Aseguran que el problema con los chicos es que les falta calle: cómo salir de la adicción a las pantallas
Desde hace unos años, los problemas de salud mental en la juventud han incrementado de manera alarmante. Diversos estudios apuntan a que el uso excesivo de pantallas, a niveles casi de adicción, podría no ser el único culpable. La falta de interacción social física también podría estar jugando un papel crucial en esta crisis, ya que parece que a los chicos “les falta calle”.
A partir de 2010, los índices de depresión y ansiedad entre adolescentes aumentaron significativamente, algo que coincide con que la generación Z, nacida desde 1996 al 2012, enfrenta niveles sin precedentes de trastornos mentales, midiéndose en uno de cada diez, según un estudio de JAMA Psychiatry.
La aparición de smartphones y la creciente vida social virtual en la última década generaron sospechas sobre el impacto negativo de las redes sociales. Jonathan Haidt, en su libro “La generación ansiosa”, relaciona directamente la tecnología con la salud mental deteriorada. Sin embargo, hay quienes cuestionan esta teoría, señalando que podría haber otros factores en juego.
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Candice L. Odgers, psicóloga de la Universidad de California, critica la idea de culpar únicamente a los celulares. Según un estudio en Noruega, no hay una correlación clara entre el uso de redes y el aumento de la ansiedad y la depresión. Lo que sí parece cierto es que los avances tecnológicos tiene un efecto adverso cuando reemplaza el juego y las actividades al aire libre.
El contacto social cara a cara ha disminuido drásticamente. Solo el 27% de los chicos juegan regularmente en la calle hoy, en comparación con el 71% de los babyboomers. Esta disminución del juego en exteriores afecta negativamente la salud mental. Según Inma Marín, la falta de interacción en espacios públicos limita la formación de relaciones sociales diversas y saludables.
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La percepción de inseguridad ha llevado a los padres a restringir el juego fuera de casa, optando por actividades extraescolares o espacios cerrados. Pero estos entornos no reemplazan el juego libre y espontáneo necesario para un desarrollo saludable. La sobreprotección y la falta de contacto con el entorno urbano son factores que también contribuyen a este problema.
La tecnología ha llenado el vacío dejado por las calles desiertas. Si bien las pantallas no son intrínsecamente negativas, es crucial equilibrar su uso con experiencias de juego físico. La clave está en fomentar un entorno donde los chicos puedan disfrutar tanto del mundo virtual como del real, promoviendo un desarrollo integral y saludable.