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El cordobés reclutado por Chávez: contrastes con Perón y los fusiles de Maduro

Comisionado presidencial en Venezuela, coordinador de una de las "misiones" de Chávez.

Pablo Fernández Blanco es argentino y, aunque su tonada no lo delate, cordobés. Es un activo funcionario en Venezuela. Llegó al Estado desde las ONG que defienden los Derechos Humanos y se sumó como un soldado a la causa de Hugo Chávez. Tiene el corazón partido entre su nueva nacionalidad y la Argentina, pero tiende los puentes necesarios a la hora de llevar adelante su argentinidad a Venezuela, o su chavismo a la Argentina.

Sabe distinguir entre "el último Perón" y el Chávez que, a su criterio, sigue vivo en miles de venezolanos. Es, posiblemente, el chavista argentino con mayores credenciales y lo demuestra en esta entrevista con MDZ.

¿Cómo es que un cordobés termina siendo no solo un activo militante del chavismo sino un funcionario de importante rango en Venezuela?

- Es parte de una historia compleja e interesante. Yo llegué a Venezuela por primera vez el 1989. Años aquellos en que mi inclinación vocacional parecía ser la del sacerdocio católico. Llegué a Caracas como seminarista, pocos días antes del Caracazo (la explosión social contra el paquete neoliberal del presidente Carlos Andrés Pérez, que dejó miles de muertos producto de la brutal represión). Fue un choque importante para alguien como yo, que venía de una vida tranquila sin haber salido en toda mi vida a vivir en un sitio que fuera diferente a la Córdoba de mi infancia. Hubo un nexo muy fuerte con Venezuela a partir de ese momento, que luego se proyectó en mi salida del seminario (convencido que mi vocación estaba en el servicio a la gente y la iglesia institucionalizada no estaba en sintonía con ese deseo); el regreso a la Argentina para concretar mis estudios en la carrera de educación y luego el regreso definitivo a vivir a Venezuela, donde he conformado mi familia. En esos cinco años intermedios que estuve estudiando en Argentina, volví todos los años a Venezuela por lapsos de un mes aproximadamente y se fortalecieron lazos con mucha gente, ligada sobre todo a causas populares. Mi retorno a Venezuela para quedarme fue en 1994 (tiempos del gobierno del demócrata cristiano Rafael Caldera, que mantuvo una política de corte neoliberal). Vi en todos esos años el cariño que generó Chávez (quien había estado preso por su intentona golpista fallida de 1992), atizando pasiones en los sectores populares e incluso en cierta clase media que vio en él una voz sintonizada con las necesidades de la gente, que pedía un cambio de modelo político y económico urgente. Vi llegar a Chávez al poder por la vía de los votos, sometido a una feroz campaña en su contra como pocas veces se ha visto.

Vi el desarrollo de todo su gobierno y las diversas facetas por las que pasó, desde aquel inicio en 1999 con la constituyente, los discursos iniciales que apuntaban a una “tercera vía” tipo Tony Blair para luego ir decantando hacia una convicción por el socialismo democrático.

A partir de 2011 surgió esta posibilidad que me ofrecieron de formar parte de la estructura de gobierno, en gran medida por el reconocimiento a mi labor como activista de DDHH que algunos sectores del gobierno cercanos al Presidente valoraron. Me ofrecieron asumir como Secretario Técnico de la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme, cargo que ejercí por dos años, es decir, el tiempo establecido para el trabajo de esta Comisión. Luego de culminado el mandato de la Comisión Presidencial me pidieron continuar al frente de la política de desarme pero además como Secretario Técnico de la Gran Misión "A toda vida Venezuela" (la política de Estado en materia de seguridad que planteó el Presidente Chávez y de la cual soy uno de sus conceptualizadores). También ejerzo el cargo como Director General del Servicio de Policía (en razón de la trayectoria de trabajo en la reforma policial en Venezuela).

¿Ya habías militado políticamente antes en la Argentina?

- Mi participación política en Argentina más bien había sido reducida. Participé incipientemente en el Frente Grande en sus orígenes. Pero mi ámbito de acción se circunscribió más bien al activismo social desde espacios eclesiales, diversas formas de voluntariado y sobre todo mi trabajo como educador. Las estructuras partidistas en Argentina nunca llegaron a cautivarme ni a significarme referencialmente un espacio de militancia profundo como el que uno buscaba.

¿Siempre estuviste convencido de que Chávez era tu referente o lo comprendiste con el paso del tiempo y el ejercicio de la presidencia?

- A Chávez aprendí a conocerlo con el paso del tiempo. Para un argentino de mis características ideológicas resultaba extraño ver a un “milico” como referente de un proceso revolucionario de izquierda. Siempre el imaginario del militar “gorila” sureño aparecía por algún lado y eso al principio generaba cierto anticuerpo que con el pasar del tiempo fue desapareciendo, al ver la dimensión humana gigantesca de este hombre, completamente jugado por la causa latinoamericana, por las pobres, por la integración real de nuestros pueblos, por el anti imperialismo y la justicia social. Creo que todos los que hoy lloramos con sincero dolor su ausencia llegamos en algún momento a asumirlo como un líder indiscutido, que supo poner su experiencia y su vivencia cosechada en la vida militar al servicio de las más grandes causas populares. En parte ese ejercicio personal de transformación que fue viviendo Chávez en su propia vida nos fue impregnando a nosotros también. Su capacidad grandiosa e irrepetible para conectarse con la gente fue otro de los elementos que me permitió valorarlo desde otra perspectiva.

En 2005, cuando fuimos a fomentar una política de desarme con un grupo de “expertos”, invitados por Amnistía y el Gobierno venezolano nos sorprendió que en paralelo se convocaba a la gente a que fuera a la costa con sus armas en simulacros de autodefensa. ¿No es contradictorio eso con una política de desarme?

- No es contradictorio para nada en un país con reales motivos para sentirse asediado. Venezuela está en la puerta del Caribe, tiene las reservas probadas de petróleo más grandes de occidente; su gobierno es de corte popular y en confrontación con los intereses transnacionales imperialistas de los EEUU. A pesar que es uno de los proveedores constantes de petróleo a EEUU, Venezuela ha sufrido en estos años de gobierno de Chávez sabotajes, intentos de golpe de estado, paros inducidos, guerras comunicacionales de alta intensidad y un sinfín de estrategias propiciadas desde Washington que no lograron hacer mella en el proceso bolivariano pero que sin duda obligaron a convertirnos en un pueblo alerta.

Basta verse en el espejo de países como Libia, Panamá, Irak, Siria, Colombia, Honduras…. Donde los yanquis meten la mano, después los pueblos cuentan los muertos.

Esa ha sido nuestra historia desde el siglo XIX y no ha variado mucho hasta el día de hoy. Nosotros hemos hecho énfasis en que se entienda que una cosa es la política de desarme dirigida a disminuir los efectos de la criminalidad y al delincuencia y otra cosa es la legítima y necesaria dotación de armas que debe tener cualquier país del mundo, a través del equipamiento de sus fuerzas armadas o cuerpos policiales para la legítima defensa y la garantía de la seguridad interna. En el caso venezolano, el gobierno de Chávez tuvo que salir a comprar armas a otros países aliados (como Rusia, Brasil, Bielorrusia) ante el boicot declarado por EEUU, quien había sido durante décadas el proveedor casi exclusivo de armas a Venezuela. Chávez se encontró con aviones de combate que no se podían volar por falta de repuestos, tanques obsoletos, sin fusiles para los soldados ni repuestos para las lanchas y los barcos que patrullan el mar y los gigantescos ríos. Se ha querido vender la imagen de Chávez como un armamentista cuando en realidad lo que hizo fue dotar al país de aquello que le fue sistemáticamente negado por el mayor mercader de armas del mundo: los EEUU. Nadie en su sano juicio puede dudar que el equipamiento militar de un país con reales escenarios de conflicto es necesario y hasta imprescindible frente al tamaño de su potencial agresor.

Fernández y el brasileño Rangel Bandeira (Viva Río) durante un "Aló Presidente".

¿Creés que ha calado hondo el mensaje del Plan Desarme?

- El mensaje ha calado; ha puesto a la sociedad venezolana a debatir (tanto a quienes apoyan como a quienes critican el control de armas y el desarme). Chávez logró a través de la Comisión Presidencial que el país entendiera no sólo el efecto de las armas, sino más allá, que comprendiera las dimensiones que están en el sustrato de la violencia. La gente ha comprendido que las armas cumplen un rol instrumental y que la violencia está más allá de ellas; pero también se ha entendido que las armas de fuego le dan un elemento de altísima letalidad a la violencia y eso afecta duramente las condiciones de vida y seguridad de nuestro pueblo.

Ahora bien, el mensaje del desarme total como lo predicó Chávez encuentra muchos enemigos, incluso dentro de las filas del gobierno.

En estos días se debatirá la ley desarme (así lo ha anunciado por fin el presidente del parlamento). Hay dos proyectos diferentes en la mesa. Si bien el 80% de su contenido es similar, hay un par de temas duros de divergencia que deben ser sometidos al debate. Será este el momento de ver que tan profundamente ha calado el mensaje en la gente y si los diputados estarán a la altura del mandato de los electores para aprobar una ley que corte con el mercado de la muerte que significa la venta de armas a particulares en Venezuela, o por el contrario seguirán favoreciendo a grupos de interés comercial que se mueven en función de la mezquindad más horrenda.

Pablo Fernandez, de rojo, en acción.

¿Cómo bajar la altísima tasa de criminalidad?

- Creemos que la criminalidad (y particularmente el homicidio, que es el delito más preocupante) puede comenzar a reducirse si se atienden las seis variables que hemos planteado en la Gran Misión a Toda Vida Venezuela. Esas variables son las siguientes:

* Poner la prevención y la convivencia social como primer pilar de la política de seguridad. Eso no sólo marca una diferencia conceptual e ideológica clave con las fórmulas tradicionales de la derecha (la “mano dura”) sino que atiende las causas estructurales de la violencia y apuntala soluciones de largo aliento y no de corte efectista. La inclusión juvenil, el trabajo productivo, el desarrollo de la cultura y el deporte, el aumento de la oferta educativa, la política de desarme, son entre otras muchas cosas los componentes de esa dimensión preventiva que estamos atendiendo. Sobre todo en una sociedad donde las víctimas de la violencia son en su inmensa mayoría jóvenes entre 15 y 25 años de edad.

* El segundo vértice toca la transformación del modelo policial y de investigación criminal, para ponerlo a tono de los tiempos que vivimos, profesionalizando las policías, depurándolas de elementos corrompidos y proyectándolas hacia el campo de la prevención y el trabajo con las comunidades, sin descuidar la formación necesaria y estricta para el uso progresivo y diferenciado de la fuerza cuando sea necesario.

* Un tercer vértice toca a la reforma del sistema de justicia en su totalidad. Reducir los niveles de impunidad y acercar la justicia a la gente a través de la municipalización de los tribunales y fiscalías. Creando también lo que hemos llamado los “Centros de mediación y convivencia solidaria”, donde la defensoría del pueblo y otras instancias dedicadas a la atención de conflictos puedan mediar en las situaciones de inconvivencias que están en la base de muchas formas de violencia.

* El cuarto ámbito es el penitenciario. Las cárceles en Venezuela no distan mucho de lo que se vive en otros países. Siguen siendo sitios donde la recuperación y orientación para la reinserción a la sociedad no se da en la mayoría de los casos. Creo que es uno de los ámbitos más complejos a atender.

* El quinto pilar es la atención integral a las víctimas de la violencia, para evitar la re victimización y para que puedan dentro del marco de derechos que les reconoce la constitución encontrar la respuesta que un estado democrático como el nuestro les debe dar.

* Finalmente, hemos entendido que la construcción y socialización de conocimientos en materia de seguridad es vital. No se pueden ni deben construir políticas de seguridad sobre la base de la improvisación, la demagógica, el efectismo que tanto daño han hecho en nuestros países. Chávez entendió eso muy bien y apoyó varias iniciativas en esa línea, especialmente la creación de la primera universidad en América dedicada exclusivamente a la investigación y formación en materia de seguridad: la UNES.

Recuerdo que cuando participé de la ronda de consultas para la reforma de las policías había unos 7 mil casos de “gatillo fácil” por año, gente asesinada a disparos por la espalda y por parte de policías. ¿Eso mejoró?

- Se ha reducido significativamente el tema de las prácticas desviadas de ese tipo. Los informes oficiales y también los que elaboran las ONG de derechos humanos serias y no parcializadas políticamente dan cuenta de ello. Sin embargo hay que continuar trabajando para reducir a cero ese tipo de prácticas que son propias de un modelo policial obsoleto y en franco proceso de extinción.

¿No te impacta negativamente que Maduro diga que defenderá la revolución “hasta con un fusil”? ¿No lo interpretás al final como una derrota, después de haber sido ratificados en el poder pacíficamente por el voto popular?

- El tema discursivo es importante, pero hay que entenderlo en su contexto. Maduro llama a la defensa de la revolución popular. Es ingenuo pensar en una revolución con enemigos del tamaño de los que tiene Venezuela que no se defienda. El mensaje de la defensa con el “fusil” no es al contrincante político interno democrático, sino a quienes avisoran una y otra vez una salida de fuerza para cambiar el rumbo que lleva Venezuela. Chávez siempre lo decía: somos una revolución pacífica pero armada. Coloquialmente se pudiera decir que le tendemos la mano a todo el mundo pero no somos ningunos boludos.

¿Te parece que el chavismo es parecido al peronismo? ¿En qué?

- Se parecen en el carisma indiscutido de los líderes de ambos procesos. También en la raíz de corte netamente popular que hubo detrás de cada uno de estos dos hombres gigantes de nuestra historia contemporánea. Sin embargo, aunque ambos fueron militares, las tendencias hacia la izquierda o la derecha en el caso de cada uno y sobre todo al final de sus vidas es un contraste importante.

Creo que el chavismo se irá consolidando cada vez más al igual que lo debió hacer el peronismo con y sin Perón.

El tema es, en todo caso, aprender de las lecciones ajenas para no cometer los mismos errores que hicieron del peronismo una maquinaria destructiva hacia dentro  de él mismo y que se reflejó luego hacia el resto de la sociedad en los años duros previos a la dictadura.

¿Conociste a Norberto Ceresole, que fue un peronista argentino que acompañó al “primer Chávez” ofreciéndole asesoramiento?

- No lo conocí. Supe de su paso por acá, como el de muchos otros “asesores” que al final no fueron más que eso. Se ha querido mitificar el rol que jugó Ceresole pero sin duda no es el que haya marcado la historia y la concepción política que finalmente asumió Chávez.

Se lo ha criticado mucho desde la derecha, pero también desde la izquierda. ¿Alguna crítica es aceptada como constructiva?

- Como todo hombre sujeto a roles de liderazgo histórico es imposible que Chávez no estuviese sujeto a críticas de todo orden. La crítica al excesivo rol de los militares en las estructuras de gobierno, a los pobres resultados en la lucha contra la corrupción o la poca dedicación al tema de la seguridad en los primeros años de su gestión pudiesen ser críticas válidas. Pero sin duda la mayoría de las críticas fueron voraces, descarnadas e insostenibles. A un tipo que llega al poder por los votos luego de haber intentado llegar por las armas; que lanza un proyecto de constitución radicalmente garantista y que encabeza un proyecto que reivindica la identidad nacional más genuina en código de integración con sus vecinos, es difícil que no lo critiquen, sobre todo en un continente donde nos acostumbramos a vivir arrodillados de mil maneras ante los intereses foráneos.

Chávez cuestionó que nos vieran como patio trasero de alguien. Marcó el terreno y afrontó las consecuencias de ello. La crítica visceral fue consecuencia inevitable.

Lo trataron de dictador cuando era el tipo más democrático del mundo. Democrático en lo formal (16 elecciones transparentes, auditadas internacionalmente, ganadas) y democrático en lo cotidiano, propiciando el verdadero empoderamiento de las masas.

Si Maduro es el sucesor natural de Chávez en Venezuela, ¿quién creés que lo es en Unasur?

- Unasur debe encontrar sus propios liderazgos de relevo. Chávez logró dominar con pasión y convicción ese escenario. Lo propició y lo nutrió para que hoy llegáramos a tener no un proyecto sino una concreción integracionista. Hay líderes en la región que pueden animarse a tomar el relevo. Un presidente como Correa, el de Ecuador, pudiesen asumir esa tarea. Aunque temo decir que el componente carismático que le puso Chávez a la integración latinoamericana y caribeña será muy difícil de suplir.

¿Tuviste contacto personal y directo con Chávez? Contame tu experiencia.

- Conocí a Chávez personalmente por primera vez en 1998. Fue antes que lo eligieran presidente. Fue en un encuentro con organizaciones de derechos humanos (ya en ese tiempo yo laboraba en una de ellas). Me llamó la atención su personalidad y su forma de acercarse al diálogo. Había mucho prejuicio en la gente de las ONG hacia “el candidato Chávez”. Y sin embargo en ese momento no valoraron el hecho que fue el único candidato presidencial en aquel tiempo que se acercó a escuchar a las organizaciones de derechos humanos; y no sólo eso, sino que luego electo presidente asumió todas las propuestas que le hicimos para formular su propio proyecto de Constitución Nacional, que es la que hoy felizmente tenemos en Venezuela. Luego hubo oportunidad de verlo o conversar con él en diversos momentos y contextos. Recuerdo particularmente una anécdota: habiendo sido elegido secretario de la Comisión Presidencial para el Desarme, una noche recibí una llamada del ministro del Interior.

Con mucho nerviosismo me indicó que el Presidente quería hablar conmigo y que me llamaría en dos minutos. Conociendo los niveles de supervisión que aplicaba Chávez cualquiera siendo ministro temblaría. 

 Era a finales de 2011 y Chávez estaba en la etapa dura del tratamiento contra el cáncer. Lo cierto es que efectivamente me llamaron de la Casa de Gobierno. Chávez me había visto por televisión explicando el proceso de consulta nacional que lanzábamos para que la gente aportara a la política de desarme y pidió que me llamaran. Estuvimos conversando casi una hora. Su interés por el tema era profundo, metódico. Preguntaba y a la vez proponía ideas. Quería saber todas las dificultades que enfrentábamos. Lejos de sentirme intimidado por el diálogo con el Jefe de Estado percibí como el trabajo que estábamos haciendo en un tema tan sensible era genuinamente valorado por el Comandante Chávez y me transmitió palabras de apoyo que no solo sonaron sino que fueron sinceras. Chávez asumió con mucha seriedad y compromiso público el discurso pro desarme y el impulso de medidas polémicas pero necesarias que le propusimos y que significaban enemistarse con los sectores armamentistas que existen en el país. confieso que al igual que la mayoría de los venezolanos hoy lloro su ausencia como si se hubiese ido uno de mis seres más queridos. Es difícil explicar en palabras los sentimientos que este hombre ha generado en todos nosotros.

¿Pensás volver a la Argentina?

- Vuelvo cada vez que puedo. Amo a la Argentina, su gente, su geografía y especialmente adoro estar en mi provincia de Córdoba, donde reside mi familia de origen.

No me he planteado regresar a vivir allá, pero uno nunca sabe que depare el destino.

Por ahora, mi horizonte está en seguir aportando mi granito de arena a esta revolución social y democrática que se está gestando en la tierra que me cobijó y me ha hecho un hijo suyo más: la Venezuela indómita de Chávez y Bolívar.