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Por qué nos sentimos más solos con la edad

La soledad es una realidad que se intensifica con la edad, pero no es inevitable.
La clave está en fomentar conexiones humanas con sentido y duraderas. Foto: Archivo
La clave está en fomentar conexiones humanas con sentido y duraderas. Foto: Archivo

Un estudio reciente de la Universidad Northwestern ha confirmado lo que muchos ya sospechaban: con la edad, la soledad y la sensación de aislamiento se intensifica. Analizando datos de nueve estudios a largo plazo, los investigadores encontraron un patrón claro: la soledad alcanza su punto máximo en la vejez

Sin embargo, el estudio también revela un interesante giro en esta historia: la soledad también es elevada en los adultos jóvenes, antes de disminuir en la mediana edad. La sensación de soledad en los jóvenes, según los datos, parece estar vinculada a la búsqueda de identidad y a la transición hacia la independencia. 

En la vejez hay que buscar conexiones.

Es entre los 30 y 50 años, cuando muchas personas se encuentran más conectadas socialmente. Las responsabilidades familiares, las amistades consolidadas y la estabilidad laboral parecen actuar como un escudo contra la soledad. Sin embargo, esta fase no dura para siempre.

 A medida que las personas envejecen, se enfrentan a cambios en su vida que aumentan el aislamiento. La jubilación, la pérdida de amigos y seres queridos, y el deterioro de la salud son factores que contribuyen a que la soledad vuelva a surgir en la vejez.

Uno de los principales motivos por los cuales la soledad aumenta con la edad es el aislamiento social. A medida que las personas envejecen, tienden a reducir sus círculos sociales, ya sea por la muerte de amigos cercanos, el distanciamiento de familiares o simplemente por dificultades físicas que limitan su movilidad y, por ende, su capacidad para participar en actividades sociales. 

Hacer actividades que llenen el día.

Otro factor relevante es el estado civil. Las personas que pierden a su cónyuge o pareja suelen enfrentar una soledad profunda. Aunque algunos pueden encontrar consuelo en sus hijos o nietos, la pérdida de un compañero de vida con quien se compartían rutinas y experiencias diarias genera un vacío difícil de llenar. 

El nivel de ingresos también desempeña un papel en la soledad. Las personas mayores con ingresos limitados tienen menos acceso a actividades sociales y recreativas, y en algunos casos, incluso a servicios de salud mental que podrían ayudarles a sobrellevar el sentimiento de soledad.