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Dile no al “amigo terapeuta”: estos son los verdaderos motivos

Hoy en día hay mucho "gurú espiritual". La mejor opción es siempre buscar la ayuda de un profesional.

La salud mental está presente en las conversaciones cotidianas y en las redes sociales. Si bien esto es positivo, porque ayuda a desestigmatizar los problemas emocionales y a promover la búsqueda de ayuda profesional, también ha generado una cultura de opinólogos del sentido común. 

Son los “hooligans" de la salud mental, aquellos que, sin la formación adecuada, se sienten capacitados para dictar recetas de bienestar a quienes les rodean. Estos amigos terapeutas no cesan en opinar sobre lo que debes hacer para estar bien, pero a menudo cojean en la gestión emocional de sus propias vidas.

Lo mejor es buscar ayuda profesional.

Uno de los problemas más serios de acudir a un amigo terapeuta es la falta de conocimientos y habilidades clínicas. Los terapeutas profesionales pasan años formándose, adquiriendo conocimientos teóricos y prácticos para entender la complejidad de la mente humana y cómo tratarla. No es solo cuestión de dar buenos consejos; se trata de aplicar técnicas específicas, basadas en la evidencia, para ayudar a las personas a superar sus problemas. Un amigo, por más bien intencionado que sea, no tiene esta formación y puede, sin querer, causar más daño que beneficio.

La retraumatización es un riesgo al compartir problemas profundos y personales con alguien que no está capacitado para manejarlos. Un amigo no sabe cómo contener emocionalmente la situación o puede dar consejos basados en su propia experiencia, que no necesariamente aplican a tu caso. Esto puede llevar a que te sientas incomprendido o incluso más angustiado. La terapia profesional ofrece un espacio seguro y confidencial donde los terapeutas están entrenados para manejar una amplia gama de emociones y reacciones.

Tus amigos o gurúes de internet no son de confiar.

Otra cuestión importante es la dinámica de poder en una relación de amistad versus una relación terapéutica. En la terapia, existe un marco ético y profesional que guía la interacción entre el terapeuta y el cliente. Este marco incluye confidencialidad, límites claros y un enfoque centrado en el bienestar del cliente. En una relación de amistad, estos límites no están presentes y pueden surgir conflictos de interés.