Sergio Ramírez sobre la Nicaragua de este Daniel Ortega: "Se dice socialista, pero su ajuste a las jubilaciones desencadenó una represión que es una tragedia"
Esta pasando algo gravísimo en Nicaragua, signada por la violencia desde el Estado hacia los más jóvenes, a quienes se llama "los nietos de la Revolución Sandinista", que hace 40 años dirigió Daniel Ortega con el escritor Sergio Ramírez como vicepresidente, y que hoy conduce el mismo Ortega junto a su esposa, Rosaqrio Cubillos, pero con la disidencia fundamental del notable Premio Cervantes de Literatura. Queríamos hablar con alguna persona que nos pusiera en foco lo que está sucediendo y que muchas veces no está en la agenda noticiosa, aunque desde MDZ lo venimos siguiendo permanentemente. Y esa persona es Sergio Ramírez, precisamente.

- Veíamos con inquietud como están matando gente, cómo el gobierno se abroquela y nos interesa conocer qué pasó con Daniel Ortega, de quien usted fue vicepresidente.
- Son situaciones completamente diferentes. Yo diría que opuestas: en el año 1980, después del triunfo de la revolución en el año 1979, casi 40 años atrás, llevamos adelante un proceso que tenía mucho de idealista, de romántico. Buscaba cambiar totalmente la situación de miseria y de opresión que el país vivía. Era un proyecto que no estaba fundado en ninguna clase de caudillismo porque el país tenía una dirección colectiva, que impedía que alguien pudiera dirigirse a los demás por encima, con poder absoluto, que es la tentación de las armas. Después, cuando llegan las elecciones de 1990 y doña Violeta de Chamorro derrota al Frente Sandinista, comienza esta deriva, cuando algunos comenzamos a reclamar democracia en las filas del Frente Sandinista, para poder volver al poder por la vía democrática, y otros, encabezados por Daniel ortega, apuestan por la inestabilidad, por no dejar gobernar a la señora de Chamorro, por las asonadas y peor que eso: está la apropiación de bienes del Estado de manera indebida, lo que se conoció como la famosa "Piñata". Entonces aquí comienza esta deriva que hoy se ha traducido en un gobierno que tiene cero respeto a los derechos humanos. En tres meses han muerto más de 400 personas, entre ellos más de 50 jóvenes estudiantes universitarios. Hay niños de 13 y 14 años muertos. La población civil está siendo sacrificada en esta masacre en donde el orden público está en manos de fuerzas enmascaradas de paramilitares. llegan a los lugares a hacer sus operaciones oscuras al amparo de los policías. Esto nada tiene que ver con lo que la Revolución Sandinista pretendió. Había un ideal de cambio y ahora no lo hay. Hay una represión ciega para que una familia permanezca en el poder aislada del resto de la sociedad.

- Se interpreta que los nietos de aquella revolución se están rebelando contra Ortega. Está pasando algo: vimos la declaración del grupo de expresidentes nucleados en IDEA, o las declaraciones del dirigente social Félix Maradiaga, a quien hemos entrevistado también, y se ve la posibilidad de que la oposición se divida, como sucede en Venezuela y por lo tanto, pase por el medio la violencia. ¿Cree que hay alguna posibilidad de unión de la oposición en Nicaragua?
- Es que esta es una situación muy peculiar. No se trata de una coalición de partidos políticos enfrentando a Daniel Ortega. Los partidos políticos están suficientemente desprestigiados para no sacar la cara. Los que están sentados en la Asamblea Nacional acompañando a Ortega no tienen ningún prestigio y los otros están clandestinos, son partidos ilegalizados. Entonces, lo que estamos viendo como escenario, es una coalición de organizaciones de la sociedad civil, de jóvenes, de universitarios, de representantes jóvenes de la empresa privada y que no son miembros de partidos políticos ni de una coalición, ni pretenden serlo. Eso me parece que ha sido una gran ventaja para evitar esos riesgos que se dan por las divisiones políticas ideológicas. Aquí la divisa común es justicia, libertad, democracia, en el entendido de que cuando se logre un cambio de régimen, haya una nueva ley electoral que tiene que ser transparente, asome la oportunidad de los partidos políticos de disputarse el poder como corresponde a una democracia. Pero ese no es el problema en este momento. Estas fuerzas que se oponen a la dictadura de Ortega están más bien conducidas por un espíritu ético más que político. Aquí hay dos polos éticos muy importantes: el de los estudiantes, que tiene un gran prestigio moral, y el de polo de la Iglesia Católica, en el que desde los sacerdotes rasos hasta los obispos han demostrado al país que han podido enfrentar la represión, que han sido mediadores pero a la vez partícipes de buscar el respeto de los derechos humanos. En base a esos dos polos es que esta lucha se está llevando adelante.
- ¿Cómo se hace para dar pelea desde la "no política"? ¿Cómo llegan a dar pelea en una elección si no están configurados como fuerza política?
- Como yo traté de explicar antes, en el momento en que haya condiciones para unas elecciones, pues surgirán los partidos políticos. No sé cuáles van a ser los que tengan más oportunidades. Por el momento, insisto en que esta lucha no es de partidos políticos ni de coaliciones de partidos políticos como en Venezuela, en donde de repente cada uno busca hacer prevalecer sus propios intereses y no les importa romper la unidad, que es lo que hemos visto repetirse una y otra vez. Como esta no es una coalición de partidos políticos sino de ciudadanos sin una filiación partidaria, es que esta unidad se puede seguir sosteniendo.
- Esa transición hacia la configuración de una democracia más trasparente, ¿puede ser no violenta, o será un camino que ha llevado a más violencia y aislamiento?
- Nicaragua ha vivido en los tiempos recientes dos guerras civiles costosísimas. La guerra civil para derrocar a Somoza costó 20 mil muertos y la guera en contra de Los Contras costó otros 20 mil. Estamos hablando de 40 o 50 mil muertos en una década que destruyó al país económicamente y además, dividió a la sociedad de una manera terrible. La otra particularidad de esta lucha es que no se trata de una guerra civil, no tenemos a dos bandos armados disparando unos contra otros. Es una fuerza represiva que dispara contra muchachos inermes que se defienden con piedras. Esto podría parecer absurdo. Alguien me podría preguntar: ¿Hasta cuándo va a durar ésto? Va a durar hasta que los que están indefensos se armen para defenderse. Esta es la virtud de esta lucha. Usted oye hablar a estos muchachos, a la gente en la calle y le dicen: "No queremos armas, queremos ganar por primera vez en la historia de Nicaragua una lucha a través de la resistencia civil, una lucha cívica". Para mí, esto tiene una ventaja hacia el futuro adicional: una guerra civil en la que se enfrenta el Estado o el Gobierno en términos militares con una fuerza irregular, pues si la fuerza irregular resulta triunfante, desplaza a una dirigencia que siempre es militar y política a la vez, y allí vuelven a nacer los caudillos, que es lo que nos ha pasado en la historia de Nicaragua. Si logramos resolver esto por la vía de la resistencia civil, vamos a tener por primera vez la oportunidad de construir instituciones nuevas. El gran déficit de la historia de Nicaragua es que nunca han funcionado las instituciones y los caudillos, los militares, la gente que se hace del poder siempre ha tenido mucha más fuerza que las instituciones.
- ¿Cuál fue la chispa que detonó la necesidad de defenderse? ¿En dónde ve el origen de esta situación violenta actual que ha costado tantas vidas?
- Aquí ha habido una incorformidad represada, por el miedo, el conformismo forzado porque la gente tenía una actitud un tanto pasiva frente a lo que estaba sucediendo. mientras tanto había este fermento de inconformidad que no se expresaba. Fue hasta que este gobierno, que se proclama socialista pero que es muy neoliberal, mandara reformar la ley de seguridad social par agravar las pensiones de los ancianos en un 5% de impuestos y a la vez subir las cuotas laborales y patronales, eso desembocó en unas protestas que yo diría que fueron reprimidas en forma salvaje. En las redes sociales, cuando aparecieron algunas imágenes de la policía golpeando a garrotazos a unos ancianos en la ciudad de León, se despertó una protesta en la Universidad Nacional de Managua que fue reprimida, vinieron los primeros muertos, Ortega pensó que todavía podía controlar la situación con la represión pero estaba totalmente equivocado. En cinco días teníamos 30 muertos en distintos lugares del país. Esto es algo que nunca habíamos presenciado en Nicaragua. Una violencia desmedida y tantos muertos.
- Usted recién hablaba de la resistencia de los curas en las iglesias barriales e inclusive algunos jerarcas eclesiásticos. Hace unos días veíamos las imágenes de cómo entraban las fuerzas paramilitares y herían, inclusive, a las máximas autoridades de la Iglesia. Sin embargo, IDEA, el grupo que reúne a 20 expresidentes, reclama del Vaticano una decisión más directa en torno al gobierno de Nicaragua. ¿Usted coincide con ellos?
- Yo creo que aquí el problema es que el Papa es a la vez cabeza de la Iglesia Católica y de un Estado, un Gobierno, que tiene relaciones diplomáticas. El aparato burocrático del Vaticano se ha equivocado al no cuestionar claramente la agresión a los obispos, sacerdotes, a la feligresía; al ataque contra los templos que han sido profanados, hasta el hecho de gente que se defeca en los altares y destruye elementos sagrados, quemados al aire libre. Es decir, esta agresión contra la Iglesia nos hacia aparecer como en la "Guerra de los cristeros" en México, entonces, cuando le preguntaron al secretario de Estado del Vaticano si iba a condenar estos hechos, dijo que no, porque prefería dejarlo en manos del nuncio apostólico...
- ... Que vendría a ser el embajador del Vaticano en Nicaragua...
- .. Así es. Y después la gente muy sorprendida en Nicaragua, el 19 de julio cuando Ortega y su claque están festejando el aniversario de la Revolución, al primero que vemos en la tarima es al nuncio apostólico, para nuestra sorpresa. Después que él mismo había sido víctima de la agresión en la basílica de San Sebastián. Entonces yo reconozco que son cosas muy difíciles de entender dentro de la política diplomática del Vaticano.
- ¿Qué rol le asigna a la cultura en esa resistencia? ¿Cómo se está organizando usted para dar esa pelea?
- Los escritores, los artistas plásticos, los músicos estamos dando nuestra propia pelea de acuerdo a los instrumentos con los que disponemos. Yo no estoy en el terreno político sino en el literario, y por lo tanto lo que yo puedo usar es mi voz, mi plataforma de escritor para que el mundos sepa lo que verdaderamente está ocurriendo. mi tarea ha sido incansable, así como la de Ernesto Cardenal en sus denuncias o la de Gioconda Belli o la participación de Carlos Mejía Godoy que ahora está dedicado a componer canciones en homenaje a los mártires y niños y adolescentes caídos en las calles. De manera que estamos ocupando nuestro sitio, nuestro papel en la trinchera desde la perspectiva artística.
- Usando la metáfora de la pluma que debería ser más fuerte que la espada, aunque ellos están matando, ¿cómo impacta esta revolución pacífica que están intentando en la vida cotidiana y cómo, el impacto del Estado, si es que la gente ha logrado saldar el temor?
- La gente está del otro lado del miedo. La ausencia de miedo no existe. Lo único que uno pude hacer es administrar el miedo que es lo que la gente hace cada día aquí, después de una masacre. Es lo que pasó después de un inaudito tiroteo de más de 15 horas en la Universidad Nacional y luego en la vecina iglesia de la Divina Misericordia, con armas pesadas. Fue una noche terrible porque al día siguiente la gente estaba en la calle con las banderas protestando. Y ha seguido saliendo a las calles, no solo en Managua, sino en todas las ciudades. Hay una disposición a este tipo de lucha cívica. Sin esta disposición esta batalla estaría perdida y está lejos de estarlo. Yo creo que Ortega siente que él ha ganado la guerra, porque frente a gente desarmada tiene una tropa de enmascarados con todas las armas a disposición, con toda la logística del Estado y cree que es la manera en que ya ganó la guerra. Pero en primer lugar, aquí no hay una guerra. Y en segundo lugar, me parece que la gran batalla política él la perdió. Es como alguien que recibe un tiro en el codillo y debe correr, no se sabe cuánto, pero al final está perdido. ¿Por qué digo esto? Porque la sociedad lo ha aislado, las empresas, la Iglesia, la sociedad civil, la gente de los barrios, los trabajadores son los que salen a estas grandes manifestaciones. mientras que en las que organiza él y su mujer tienen que acarrear a los empleados públicos a la fuerza. No hay que olvidar que aquí el Estado es el empleador más grande.
- Es usted la persona que puede decirnos de la manera más franca, por lo conoció antes y lo está describiendo ahora, quién es Daniel Ortega y su mujer, Rosario Cubillos.
- Lo que pasa es que en los '80, en primer lugar, su mujer no tenía ninguna clase de poder. Era una figura totalmente marginal. El poder él se lo da cuando queda en la llanura e intenta ganar infructuosamente ganar las elecciones y ella aparece como su jefa de propaganda. Hasta que, no porque la gente votara mayoritariamente por ellos sino por una maniobra política que fue el pacto con Arnoldo Alemán, el jefe del Partido Liberal, logran reformar la Constitución para que se pueda ganar con el 35% de los votos, la manera en la que llega al poder en 2006. A aquel Ortega de hace 40 años yo no lo reconozco en él. He perdido comunicación por completo casi desde entonces. Para mí son dos personas completamente distintas. Antes, no tenía posibilidades de poder absoluto ante una dirección política colectivas. Hoy es una persona aferrada al poder que ha jurado no dejarlo. En la última entrevista que dio para la Cadena Fox, pensando que tal vez Trump lo escuche, él ha dicho que no es que no se va, que habrá elecciones en 2021, que su proyecto sigue adelante. pero que eso sea real yo lo veo difícil. Esta situación no es sostenible hasta el año 2021.
- Nos hubiera gustado aprovechar esta charla para meternos en la literatura, pero la situación de Nicaragua es urgente.
- Para cada cosa el Cielo tiene su tiempo, dice el Eclesiastés, así que lo dejamos pendiente.
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