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De Boca en Boca. Comer de acuerdo a nuestra crianza

El cómo se transmite estas enseñanzas del comer, está fuertemente atravesado por el estilo de crianza, es decir, la forma en que los padres interactúan con sus hijos, recepcionan sus necesidades emocionales y satisfacen sus demandas.

Dar de comer, queda claro; no sólo es ofrecer comida, sino que se trata de un proceso complejo y dinámico que permite abrir o cerrar ventanas de aprendizaje únicas a experiencias sensoriales, corporales y emocionales; durante las cuales se enseña a sentir saciedad, a elegir, a preferir, a gustar, se construyen los significados de la comida y las asociaciones, que finalmente darán lugar al comportamiento de ese niño o niña, frente al plato.

El cómo se transmite estas enseñanzas del comer, está fuertemente atravesado por el estilo de crianza, es decir, la forma en que los padres interactúan con sus hijos, recepcionan sus necesidades emocionales y satisfacen sus demandas.

En la realidad, hay predominancias y combinaciones de cada uno de los cuatro modelos:

Así, un estilo de alimentación parental autoritario, es indiferente a las necesidades emocionales y demandas de sus hijos, no hay consultas sólo imposiciones e ignora las preferencias del otro, suelen establecer castigos y reglas rígidas con respecto a la comida, son poco afectuosos y muy exigentes; con elevados niveles de control:

Exigen que se termine todo el plato o restringen alimentos según su criterio, el clima durante las comidas suele ser tenso, hay castigos, amenazas y peleas entorno a la comida.

Este estilo de crianza con respecto a la comida, favorece el sobrepeso, la obesidad y los trastornos de la conducta alimentaria mediante asociaciones negativas y el desarrollo de hambre emocional.

El estilo de alimentación parental democrático, suele responder adecuadamente a las demandas y necesidades emocionales de sus hijos, respetan preferencias. Los límites son claros y adecuados, guían sin imponer porque reconocen la independencia del otro, lo que promueve el aprendizaje de la autonomía y el autocontrol alimentario. Este modelo se asocia a patrones de alimentación saludables, positivos y tienden a ser niños con peso adecuado.

Un estilo de alimentación parental indiferente ignora las necesidades y demandas emocionales de sus hijos, no ponen límites y tienen dificultades para demostrar su afecto, no hay reglas a la hora de comer.

Predispone a la obesidad y a los trastornos de la conducta alimentaria.

El estilo de alimentación parental permisivo es excesivamente tolerante, muy receptivo a las demandas de sus hijos, por ello se presentan dificultades para poner límites por temor a enfrentar a sus hijos, sus reglas son ambiguas.

Este patrón parental fomenta la selectividad alimentaria.

Identificar estos modelos y formas de alimentar, permite tener una visión más real de lo como enseñamos, ayuda a revisar algunas actitudes con el fin de habilitar mejores caminos para llegar a una alimentación coherente, flexible, placentera y saludable... desde las primeras experiencias.