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"Con Manal marcamos una forma de hacer música, un estilo"

Uno de los fundadores del rock argentino pasó por Mendoza y habló de todo. Un encuentro imperdible con un pionero.

Claudio Gabis es uno de los precursores del rock argentino, uno de los fundadores. Junto con Alejandro Medina y Javier Martínez formó Manal, la célebre y mítica banda precursora del blues cantado en castellano, comparada eternamente con The Jimi Hendrix Experience y Cream.

Claudio Gabis es uno de los mejores guitarristas que ha dado la Argentina, que también tocó en La Pesada del rock and roll, llegó a grabar con Sui Generis y ha grabado para cientos de artistas.

Este hombre talentoso y al que el rock nacional le debe tanto estuvo en Mendoza hace poco, invitado por la Blues Combo para el festejo de sus diez años. Y no hubo mejor idea que reunirlo con Alejandro Medina, con el baterista Black Amaya (Pescado Rabioso, Pappo´s Blues) y el armoniquista Luis Robinson para hacer viejos éxitos. El público lo disfrutó de principio a fin y fue una verdadera fiesta del rock.

Pero antes, este gentil Claudio Gabis tuvo tiempo para sentarse con MDZ para hablar de muchas cosas, en una charla donde también estuvo presente el reconocido periodista Víctor Pintos.

Acá, Claudio Gabis para disfrutar:

-¿Cuánto hace que no tocabas con Alejandro Medina?

-Cinco años. La última vez lo hicimos convocados por Javier Vargas, un guitarrista argentino-español. Desde entonces, no hemos tocado juntos y no es nada raro porque yo no vivo en la Argentina.

-¿Qué es de tu vida en España?

-Me dedico a lo que siempre me dediqué: a la música, en sus diferentes facetas: toco, enseño, doy seminarios, escribo.

-¿Cuándo decidiste irte de la Argentina?

-Empecé a irme en el 72 y terminé de irme pasado el 11 de setiembre del 73, después de la caída de Allende en Chile. Me fui a vivir a Brasil.

-¿Nunca pensaste en volver a vivir acá?

-Si, lo hice. Viví acá entre 1985 y 1989.

-Ahora digo.

-Jamás. Ya me fui dos veces de este país. Si las circunstancias fueran a eso, podría vivir. Pero nunca pensé en volver.

-Imagino que disfrutás mucho de Madrid entonces…

-Es una ciudad muy grata para vivir. La disfruto mucho. Buenos Aires se transformó en una ciudad difícil para vivir. Es una ciudad neurótica, que refleja la crispación del país que sucede desde hace mucho, no sólo de ahora. En Buenos Aires suceden cosas duras y ha ido generando en sus habitantes una idiosincracia difícil. El suelo está electrificado y todos saltan para que los shocks eléctricos no los maten. Eso se nota cuando vas cada tanto a esa ciudad. Uno de los factores que más me gustan de venir a tocar a la Argentina es poder hacer hacer todo eso fuera de Buenos Aires. Esa ciudad me viene bien unos días donde veo familia, amigos y gente que me complace. Pero el placer y la gratificación la tengo en lugares como Mendoza, por ejemplo. Ahí es donde encuentro la Argentina que me gusta.

-¿Escuchás música?

-Poca. Tengo un síndrome que parece que es común a cierta etapa de los músicos en la cual hay una saturación de lo que se ha escuchado. Yo he escuchado muchísima música. Y con muchísima atención y concentración. Hoy, pongo esa concentración y atención sólo cuando estoy trabajando. Busco escuchar música que me distraiga o acompañe de una manera grata. Si tengo que elegir una actividad para entretenerme probablemente elija otra que no sea escuchar música.

-Dentro de lo que escuchás, ¿hay algo que te asombra?

-Cosas actuales que me asombren no hay. Este es un momento muy similar al que sucedió antes de la aparición de Los Beatles, de Bob Dylan, de la aparición de géneros y músicos, a mitad de los 60. En ese momento se dieron una serie de sucesos que fueron asombrosos. Así me parece que estamos: en los albores de…

-¿Y qué descubriste después de ese momento inerte del que hablás?

-A Hendrix, por ejemplo. Fue como escuchar música de otro planeta. O Bob Dylan. O cuando escuché con atención a John Coltraine, que era algo que no había escuchado nunca. En diferentes géneros musicales y más o menos simultaneamente sucedieron una cantidad de hechos asombrosos. Ese tipo de asombro hace muchos años que no lo he vuelto a experimentar.

-¿Cream fue la mayor influencia de Manal?

-Para mí, si. Pero no se si para Alejando (Medina) y Javier (Martínez). En mi caso Cream fue gran influencia. Tuve los primeros discos que llegaron a la Argentina. Es más, yo lo presenté en sociedad a Cream en este país.

-¿Cómo es eso?

-Yo era el único que tenía una discoteca que tenía el “up today”, lo más del momento de ese momento. Esa discoteca era muy buena y la había adquirido de diferentes formas. Una de ellas es que viajé con mi papá a Estados Unidos en 1967 y me traje 60 discos, los más emblemáticos y relevantes de ese momento. Por eso, tenía un tesoro discográfico que en Buenos Aires no existía porque esos discos no llegaban.

-Volvamos a Cream entonces…

-Para mí, fue muy influenciante. Fue el primer power trío de la historia del rock. La forma de tres instrumentistas de igual categoría y relevancia dentro del grupo, aportando lo mejor y lo más valioso de cada uno para lograr un todo era lo más admirable. Y Cream estableció puntos de contacto entre el rock, el blues, el jazz y la psicodelia. Fueron unos pioneros.

-Manal fue un power trío y tuvo la igualdad entre los tres integrantes. Porque otros power tríos como Pappo´s Blues (Pappo y acompañantes) o Divididos (Mollo y Arnedo más un baterista) no tienen a los tres tan unidos.

-Es verdad. Es un modelo que viene de los años 50 de un grupo de jazz que se llamaba The Poll Winners (Los ganadores de encuestas) que estaba formado por Barney Kessel, Ray Brown y Shelly Manne. Ellos, entre 1955 y 1960, fueron los ganadores de las categorías de mejor guitarrista, mejor contrabajista y mejor baterista en las encuestas de las publicaciones Down Beat. Así, decidieron juntarse y hacer este trío que fue tremendo. Manal fue un grupo que tenía esas características.

-Hablando de ese entonces, hay una anécdota de León Gieco que siempre menciona que vos fuiste uno de los que lo empujó a cantar…

-Yo le regalé su primera armónica y su primer atril. Le mostré como se ponía, como se tocaba y, además, le regalé un disco de Bob Dylan y creo que fue “The Freewheelin' Bob Dylan”. Después, le presenté a la esposa…. ¡pobre!

-Cuando escuchás una banda como Blues Combo ¿qué sentís?

-Un poquito de orgullo, porque al fin y al cabo el germen lo plantamos nosotros. En 1968 cuando se inicia Manal y Almendra era impensable encontrar bandas de nivel en el interior. Había gente que tocaba, un poco más un poco menos, pero ahora hay un nivel excelente. Me encuentro con músicos buenísimos y bandas excelentes. Por eso me encantan estas giras donde viajo como un bluesman, con mi guitarra nada más y me sumo a las bandas del lugar. Son encuentros hermosos, ricos, que establecen una cadena de amistad que antes era imposible.

-¿Vos sabés lo que significás para el rock argentino?

-Si. Lo se porque lo sabíamos todos cuando estábamos en Manal. Sabíamos que estábamos haciendo una música diferente, que no era la normal que se tocaba en la Argentina, no era el pop ni el rock común. El trabajo que realizamos para darle vida a Manal fue a sabiendas que estábamos haciendo algo distinto, y que si funcionaba y era aceptada la propuesta, iba a hacer escuela. Creo que marcamos una forma de hacer música, un estilo. Hoy se le debe sumar la permanente mención hacia cada uno de nosotros en el movimiento rock. Entre lo que se que hice y lo que Google y el público manifiesta, pues claro que tenemos una cierta importancia en la historia.

-En el inicio eran todos muy chicos…

-En el periodo que empezó a mitad de los 60 y se extendió hasta mitad de los 70, los protagonistas del rock fue gente muy joven, en donde el promedio de edad era 20 años. Dylan empezó su carrera cuando era un chico de 19 o 20 años. Fue una época precoz.