¿Cómo mediamos? Simple... Escuchando
La propuesta de la mediación es básicamente crear las condiciones necesarias para generar, entre personas que están en conflicto, una conversación en la que puedan encontrase y solucionar sus diferencias sin necesidad de confrontar.
¿Por donde empezamos?! Un buen primer paso es escucharnos a nosotros mismos. Parece una obviedad, sin embargo… recordemos y miremos un poco, seguramente vamos a encontrar algunas situaciones en las que no fuimos tan precisos en este punto. Tener clara nuestra postura implica ordenarnos, conocernos y escucharnos qué pensamos y qué sentimos, darnos cuenta lo que esta claro y lo que no lo está tanto, lo que guarda coherencia y lo que esta en contradicción en nosotros mismos. Ademas, están nuestros supuestos e interpretaciones acerca del otro, de los que vamos a despojarnos; es difícil sostener el espacio vacío del no saber, entonces obvio suponemos; la clave esta en detectarlos y ponerlos en la cajita correspondiente “supuestos” no “verdades”.
Hacer este movimiento nos predispone de otra manera; conocernos nos da estabilidad y seguridad, desde nuestro interior que es en donde podemos sostenernos con tranquilidad, a su vez ordenando supuestos damos lugar a ese espacio “vacio”, a que “eso no sea tan así y exista otra versión”, nos abrimos a escuchar de un modo mas genuino.
Y después, frente a la otra persona ¿Como empezamos esta conversación? … simple escuchando; es fundamental para nosotros conocer su punto de vista para avanzar, entendernos, encontrarnos y, si estamos en una situación de desacuerdos o diferencias, atravesarlas y superarlas.
Entonces, sin lugar a dudas escuchar es el primer paso. Ahora escuchar, a nosotros mismos y al otro, no es simplemente oírnos, hay más…
Desde chicos aprendemos a expresarnos, no se da por sentado que por el hecho de que tenemos la capacidad de hablar sabemos expresarnos correctamente, es algo que aprendemos. Sin embargo con la escucha pasa lo contrario, damos por sentado que por el solo hecho de oír, escuchamos correctamente, no aprendemos a hacerlo; decimos “no escucho bien” cuando no oímos bien, solo es una cuestión de volumen pero no de forma. Escuchar es una de las maneras centrales de expresarnos y es paradójicamente a la que menos atención le prestamos; grandes cambios podemos generar solamente escuchando.
“La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar” (by Bob Marley), simple y contundente, la frase encierra mucho de esto que venimos hablando. La libertad es condición esencial para escuchar. La libertad esta ligada indudablemente al amor; no me refiero al amor romántico, sino al amor en general mas allá de las diferentes relaciones en las que puede manifestarse; Leonardo Boff dice que cuando amamos cuidamos y cuando cuidamos amamos, tiene que ver con esto.
Al escuchar, a nosotros mismos y a los demás, cuidamos porque podemos reconocernos, nos conectamos emocionalmente, nos damos espacio para manifestarnos tal como somos. Jack Kornfield escribe que “ … al permitir que el mundo nos conmueva en los mas profundo, reconocemos que hay dolor en nuestras propias vidas, por lo tanto también en la vida de los demás. De ahí nace la sabiduría de la compresión… de ver y aceptar la vida como un todo… nos permite contener todas las cosas, tanto la oscuridad como la luz y alcanzar una sensación de paz. Pero no la paz de la negación o la huida, sino la que encontramos en el corazón que nada rechaza, que toca todas las cosas con compasión”
La condición interna que tenemos que profundizar para escuchar verdaderamente al otro es la compasión, entendida no como sensibilización ante la pena de otro, sino como conexión con las emociones del otro; es manifestar empatía a un nivel mas profundo, no solo desde la comprensión sino emocionalmente, intentando sentir lo que el otro siente.
Para escuchar tenemos que estar curiosos, ser pacientes y humildes, no se trata de oír solo para saber si nuestros supuesto son o no verdaderos, cuando escuchamos no queremos cuestionar la realidad del otro, no nos importa evaluar si tiene razón o esta equivocado. Cuando escuchamos queremos ser empáticos; y para ponernos en los zapatos del otro tenemos que conocer cómo es el otro. Porque cuando decimos “yo en tu lugar haría tal o cual cosa” estamos juzgado, o en el mejor de los casos estamos aconsejando, decimos lo que “yo (con mi modo de mirar el mundo y mis propias experiencias) haría si estuviera atravesando tu situación”, pero eso no es escuchar. Para ponerme en tus zapatos primero tengo que conocer cómo es el mundo para vos, trato de comprender, sin juzgar ni valorar, cómo estás viviendo la situación, trato de entender cómo seria experimentar esa vivencia si fuera como vos (tuviera tu modo de ver el mundo y hubiera pasado por tus experiencias), trato de sentirte.
La empatía es conectar; si conectamos aumenta la confianza y la comunicación se vuelve funcional.
Escuchamos no solo con los oídos, sino con los ojos, con la piel y con nuestras sensaciones; y mientras lo hacemos tenemos conversaciones internas, es imposible acallarnos, pero cuando la escucha es genuina, nuestra vocecita no esta cuestionando y analizando, no sentimos ansiedad por responder y contestar cada una de las cosas que dice el otro para demostrarle lo equivocado que esta, todo lo contrario nuestro dialogo interno empieza acompasarnos con el otro, empezamos a imaginar lo que le pasa, sentimos lo que puede sentir, quizás relacionamos con otras situaciones nuestras o de otras personas, estamos es un estado receptivo, queremos conocer, no sentimos la necesidad de decir, sino solo mostrar compresión hacia el otro.
En este momento de la conversación, no hay de qué ni de quién defenderse. Quien habla no se siente juzgado ni agredido , quien escucha no tiene nada que cuestionar, aun cuando no esta de acuerdo con la visión del otro, pues en este momento de la conversación no estamos tratando de comunicar nuestra posición, no tenemos que “defender” lo nuestro: no hay espacio para la competencia ni la comparación, no necesitamos controlar nada, solo queremos entrar en el mundo de la otra persona hasta donde ella nos permite. Cuando ya no necesitamos justificarnos ni defendernos, nuestra mente se abre al cambio y surge la creatividad.
Escuchar es un verdadero acto de reconocimiento, respeto y amor, por lo tanto de cuidado. Macri Shimoff dice que cuando escuchamos compasivamente sucede algo mágico, al escuchar desde el corazón, el miedo se desactiva entonces no vemos al otro como un enemigo, al contrario podemos reconocer su humanidad y lo parecido que somos; la dinámica cambia, ya no somos adversarios, sino dos personas trabajando juntas para conseguir un resultado positivo.
“El Primer deber del amor es escuchar ” (Paul Tillich,)