Presenta:

Una montaña, el mar y cuerpos fragmentados: el ECA abre dos muestras imperdibles

Mauro Cano y Magdalena Benegas inauguran dos muestras que exploran, desde lenguajes distintos, la experiencia humana.

Dos nuevas muestras llegan al ECA: Lo intimo de lo humano, de Magdalena Benegas es una de ellas.

Dos nuevas muestras llegan al ECA: "Lo intimo de lo humano", de Magdalena Benegas es una de ellas.

El paisaje puede hablar de identidad y un cuerpo fragmentado puede revelar mucho más que un retrato completo. Desde esos dos extremos se construyen las nuevas muestras que llegarán al Espacio Contemporáneo de Arte Eliana Molinelli y que, aunque parten de lenguajes muy diferentes, terminan encontrándose en una misma pregunta: qué hay de íntimo en la manera en que habitamos el mundo.

El viernes 2 de octubre, a las 19, el ECA inaugurará "La montaña en el mar", de Mauro Cano, y "Lo íntimo de lo humano", de Magdalena Benegas. Ambas muestras podrán visitarse con entrada gratuita hasta el 28 de noviembre en el espacio ubicado en 9 de Julio y Gutiérrez, de Ciudad.

No se trata solamente de dos nuevas exhibiciones. Las propuestas permiten asomarse a dos trayectorias consolidadas del arte mendocino y a dos modos muy distintos de abordar la figura humana.

El artista Mauro Cano.

El artista Mauro Cano.

Mauro Cano: cuando la montaña mira hacia el mar

En "La montaña en el mar", Mauro Cano presenta un desplazamiento dentro de su propia pintura. Conocido por el dominio técnico del hiperrealismo, el artista comienza ahora a permitir que la pincelada gane libertad. El rigor permanece, pero deja de ser el destino final de la obra. Aparece un realismo contemporáneo más gestual, en el que la pintura busca menos reproducir y más transmitir una experiencia.

Bañistas, cuerpos, viento, sal y escenas aparentemente cotidianas forman parte de este nuevo conjunto.

Hay, además, una tensión biográfica sugerente. Cano nació y desarrolló gran parte de su vida artística al pie de la Cordillera de los Andes. En estas obras, sin embargo, dirige la mirada hacia el mar. El paisaje deja entonces de funcionar únicamente como escenario. Mar y montaña se convierten en formas de pensar la pertenencia, la memoria y el desarraigo.

Nacido en Mendoza en 1978, Cano lleva casi tres décadas de producción artística y es fundador y director del taller La Caverna. Sus obras forman parte de colecciones privadas y museos de distintos países, entre ellos el Museo Europeo de Arte Moderno de Barcelona.

Obra de Magdalena Benegas.

Obra de Magdalena Benegas.

Magdalena Benegas: desarmar el cuerpo para hablar de lo humano

Si Cano encuentra en el paisaje una manera de acercarse a la identidad, Magdalena Benegas entra directamente en el cuerpo. Lo íntimo de lo humano reúne más de 20 años de producción, desde trabajos realizados en 2002 hasta xilografías de 2026. El recorrido permite observar algo poco frecuente en una muestra individual: no solamente las obras terminadas, sino también la persistencia de una búsqueda.

Torsos femeninos, piernas, zapatos, medias, esqueletos y multitudes reaparecen una y otra vez.

Pero Benegas no trabaja el cuerpo como representación anatómica. Lo corta, lo fragmenta y lo vuelve interrogante. La artista Rebeca Sarelli lo sintetiza al analizar su obra: “Magda no ilustra el cuerpo: lo desarma”. Para la artista y crítica, en su producción conviven humor, ironía y una crudeza capaz de poner en evidencia “debilidades, defectos y aquello que permanece bajo el papel”.

Ese universo se sostiene, además, sobre dos herramientas esenciales: el dibujo como punto de partida y el grabado como lenguaje de llegada. En tiempos en los que gran parte de la producción visual apuesta por la saturación y el impacto inmediato, Benegas trabaja desde otro lugar: el blanco del papel, la línea y una imagen que obliga a acercarse.

Sarelli lo define como “el silencio del papel y la persistencia de la línea”.

Una obra que también necesita del espectador

Hay otra dimensión en la exposición de Benegas que aparece en la lectura de Graciela Pellegrini: la obra no termina en quien la produce. Según plantea, "Lo íntimo de lo humano" se construye a partir de una tríada formada por artista, obra y espectador. Las figuras funcionan así como objetos enigmáticos que no entregan una explicación cerrada, sino que obligan a quien mira a completar algo desde su propia experiencia.

Ese punto quizás permita conectar ambas exposiciones. En Cano, el mar deja de ser solamente mar. En Benegas, un torso deja de ser solamente un cuerpo. El paisaje y la figura funcionan como territorios desde los cuales hablar de memoria, identidad, fragilidad y pertenencia. Dos lenguajes diferentes, entonces, para aproximarse a una misma materia: aquello que permanece profundamente humano incluso cuando resulta difícil ponerlo en palabras.