"Es muy fuerte cuando las mujeres luchan por la paz"
Rebecca Peters es una personalidad de alcance global. Hoy puede estar reunida con organizaciones no gubernamentales (ONGs) en el Este de Africa y al día siguiente dando un discurso ante las Naciones Unidas. Esa misma semana la podemos encontrar en algún país asiático o ajetreada, como siempre, en su oficina de Londres.
El resto del año se reparte en reuniones en todos los continentes, con las casi 1.000 organizaciones que componen su red o dialogando, presionando o criticando a algún jefe de Estado.
Hemos dialogado con ella en diversas oportunidades. En Nueva York, en su oficina en Londres, en Buenos Aires, a donde viajó en 2004 para la creación de la Red Argentina para el Desarme.
Es una fuente de conocimiento y se mueve con tranquilidad en 5 idiomas, entre ellos un español inmejorable. Su historia personal, plagada de anécdotas regadas por el mundo, puede ser motivo de otra nota.
La crónica de su vida pública nació en su Australia, tras una masacre cometida por uno de esos locos que uno ubica mejor en las aulas estadounidenses. Sucedió en Tasmania, hace 12 años.
Ella, periodista, inició desde su rol social una campaña de reformas de leyes en su país. Recogió apoyo de mucha gente y logró algo que aquí, en esta zona en donde la violencia cotidiana nos desvela parece inalcanzable: bajó a la mitad la cantidad de muertes en Australia.
Logramos hablar con Rebecca Peters, desde Londres, en donde recordó sus reuniones con jefas de Estado mujeres y recordó a las Madres del Dolor argentinas como ejemplo de lucha contra la impunidad y lainseguridad.
- Usted y la gente que acompañó su campaña en 1996 consiguieron en Australia que los asesinatos disminuyeran a la mitad. Esto fue después de la gran matanza que se produjo por un tiroteo en Tasmania. Desde ese momento hasta ahora, ¿cree que la creciente participación de las mujeres primero en las ONG y luego en los gobiernos ayudó a trazar nuevas líneas de trabajo contra la violencia?
- Ciertamente, hemos sido testigos de la toma de conciencia de muchos países con respecto al impacto de las armas pequeñas en la vida de las mujeres desde que trabajamos en Australia.
Esto se debe en parte al incremento de la participación de las mujeres en el trabajo contra la violencia. Por supuesto, las mujeres han estado trabajando en movimientos de paz por más de un siglo, pero fue sólo hasta hace pocos años que comenzamos a ver a las mujeres tomando
cargos de conducción, especialmente en la ONU. La Directora saliente de UNIDIR, el Instituto de la ONU para Investigaciones sobre Desarme, por ejemplo, es la Dra. Patricia Lewis.
Mujeres como Vanessa Farr, Asesora Principal sobre Género en el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) también están trabajando para asegurarse que el impacto de las armas en la vida de las mujeres sea reconocido en el más alto nivel.
- ¿Cuál es el hito en esta etapa de trabajo organizado de las mujeres contra la violencia en las ciudades?
-Un paso crucial fue el reconocimiento de la importancia de la participación de la mujer en la lucha contra la violencia armada cuando se aprobó la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU, en el año 2000.
Esta resolución histórica pide la participación igualitaria de las mujeres en todos los esfuerzos para el mantenimiento y promoción de la paz y la seguridad. Muchas mujeres estuvieron trabajando en el grupo de trabajo de ONGs que lucharon sin descanso para lograr su aprobación. Son demasiadas como para mencionar sólo algunas individualidades.
- ¿Considera que estamos bien encaminados?
- Todavía queda mucho trabajo por hacer. Muy pocos países han acordado planes nacionales de acción para asegurarse que la resolución de la ONU se implementa cabalmente. Por ejemplo, sorprendentemente, a principios de año, hubo muy pocas mujeres en la conferencia de Paz de Goma República Democrática del Congo) que buscaba pacificar la región Este de ese país, aunque el acuerdo de cese al fuego reconoce el uso de la violación como arma de guerra en una escala barbárica.
Durante los primeros 6 meses del año pasado, sólo en la región Oriental, inmersa en el conflicto, hubo 4.500 casos de violencia sexual y violaciones. No es solo una cuestión de hacer que las mujeres estén presentes para la firma de esos acuerdos; también deben tener la oportunidad de hablar en nombre de todas las mujeres afectadas.
- Hace un año, usted, junto a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf y Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y ex alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pidieron a los gobiernos que elaboren un estricto Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas para acabar con un comercio de armas que alimenta la violencia y los conflictos en el mundo. ¿Ha encontrado en otras mujeres jefas de Estado como Merkel, Bachelet o Fernández de Kirchner entusiasmo para apoyar la iniciativa?
- Si bien es cierto que el trabajo de la presidenta Ellen Johnson-Sirleaf ha sido una notable contribución al progreso de las discusiones de un Tratado Mundial, pienso que el trabajo que realizan las mujeres en gobiernos locales y en las comunidades puede ser todavía más crucial.
Son las que trabajan en todo el mundo sin ninguna clase de reconocimiento. Tanto Ellen Johnson-Sirleaf como Mary Robinson son excelentes modelos y pueden hacer uso de su influencia en los foros internacionales. También, las mujeres que se organizan en las calles para protestar contra la violencia armada en América Latina tienen un rol muy importante en el camino hacia un Tratado Mundial.
- ¿Conoce el caso de mi país, Argentina?
- Argentina ha sido uno de los países líderes en la iniciativa para controlar el comercio de armas. Bajo la conducción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, esta línea quedó ratificada de inmediato.
Estamos seguros que ese liderazgo seguirá siendo un factor decisivo en las futuras etapas de negociación del Tratado y probablemente, las características propias de la particularidad con las que las mujeres podemos influenciar positivamente la construcción de un mundo sin
violencia: constancia, delicadeza y autoridad moral, se evidenciarán en la manera como Argentina siga sumando esfuerzos para asegurar tan importante instrumento.
- Se dice que este es "el siglo de las mujeres". ¿A qué otras mujeres indicaría como trabajadoras de la paz al frente de áreas gubernamentales o de organizaciones internacionales u ONGs?
- Bueno, son muchísimas como para mencionarlas aquí. Sus circunstancias varían muchísimo unas de otras. Además de Australia, los movimientos para el desarme en varios otros países están liderados por mujeres, como Wendy Cukier en Canadá, Adele Kirsten en Sudáfrica, Jennifer Santiago Ortega en Filipinas, Eileen Kolma en Papua Guinea, Bina Lakshmi Nepram en India, Laura Lodinius en Finlandia, Gill Marshal Andrews en el Reino Unido, Carmen Rosa de Leon en Guatemala, Folade Mutota en Trinidad y Tobago, Janelle Leitch en Guyana y Pauline Dempers en Namibia.
Precisamente esta última recibió golpizas y torturas mientras era amenazada a punta de pistola cuando fue prisionera política luchando contra el apartheid en los años 80. Ahora participa en la revisión de la legislación en Namibia. Sabemos que no le ha sido fácil, varias veces el gobierno y la policía intentaron impedir que su organización tuviera presencia alguna en los procesos de revisión.
También reconocemos el coraje y la entereza de María Elsa Ghiglia de Canillas, en Argentina, de las Madres del Dolor, quien luego de perder a su hijo no ha descansado para organizar a la sociedad argentina en general y las mujeres procurando justicia y que otras madres no sufran
nunca más lo que le tocó vivir. Realmente, es muy fuerte lo que se logra cuando las mujeres salen a luchar por la paz.
- ¿Por qué cada vez son más las mujeres que van al frente cuando se trata de defender a la humanidad de la violencia?
- A veces se dice que la mujeres se destacan en este tema porque son las que dan a luz a los niños y los cuidan... Puede ser. Pero yo creo que la explicación es que las mujeres somos muy prácticas y estamos acostumbradas a abordar problemas directamente, sin esperar hasta que se encuentren recursos, por ejemplo. Si fuera así, ¡nos quedaríamos esperando por siempre!
- ¿También tienen que ver algunas cuestiones que hacen que el hombre se sienta más hombre, y que las mujeres desmitifican, como son las armas?
- No compartimos las ilusiones ni las fantasías sobre las armas. Para muchos hombres un arma representa un accesorio que confiere poder, valor, machismo, dominación, venganza, la oportunidad finalmente de mostrarse como un héroe delante de su novia, la familia, los amigos…
Las mujeres, por otra parte, no le encontramos el romance a eso. Reconocemos que un arma es simplemente un producto hecho para matar. Como cualquier otro producto peligroso (venenos, sustancias químicas), las armas deben ser estrictamente controladas para prevenir su proliferación en nuestras sociedades.
- Precisamente en esa tarea pudo vérsele en medios internacionales recientemente a usted y a muchos representantes de su organización luchando contra un barco que transportaba armas a Zimbabwe…
- En el caso reciente del barco con armas chinas yendo a Zimbabue se notó como han sido hombres, fundamentalmente los trabajadores en los puertos, los que han recibido el mayor crédito por prevenir que las armas llegaran a Zimbabue, no desmerecemos su acción, fue crucial.
Tanto, como la de muchas mujeres que trabajaron detrás de escenas, como la abogada de derechos humanos Nicole Fritz, que realizó toda la causa legal que resultó exitosa al conseguir una orden de la Corte de Durban impidiendo que tal cargamento mortal tocara suelo sudafricano.
- ¿Las mujeres están dando un paso al frente para doblegar la violencia?
- Hay muchas mujeres involucradas en una larga lucha colectiva –y que necesitará más acciones que la celebrada elección de algunas mujeres como jefas de Estado- para lograr el cambio sustancial que todas ansiamos.