¡Así era la moda en 1810!

¡Así era la moda en 1810!

Los dictados de la moda española cautivaban a los hombres y mujeres de elite.

MDZ Femme

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La moda de 1810 seguía, por supuesto, los preceptos dictados por la moda española. Las damas decentes usaban faldas largas y anchas que cubrían enaguas las cuales, según el estrato social, eran de lienzo blanco o adornadas con gran cantidad de puntillas y encajes.

Sobre las faldas vestían blusas de lino con encajes, un corpiño o chaleco con un jubón o una chupa ceñida a la cintura hasta cubrir 10 centímetros de cadera.

En tanto que los hombres "de buen nombre" llevaban trajes estilo militar, con chaqueta corta y pantalones ceñidos dentro de las botas. Dentro de la casaca, usaban chaleco abrochado y en invierno, una capa.

En cuanto a los colores, el pantalón solía ser claro, natural o blanco y la chaqueta más oscura.

La moda en la época colonial: los detalles eran todo

Hay mucho por decir de la moda de ese entonces, que no sólo tenía que ver con las prendas que elegían las personas. Los complementos ineludibles para las mujeres eran las mantillas tipo andaluzas, los abanicos y, a diferencia de lo que se cree, las pequeñas peinetas.

La moda se había puesto más sencilla imitando la época post revolucionaria en Francia que había llegado a España bajando el tono de los atuendos. Las inmensas peinetas son de la época de Rosas y no de 1810.

El detalle más distinguido eran las mantillas, caladas, de un solo color y con flecos a juego con los detalles de la vestimenta. Otorgaban un toque de distinción y se usaban cayendo delicadamente por delante de los hombros, en contraste con el tono del vestido.

Como suele ocurrir, la moda era un símbolo que demarcaba las clases sociales. Los hombres y las mujeres de clase media intentaban imitar la manera de vestir y las costumbres de las clases más altas o de élite.

La diferencia era la calidad y la cantidad de ropa. El grupo de recursos medios vestía fraques, chalecos y corbatas. Sombreros y guantes podían ser un accesorio también.

Sin embargo, la clase alta usaba mayores adornos, ribetes y bordados. También más capas de ropa, detalles en colores más claros, como los bordes de las mangas confeccionados con bayetas claras.

La calidad de las telas hablaba por sí sola. Lo que las unía era el origen de las prendas. Según la especialista Susana Saulquin casi todas las porteñas usaban traje de origen español.

En cuanto a las clases bajas, se vestían como podían. Sus atuendos se parecían a los de los trabajadores de campo. Usaban chiripá, calzoncillos largos, botas de potro, ponchos, camisas, gorros y pañuelos.

Ministerio de Cultura de la Nación.

En cuanto al calzado era sumamente costoso. Era común que los miembros del pueblo anduvieran descalzos.

Mariquita Sánchez de Thompson dejó registrado que los más acomodados daban zapatos viejos a los pobres, pero muchos no se fijaban que fuera el zapato del tamaño adecuado y se lo calzaban de punta, como podían, arrastrando el resto del pie por fuera del zapato.

La difusión del estilo francés y las invasiones inglesas trajeron otros aires hacia la primera década del siglo XIX. Así se conoció la ropa fabricada por las fábricas textiles británicas y se desarrolló lo que después fue el estilo europeo que fue furor en este suelo.

Peinados recogidos, frunces y grandes escotes llegaron a ser sinónimo de estilo y distinción. Eso sí, las damas del Río de la Plata lo combinaban con la mantilla dando nacimiento así a un estilo criollo y singular de llevar la moda europea.

Para los hombres llegó el traje al estilo imperial.  Y así fue como la moda y los movimientos histórico políticos influyeron en el uso y las costumbres de vestimenta de las personas por aquella época.

¿Lo sabías?

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