La ciencia revela la alimentación ideal para mejorar la calidad del sueño
Una buena alimentación puede ser clave para un sueño reparador, lo dicen los estudios recientes en el campo de la “crono nutrición”, y sugieren que tanto los alimentos que se consumen como los horarios de comida pueden influir en mejorar la calidad del sueño.
Uno de los aspectos esenciales para mejorar el descanso nocturno es cenar al menos dos o tres horas antes de acostarse. Esto evita alteraciones causadas por la digestión, que puede elevar la temperatura corporal y causar reflujo ácido. Mantener horarios constantes para las comidas también ayuda al cuerpo a regular su ciclo de sueño-vigilia.
Dormir mal está asociado con varios problemas de salud, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Además, la falta de sueño puede contribuir al deterioro cognitivo y a un mayor riesgo de mortalidad. Por eso, es fundamental prestar atención tanto a los hábitos alimenticios como a los de sueño.
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Algunos alimentos específicos pueden ayudar a mejorar la calidad de nuestro sueño. Por ejemplo, la leche, el pescado graso, el jugo de cereza agria y el kiwi han sido estudiados por su potencial para promover un sueño reparador, ya que contienen nutrientes que fomentan la producción de serotonina y melatonina, dos hormonas clave para poder descansar bien.
Seguir una dieta mediterránea o similar, rica en vegetales, frutas, granos integrales y pescado, puede ayudarnos a la hora de ir a dormir. Este tipo de dieta reduce la inflamación y promueve un microbioma intestinal equilibrado, aspectos esenciales para permitirnos un buen descanso.
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Es bien conocida la recomendación de dormir entre 7 y 9 horas diarias, así como también lo es establecer un horario regular y optimizar las condiciones ambientales en la habitación, asegurando oscuridad, silencio y una temperatura entre 18 y 21 grados. A eso se le puede sumar el evitar cenas abundantes y tardías, limitar el consumo de alcohol y moderar el consumo de café, evitando su ingesta al menos seis horas antes de ir a la cama.
Practicar ejercicio durante el día, establecer rutinas relajantes antes de dormir y limitar la duración de las siestas a 20-30 minutos son otros consejos que pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño. Con estos hábitos y una alimentación saludable, es posible alcanzar un sueño reparador y disfrutar de un mejor bienestar general.