El regreso de un grande a su tierra natal
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-¿Cuánto hacía que no estaba de nuevo en Tunuyán?
-Me fui cuando tenía cinco años y no volví más.
-¿Y qué se siente?
-Lo único que recuerdo es lo que me contaron, y lo que puedo llegar a reconstruir a través de las fotografías de mis abuelos y mi madre. Pero siento una verdadera sorpresa por lo que estoy descubriendo y es como que empezó un nuevo nacimiento. Toda esta situación me obliga a volver a Tunuyán. Ya apareció un vínculo entre la gente y yo, ya nos empezamos a conocer. Este lugar empieza a ser un poco mío y hasta me atrevo a opinar sobre él. Uno espera –generalmente- reconocimientos sobre su trabajo, por la obra, por lo que hago y no por ser una persona pública. El pintor es una persona que vive en soledad la mayor parte de su vida y te lo puedo decir yo que vivo la mayor cantidad de horas del día adentro de mi taller, todos los días, todos los meses. Entonces, mi diálogo se produce con la tela, donde hay una lucha intensa.
-Ese es un reconocimiento a su historia, a su carrera.
-Las biografías, cuando las idea uno mismo, incorporan también los fracasos. Desde luego que nada de eso aparece en los curriculums porque sería inédito. En los CV siempre deben aparecer los logros. Pero uno tiene presente los fracasos. Y los míos son muchos. En la batalla con el cuadro, perdí muchas veces.
-Sería interesante que usted escriba su biografía con sus fracasos.
-Desde luego que si, porque sería un modelo más objetivo, más completo. Yo hablo de los fracasos en relación con la comunidad. Los fracasos personales terminan siendo casi secretos porque nadie sabe qué cuadros pasaron por ese mal momento, ya que ni se exhiben y quedaron dado vueltas buscando un triste destino (más allá que a veces, uno descubra con el tiempo que podían ser lindos y que tenía cosas que antes no tenía). Cuando hablo de los fracasos hago referencia a los fracasos colectivos. Recuerdo cuando era estudiante de la UNCuyo y vino la intervención y de ser un idilio entre los estudiantes, los profesores, la ciudad y los poetas y vivir esa fiesta de la cultura llegó esa realidad que fue el desencuentro, que en Argentina siempre se ha dado por intervenciones, golpes y diásporas. Yo cuento que mi primer exilio fue de Mendoza a Tucumán cuando mis profesores de entonces tuvieron que emigrar a la Universidad Nacional de Tucumán.
-Y hubo más exilios.
-Muchos más. Hasta el del final que me hizo estar seis años entre Italia y España. Siempre me marcaron mis exilios.
-Una palabra dolorosa: exilio.
-Muy dolorosa. Tengo un cuadro que se llama “Exilio auxilio”, que es decir, “socorro, necesito ayuda”. Es cierto que uno intenta dar vuelta la pérdida del país, las raíces, la familia… El no poder frecuentar esas cosas tan caras para los sentimientos es doloroso. Además de mi madre, mis hermanos, quedó afuera de todo mi gran familia que es la comunidad. Las relaciones que uno creó en toda la vida, se pierden en un instante. El exilio genera esa pérdida. Pero, al mismo tiempo, uno intenta que ese retiro obligado sirva como posibilidad de crecimiento, porque sino sería desesperante. Y esa necesidad de crecimiento hace que te metas en otro mundo. Salí del de la ideología y la política para meterme en el mundo de los museos. En vez de pintar nuestra tragedia, nuestro desencuentro, ofrecí mi muestra que se llamaba “Visita guiada”, que era un paseo por los pintores que admiré siempre y a los que copié, como Rembrandt, Velazquez y muchos pintores que siempre estuvieron muy ligados a la realidad. Y esa muestra fue la que sirvió como tabla de salvación para ese momento de dolor como fue el exilio.
-Estas obras que están acá, en Tunuyán, ¿fueron elegidas con algún propósito?
-Hubo una elección precisa. Quise expresar de esta forma mi agradecimiento a la propuesta de la intendencia de Tunuyán para venir a exponer. Estos son mis últimos cuadros pintados y espero poder pintar más… pero estas son mis obras más recientes, las que hice en el 2006 y 2007. Salieron de un viaje que hice a Salta y me gustó mucho.
-¿Y qué se viene?
-Lo hablé con mi mujer y decidimos que la próxima campaña sea sobre Mendoza. Por eso, en abril voy a volver para hacer una serie de pinturas especialmente sobre paisajes mendocinos.
-¿Y cómo son los plazos de estas esperadas obras sobre Mendoza?
-Vuelvo a mi taller y organizo mi regreso a Mendoza. Necesito venir, instalarme, disfrutar de acá, hacer fotografías, apuntes, buscar lugares, cargar mis baterías… Hay que mirar, incorporar y, por sobre todo, vivir el lugar, porque hay una parte emocional importante. Mirar la cordillera me emociona y para pintarla hay que vivirla.
-¿Por dónde quiere comenzar?
-Por acá, por Tunuyán. Y me gustaría seguir por La Carrera, en Tupungato, un lugar entrañable al que me llevaban mis abuelos.
-¿Hay algún libro que lo haya atrapado de manera especial y al cual le gustaría ilustrar?
-Desde luego. Pero hay muchos que me atraparon hace mucho, los ilustré y tengo bien guardados esos dibujos, como La Metamorfosis. Aún no encuentro editor para mostrar ese libro pero seguramente aparecerá alguno. Lo que si ya está a punto de salir es un libro con 120 dibujos que hice para La Divina Comedia y acaba de salir un libro de dibujos basado en “Bajo la lluvia ajena”, poesías de Juan Gelman, que escribió durante su exilio en Roma, Italia. Y mire que curioso, pero mientras él estaba en Roma escribiendo sus poemas de exiliado, yo también estaba en Roma, haciendo mis dibujos de exiliado. Y nunca nos encontramos.

