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De Boca en Boca: ¿El efecto postre funciona?

¿Quién no ha recibido un chupetín en la escuela después de una buena conducta? ¿O un helado luego de portarse bien en el médico? ¿Quién no se quedó sin postre o se quedó sin jugar por no comer las verduras?
Foto: Web
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Los premios comestibles y los castigos alrededor de la comida, son estrategias que nacen de la desesperación, la desorientación y el agotamiento, utilizadas en situaciones donde la comida, en forma de amenaza o soborno, se convierte en un salvavidas inmediato ante el rechazo alimentario, entonces los premios y castigos con la comida, ¿funcionan?

Claro funcionan, pero el efecto dura lo que tarda el niño en comerse el caramelo, y los efectos intrínsecos a largo plazo son más nocivos de lo que uno puede imaginar.

Hoy se sabe que dar una golosina o el efecto postre al terminar el plato, lo único que hace es disminuir la apetencia por la comida en cuestión, ya que lo que se persigue en realidad es el delicioso premio, sin modificar la conducta hacia lo saludable, incluso lo que se lee entre líneas es el siguiente mensaje: "realmente debe ser muy fea la comida, para que me prometan un chocolate"

De hecho estos atajos son débiles, ya que se requieren dosis cada vez más dulces y mayor frecuencia de los dulces en las comidas posteriores, las recompensas comestibles sacian rápido, dando lugar al acostumbramiento y al condicionamiento de la conducta alimentaria.

Estos métodos crean asociaciones negativas, desarrollando conductas no saludables en la vida adulta; como utilizar la comida para auto-reconfortarse o auto-castigarse ante cualquier dificultad o situación de estrés.

El postre prometido es la meta final de un proceso obligado, sin disfrute, impuesto, y hasta contradictorio, porque ingresa en un área conflictiva, de donde es muy difícil salir; porque lo que prohibimos por obvias razones: como las golosinas, las habilitamos cuando el rechazo y la negativa al comer aparecen; crean mensajes incomprensibles y se interpreta: "Si me dicen que las golosinas hacen mal, ¿será que después de comer la carne con brócoli, son más saludables?".

Enseñar a comer desde una perspectiva positiva, que incluya momentos de compañía agradables y anécdotas compartidas, sin promesas ni chantajes, probablemente nuestros hijos puedan gestionar mejor su comportamiento alimentario y en lugar de entramparlos en las idas y vueltas de los premios y castigos con la comida, puedan entender que si deciden y elijen comer el plato de carne con brócoli, tendrán más posibilidades de obtener una retribución, una consecuencia gratificante como consecuencia natural.

Favorecer la asociación simbólica positiva de momentos y comida, fortalecer la exploración sensorial, la experimentación, el ensayo-error, realizar modificaciones breves y paulatinas, pero especialmente ser pacientes, firmes y coherentes con las consecuencias y los mensajes; son mejores estrategias, más eficaces porque se construyen bajo cuatro elementos: cuidado físico y emocional, educación mediante el conocimiento y la motivación, respeto en cuanto a tiempos, capacidades de la persona y características individuales y únicas del individuo y cariño, el elemento que permite llevar a cabo con éxito el cuidado, la educación y el respeto, cuando enseñamos a comer.

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