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Cómo era el cuarto tocador de una dama

Allá por los años 1900...¿Cuáles eran los accesorios que debía tener sí o sí? Todos los detalles en esta nota.
Foto: Web
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Comenzaré contándoles un precepto de esos tiempos: “Una mujer bonita necesitaba tener cerca de su dormitorio, un rinconcito para realizar su higiene y arreglo personal, sin miradas inoportunas”, a este espacio se lo llamaba “cuarto tocador”.

Una premisa de la época era que la mujer (tanto la joven casadera como la casada) necesitaba refugiarse diariamente sola y tranquila en su tocador y nadie debía molestarla. Tal como ocurre hoy, ¿verdad?

Veamos entonces como debía ser el diseño del “rinconcito” y qué accesorios lo compondrían…

Dos cualidades eran indispensables para el tocador de una dama: debía ser coqueto y confortable. Para su decoración se recomendaba colocar sobre las paredes tapices claros, de color perla o lila salpicados de rosas, pues se sabía que las tonalidades claras resaltaban mejor los vestidos.

El aire y la luz estarían presentes a través de una gran ventana. Una buena opción para la noche era incorporar antorchas no muy altas que se prenderían, logrando así una iluminación hacia arriba. De esa forma no se proyectarían feas sombras sobre los rostros de las damas.

Asegurar una buena temperatura era otro factor importante. Se requería de un ambiente caliente y homogéneo ya que ahí las mujeres se desvestían o portaban batas muy livianas mientras se arreglaban. El consejo de la época era conseguir una chimenea en buenas condiciones. En esos días habían estufas maravillosas que eran calentadas a gas o con alcohol.

Se aconsejaba adornar la chimenea con un pequeño reloj (aunque el tiempo que las damas invertían en arreglarse ni se cronometraba y tampoco eran apuradas por nadie!), jarros con flores y lindos candelabros.

 Exquisito ensemble francés estilo Imperio.

Para las pequeñas abluciones (ablución: acción de lavar) lo principal era disponer de un gran lavabo, que remataría siempre en un espejo. Se ocultaban debajo de él los jarros y cubetas. Se recomendaba no poner sobre el lavabo demasiados objetos: únicamente la palangana, un jarro para el agua, la jabonera y el portacepillos. En la parte superior y al alcance de la mano, se aconsejaba colocar un paño para poner los frascos con esencias, los vinagres, las lociones resfrescantes y los dentífricos.


Ahora bien, para la tarea de peinarse hacía falta otro tocador más pequeño, adornado por un excelente espejo y perfectamente movible que haría de "mesa para peinarse". Esta mesa tenía que estar decorada como el lavabo y mejor en lo posible, además era el encargado de contener los cepillos para la cabeza, las borlas, los cepillos para vestidos, un cofrecito para los peines, otro para las horquillas, las polveras, el vaporizador, etc.

 Toilette estilo Art Nouveau con mayólicas y espejo móvil. Actualmente en la ciudad de Tunuyán.


Se necesitaba colocar también en un rincón, un estante para depositar las tenazas para rizar cabellos y una lamparita de alcohol. Más allá colgado del muro, habría un armarito cerrado con llave para guardar cremas o líquidos misteriosos que se suponía nadie encontraría. También podían ocultarse allí medicamentos útiles, provisiones de salvado, de almidón, de polvos, etc.

 Algunas publicidades de esos años que invadían las revistas para mujeres.  

Diseminados por la habitación habrían también taburetes, una sillita baja para sentarse y abrocharse cómodamente los zapatos, un diván y en el mejor de los casos, una chaise longue donde reclinarse y descansar.

Se recomendaba fuertemente que las damas tomaran un descanso de media hora o más en su chaise longue luego del baño para reponer fuerzas… ¡¿Qué mujer puede hoy hacer esto?, pas moi!

Una chaise longue, es un tipo de sofá con forma de silla con una prolongación larga como para soportar las piernas. 

Finalmente era importantísimo contar con un armario o ropero con amplio espejo para apreciar en conjunto el peinado y la vestimenta que se había escogido ese día.


Quisiera remarcar que estos consejos y detalles variaban según los recursos económicos de cada mujer, aunque se creía firmemente que los objetos mencionados, sin tener en cuenta su calidad, constituían el arsenal de belleza indispensable de toda dama que quisiera ser bonita.

Según el “Manual de belleza” de 1904: 

En este ambiente delicado , íntimo y práctico, una mujer bonita se hallaba en condiciones inmejorables para engalanarse.

Les muestro algunos ejemplos de baños actuales y lujosos. 


En nuestro tiempo se opta generalmente por los grandes espacios, una simplificación de objetos y accesorios y prima la invalorable ayuda de la tecnología que hace todo más cómodo y confortable. ¿Ustedes que opinan? ¡Hasta la próxima!.

Alejandra Cicchitti, propietaria de Alejandra Cicchitti Antigüedades. 

www.alejandracicchitti.com.ar