincias especialmente para esta cumbre de encuadernación que, espera, les brindará herramientas para seguir empoderándose y abriendo nuevos caminos. 

Bonus track: cómo hacer un cuaderno de puntada larga 

Para que todos se atrevan a dar sus primeras puntadas en el arte de la encuadernación, Lucila explica cómo hacer un cuaderno de puntada larga