Presenta:

"Los delitos comunes son difíciles de esclarecer"

Comisario a cargo de la Dirección de Investigaciones.
Foto: Ivana González/MDZ
Foto: Ivana González/MDZ

Juan Carlos Calleri es el primer policía que llega a conducir la Dirección de Investigaciones luego de que la reforma llevada a cabo a fines de los ’90 reservara ese puesto para un cargo político. Su nombre se hizo famoso a partir de su actuación en la vieja división Toxicomanía –actualmente se llama Narcocriminalidad-. Fueron once años en los que, por ejemplo, cosechó elogios de fuerzas internaciones y de abogados penalistas foráneos que reconocían no encontrar en los operativos mendocinos las grietas necesarias para defender a sus clientes.

(NdR: la entrevista fue realizada días antes del robo al camión blindado registrado el lunes  por la siesta)

- ¿Hay más delitos que antes o es sólo una impresión?

- No sé si se están registrando más hechos. Lo que sucede es que en la calle se perciben situaciones de inseguridad. Particularmente, nuestro trabajo comienza luego de que se produce un delito. Intervenimos para esclarecerlo. De alguna manera, eso también es combatir la inseguridad.

- ¿Y cómo se hace para responder a la demanda de la gente que quiere recuperar lo que le robaron?

- Los delitos comunes, por lo general no generan pistas y no dejan margen para una investigación. Por eso, casi siempre quedan impunes, y eso, lamentablemente, es lo que más le molesta a la gente. Pero los arrebatos, los robos en la calle o cuando sacan cosas de adentro de un auto  son situaciones difíciles de esclarecer; salvo que se encuentre al culpable en ese momento. En cambio, en los grandes robos, los domiciliarios o los homicidios, siempre encontramos indicios para seguir. En el caso de los homicidios, la efectividad es muy alta: o tenemos al autor detenido o ya tenemos identificado al principal sospechoso.

- ¿El homicidio es lo más fácil de investigar?

- Sí. Siempre aparecen pruebas que nos permiten llegar a los asesinos. De todos modos, hay casos que nos tienen desconcertados porque no tenemos por dónde empezar. Esa es la peor parte.

- Está claro que después de los golpes de estas últimas semanas, todo apunta al trabajo que puedan hacer ustedes...

-Sí, claro. Sabemos que en casos así todos nos miran porque tenemos el protagonismo casi exclusivo. La verdad es que los asaltos al Shopping o a la UMAR fueron muy bien planificados; especialmente el de la joyería. Los autores conocían el lugar, estudiaron los tiempos y se disfrazaron para no ser captados por las cámaras de seguridad. Es un hecho interesante para investigar. No suele haber muchos así en Mendoza.

- ¿No les hace ruido que siempre se sospeche de la existencia de policías involucrados?

- Pero a veces, cuando uno analiza los hechos, hasta resulta lógico que se piense así. En ese caso trabajamos de la misma manera, como lo haríamos con cualquier otro sospechoso. Obvio que da bronca, porque si se comprueba que hubo policías entre los asaltantes, esa noticia repercute en toda la fuerza. Directamente no merecen llamarse policías: son delincuentes.

- Hace años fue distinguido por la DEA (Drug Enforcement Administration). ¿Qué sintió en ese momento?

- Fue un orgullo, porque se trata de un premio otorgado para quienes se destacan en la lucha contra el narcotráfico. Y que me lo hayan entregado en la Embajada de los Estados Unidos habla de la importancia que tiene.  Fue el reconocimiento a una labor constante y que terminó con un circuito de tráfico de heroína desde Colombia y Panamá hacia Estados Unidos.

- ¿Alguna vez se vio obligado a tener que abandonar una investigación sobre drogas?

- Nunca nadie me puso trabas o me sugirió no investigar algo. Si en algunos momentos no llegamos a más fue por impericia nuestra, pero no porque alguien nos haya prohibido seguir adelante en una causa.

- ¿Cómo está calificada Mendoza en el mundo de las drogas?

- Mendoza es una provincia de paso, pero también de consumo; principalmente marihuana. Hace unos años hubo un pico máximo de procedimientos antidrogas, y a partir de ese momento, el número se estabilizó, aunque sigue siendo alto.

- ¿Sólo una provincia de paso?

-En la provincia se acopia mucha marihuana, porque sirve como centro de distribución para el resto de la zona. Toda la droga que llega a Mendoza viene procedente de Paraguay y desde aquí se vende a San Juan, a San Luis, al sur del país y a Chile. En cambio, el camino de la cocaína en Mendoza es más reducido. Llega por las rutas 7 ó 40 y es para consumo interno. Hay casos en que intentan llevarla a Europa a través de nuestro aeropuerto. En esos momentos comenzamos a trabajar de manera coordinada con todas fuerzas. Existe una relación excelente con las divisiones antidrogas de los países vecinos, de Colombia, la DEA y con las fuerzas federales argentinas.

- Los vecinos suelen quejarse porque dicen que ellos saben quiénes venden drogas, pero que la policía no hace nada. ¿Qué responde?

- En muchos casos tienen razón. Hay que ser sincero y reconocer que no podemos cumplir con la demanda de la gente. De la información que nos ingresa por denuncias de vecinos, sólo podemos cubrir un 40 por ciento. Cada uno de esos datos da origen a una investigación, y eso lleva su tiempo. Para eso trabajamos, además, con un grupo especial que suele moverse por plazas y espacios verdes para intentar dar con los vendedores.

- ¿Y qué hacen cuando uno de los llamados al Fonodroga aporta información confiable?

- En lo posible intentamos comunicarnos con ese vecino. Le pedimos colaboración. Muchas veces montamos puestos de guardia en esas casas y filmamos los movimientos. Pero eso sólo lo usamos como herramienta propia; no válida como prueba, porque a partir de las imágenes es fácil determinar desde donde se apuntó la cámara, y sería poner en riesgo la vida del vecino que se animó a denunciar.

- ¿Es fácil detectar al vendedor?

- Los movimientos en los sitios donde venden drogas son todos similares. Lo mismo ocurre con el comprador. Cada vez que alguien que compra sale de un lugar, lo primero que hace cuando está en la vereda es ver si realmente le dieron lo que buscaba. Y esas conductas nos sirven para saber si la investigación está bien orientada. Pero no siempre resulta: hace poco hicimos un allanamiento en un boliche porque nos dijeron que estaban vendiendo éxtasis. Todos los patrones indicaban que estaban vendiendo drogas, pero cuando entramos, encontramos que, en realidad, en vez de pastillas de éxtasis entregaban viagra.

- ¿Es decir que, muchas veces, el comprador es la prueba necesaria para dar con el vendedor?

- Algo así. Se lo sigue algunas cuadras, se lo revisa y si tiene droga encima, entonces es el elemento necesario para hacer un allanamiento.

- Pero si se despenaliza el consumo no podrán hacer eso.

- Por supuesto que no.

- ¿Entonces está en contra de esa medida?

- Totalmente en contra, y tengo mucha bibliografía para justificar lo que pienso.