Estas frases no deberías decirles a tus hijos
La experiencia de ser padres se aprende en la familia, y es por ello que muchas veces nos vemos reflejado en nuestros padre y madre, imitando comportamientos que tenían éstos con nosotros cuando éramos niños. Si bien cada hogar presenta rasgos particulares, en muchos casos las crianzas tienen similitudes como algunas frases que nos repetían a menudo en nuestra niñez y que nosotros no deberíamos decirles a nuestros hijos.
En su libro “Tú no eres tus padres”, la autora italiana Maria Beatrice Alonzi hace hincapié en un comportamiento bautizado como la “adultización”, que se trata de exigir al niño que asuma responsabilidades y conductas propias de una persona de mayor edad olvidándose del desarrollo emocional del chico.
"Hasta los 24-25 años, aproximadamente, los seres humanos no tienen un control definitivo y exhaustivo sobre su autorregulación emocional. Sin embargo, se espera que los niños comprendan tanto lo que sienten como lo que ocurre a su alrededor, y que se comporten en consecuencia, con calma y serenidad", señala la experta
“Tú escucha, calla y obedece”
Esta frase, según Alonzi, transporta al padre a su infancia, a momentos en los que se sintió impotente ante sus propios padres. “Todo ese dolor y ese resentimiento irresueltos vuelven a emerger como el chorro de un géiser. Solo que, al no tener delante a quien lo hizo sentirse así, dirige el chorro hacia ti con toda su violencia, o hacia el primer hijo que se le ponga al alcance. Con los añicos de dolores pasados se han construido relaciones enteras”, expone la especialista.
"Si lloras, te voy a dar una buena razón para hacerlo"
“Si durante la infancia no se te permitió expresar emociones relacionadas con el ámbito del dolor, la rabia, el malestar en la familia, cada vez que veas y sientas una emoción por parte de un niño te será muy desagradable e incluso te resultará 'insoportable' de oír”, explica la autora.
“¿Tienes idea de todo lo que hago por ti?”
Esta frase hace alusión a un tipo de ajuste de cuentas donde el padre le exige al niño una contrapartida, como si se tratara de un contrato firmado. “Los niños no piden venir al mundo, por lo que los progenitores no deben pensar que son acreedores suyos. El respeto no pasa por el sentimiento de culpa, no pasa por el dolor, no pasa por la acusación”, señala la italiana.
“¡Yo lo mato!”
“Comprender que debemos tener ciertos modales, y respeto por lo que tenemos a nuestro alrededor, es un mecanismo evolucionado que se relaciona con la parte del cerebro que aún se está desarrollando”, argumenta Alonzi, con respecto a la violencia que podría ejercer un padre sobre su hijo.
“¿Por qué no serás como tu hermano?”
La competencia de méritos y fracasos entre hermanos no ayuda a que el niño tenga confianza en sí mismo. «No se puede justificar el gesto de inculcar en un hijo el miedo a no ser amado», concluye Alonzi.