Un paseo increíble por el corazón de París
Paris es tan lindo e impactante, con sus icónicas figuras como la Torre Eiffel, los Campos Eliseos o el Arco de Triunfo que nadie puede resistirse a visitarlo o al menos soñar con ello. Vivir sus calles, su cultura gastronómica y sus mercados es obligatorio para todo gourmand.
Muy cerca de la Torre Eiffel se encuentra la Rue du Commerce donde todos los sábados se encuentra un mercado callejero llamado Marché de Grenelle que comienza en la estación de metro La Motte-Picquet y termina en la Iglesia Saint-Jean-Baptiste de Grenelle. Un paseo de 600 y tantos metros que te puede llevar horas hacerlo. Es una calle comercial muy interesante donde podés encontrar zapatos, carteras, guantes de cuero, quesos por docenas, incluso joyas de Zwarovski. En las mismas veredas y sobre la calle cortada se acomodan pequeños puestos similares a los de cualquier mercado de frutas y verduras pero con más quesos y fiambres.
Recorrí ese mercado bocado a bocado, disfrutando cada puesto, los que eran atendidos con mucha simpatía y gran generosidad. El primer puesto en el que me detuve fue el de frutos secos y frutas deshidratadas, con sus frutos amarillos, anaranjados, rojos, de todos los colores. Se puede encontrar damascos turcos, higos secos, dátiles de Marruecos, cáscaras de naranja y limón y flores comestibles deshidratadas como el hibiscus. Mis favoritas fueron manzanas y peras deshidratadas de la región de Normandía. Una delicia que se volvió mi almuerzo!
Como nada en la vida es casualidad, pueden suponer conmigo que el orden de los locales estaba planificado. Al lado del puesto de jamones, lomitos y salames, que se vendía por pieza o fracción se encontraba un puesto una gran variedades de panes tipo caseros.
Era imposible no tentarse con una hogaza de pan y unas rodajas de salame con pimienta o una buena feta de jamón.
El público que asiste es similar al que podemos encontrar aquí en el mercado central o al del Green Market donde se buscan productos de calidad y la compra directa al productor.
Como era de esperar en Francia, uno de los países creadores de los aperitivos, se podía probar y comprar una gran selección de variedades, disponibles junto a deliciosos quesos y un tremendo Foie Gras y Confit de Canard. Quesos de leche cruda (en Argentina no están permitidos), pasteurizada y mixta. De largos estacionamientos o de extremadamente cortos como el Tomette de brebis, que está en afinamiento sólo 8 semanas.
Tal como Remy, del film Ratatouille, la nariz me llevaba de puesto en puesto hasta que descubrí los quesos de los Alpes
Fromage de Montagne ofrece quesos de la zona de Savoie, sobre los Alpes, donde las pasturas son salvajes y la gastronomía mantiene la rusticidad del paisaje. Los aromas provenientes de los Chevrotin, Reblochon y Tomette me tuvieron atrapada un buen rato. La elegancia, delicadeza de la pasta con la intensidad casi abrumadora de sus aromas tenían ese no sé que, que los vuelven inolvidables.
En el medio de estos puestos era posible comprar un piloto a 40 euros o una camisa de seda a 10 euros, ya que las tiendas de esa calle aprovechan a liquidar saldos los días de feria.
Una idea que adoré era un puesto pequeño que enseñaba cocina. En esta ocasión, tallado de frutas, te prestaban un delantal y cuchillo y manos a la obra. La gente no solo se entusiasmaba en ver sino en hacer.
Un recorrido de casi 700 metros que entre ambas veredas puede llevarte una mañana entera. Es un paseo continuo donde también uno se encuentra con jugos naturales, frutas y verduras, la infaltable pastelería francesa y todo el encanto de una ciudad plena de sorpresas culinarias.
Hasta la próxima semana.
María Laura Ortiz
deautor@aromasdecocina.com
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