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La importancia de las liebres o pacers
La liebre suele ser una persona que tiene más nivel quevoso, en todo caso, un nivel similar. A mayor nivel de la liebre, mayor distancia te podrá acompañar. Pero hay que diferenciar dos tipos de liebres: las del globo y las de los profesionales.

Las liebres que llevan un globo (o similar) son corredores más o menos experimentados que tienen la misión de correr a un determinado ritmo para ayudar a los populares a cumplir sus sueños. Suelen ser ritmos a partir de las 3 horas y el porcentaje de error es alto. A veces corren a cambios, a veces fallan por varios minutos el tiempo final… y otras veces aciertan. Te contamos la história de tres pacers o liebre profesioanesl
En los últimos tres años, Bram Som ha empezado 28 carreras internacionales y no ha acabado ninguna. Es un atleta alienado. Desayuna con los más veloces mediofondistas, usa sus mismas zapatillas y arranca junto a ellos en las carreras de mayor fama, pero no compite. Es un atleta reprimido. Su trabajo consiste en exigir al pelotón un ritmo antes firmado, llevar a los más capaces hacia la meta y después, sin más, retirarse. Es una liebre.

Amanece en Mónaco, aunque se durmió en Oslo, en Shanghai, en Doha, no recuerda. "Es un oficio, con su 'ciencia'. Una buena liebre marca una carrera y una mala, la arruina", comenta Som, que dirige pruebas de 800 y 1.500 metros de Diamond League, y se sabe veterano.
De 35 años, campeón de Europa en 2006, 'abrió el negocio' al quedar fuera de los Juegos de Londres y descubrir su ocaso frente al televisor. "Siete finalistas superaron mi mejor marca. Quería una medalla olímpica, pero me estaba dejando la salud por algo imposible", admite el holandés, siendo excepción: como la estadounidense Chanelle Price, campeona mundial indoor de 800, que la semana pasada ayudó a Genzebe Dibaba a batir el histórico récord de 1.500, viene del éxito. La mayoría de 'pacemakers', en cambio, suelen ser corredores de carrera frustrada, rápidos, pero ineficaces en competición.

Como Matt Scherer, su 'predecesor'. "Me costó pasar a profesionales, me ofrecieron ser 'pacer' (liebre) y descubrí que era muy bueno", explica a este diario. El estadounidense dice :"Lo esencial es clavar el tiempo sin tirones ni frenazos, luego hay que saber leer la carrera, evitar marcharte en solitario y si, además, tu cuerpo tapa el viento, mejor", detalla.

Maestro en su 'profesión', repasa la clase de Historia. Las liebres se 'crearon' en los años treinta, pero su utilización se popularizó en 1954 cuando Chris Chataway y Chris Brasher ayudaron a su compañero de Oxford, Roger Bannister, a convertirse en el primer hombre en bajar de los cuatro minutos en la milla. Luego se intentaron prohibir, se debatió los efectos de su existencia, pero su uso ya era tan generalizado que...
"Ahora son parte del atletismo", dice Scherer, de 31 años, que en 2011 empujó a Kevin López en su récord de España de 800 y en 2012 impulsó al plusmarquista mundial David Rudisha, el 'terror' de las liebres. Por un lado, por utilizar a su amigo Sammy Tangui, que duerme con él en los hoteles, cobra de su contrato y nunca cumple; y por el otro, por los tiempos que exige. "A mí me pidió 1:13 minutos en el 600, cuando mi mejor crono es 1:16", señala Som, que revela uno de los problemas del oficio: los 'optimistas'. "Discutimos en las reuniones previas porque hay atletas que piden ritmos altísimos y yo sé que después no me seguirán", apunta, negando que alguna vez, cumplido su cometido, haya anhelado pelear por la victoria: "Acabo exhausto".
No sería el primero que lo intentara... y lo lograra. Tom Byers, espíritu libre, aceptó ser liebre de Steve Ovett en el 1.500 de la reunión de Oslo de 1981, pero cuando se vio con 10 segundos de ventaja al toque de campana no pudo contenerse y venció. Paul Pilkington, un profesional del 'pacing', descubrió en el maratón de Los Ángeles de 1994 que no había figuras que lo siguieran y, pese al tremendo disgusto al segundo, Luca Barzaghi, acabó ganando.
"Lo piensas, claro. Haces 30 kilómetros a un gran ritmo y te encantaría acabar, marcar tu mejor tiempo personal, conseguir fama, pero...", admite keniano Geoffrey Ronoh, guía de Dennis Kimetto en su reciente récord del maratón. El año pasado en Berlín pasó por los 30 kilómetros en 1:27:37 estableciendo una plusmarca histórica que nunca tendrá su nombre: "Los contratos son muy estrictos y yo había garantizado que me retiraría".
"Es una forma de darte a conocer. En Kenia, cuando supe que iba a hacer de liebre en Berlín, ya me entrenaba así, con Kimetto y[Wilson Kipsang a mis espaldas, marcando el ritmo. Ahora lo hacen otros", comenta el maratoniano de 32 años, que el año pasado logró vencer en el medio maratón de Olomouc y, por fin, logró así hacerse un nombre. "Mi labor en aquel récord fue muy apreciada", asume escueto, cuestionado por los 30.000 euros que se especula cobró aquel día, una cantidad muy alejada a lo habitual. Las liebres suelen recibir "entre 500 y 2.500 euros" por actuación, con una retribución media de 1.000 euros.
Ningún entrevistado recuerda regalos personales de los beneficiados, aunque el estadounidense Scherer señala que su compatriota Nick Symmonds, subcampeón mundial de 800 en Moscú 2013, le invitaba a una cerveza después de cada carrera que compartían. "La presión de una libre también es muy alta y al final pudo conmigo. Me obsesionaba el tiempo. Me retiré por no fallar, por no llegar un día un segundo tarde", finaliza Scherer, que ahora nunca lleva reloj.
Las liebres para los atletas profesionales son difíciles de conseguir y se cotizan al alza. Son atletas de mucha calidad que se comprometen a llevar el ritmo pactado hasta la distancia requerida (y si llegan más lejos, cobran más). No vale ir ni más rápido ni más lento; tampoco vale hacer cambios. Y si no cumplen con su cometido, pueden quedarse sin paga.
Los organizadores de las maratones son muy exigentes en este punto y buscan contratarliebres de confianza que puedan llevar el ritmo del grupo de cabeza hasta casi el kilómetro 30.
Fuente: El Mundo / Corres es

