"La simpatía entre los presidentes de izquierda tiene límites"
La izquierda latinoamericana está viviendo su “veranito” en el poder. Diversa y dividida, como siempre, no logra articular un proyecto integrador. Hoy, puede analizarse con parámetros similares a los utiulizados para auscultar a los antiguos gobiernos neoliberales: la mayor o menor alineación con el referente más fuerte de la ideología en boga. En este caso, por la adhesión total, crítica o nula a los designios del venezolano Hugo Chávez Frías.
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Mientras algunos analistas auguran un “efecto pendular” en lo ideológico, proclamando, como en el caso chileno, el triunfo de la derecha, otros –como el ecuatoriano Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador, sostiene que tras la aparición del esquema progresista en varios países latinoamericanos, la tarea de reconstituirse le resultará muy difícil a los sectores tradicionales del poder.
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Un analista de prestigio internacional en la materia es el estadounidense Benjamin Goldfrank.
Trabaja como docente asistente en la John C. Whitehead Escuela de Diplomacia y Relaciones Internacionales en la Universidad Seton Hall y realizó su doctorado en Ciencias Políticas en Berkeley, en la Universidad de California. Goldfrank es co organizador del libro La izquierda en la ciudad: Participación en los gobiernos locales de América Latina (Barcelona: Icaria y Transnational Institute, 2004) con Daniel Chávez. Pero además es autor de varios capítulos de libros sobre participación ciudadana y de artículos en revistas como Politics & Society, Comparative Politics, Latin American Politics and Society, Revista de Ciencia Política, y Nueva Sociedad.
- Chávez cumple 10 años en el poder. ¿Cuál es su evaluación de las múltiples etapas por las que pasó desde su llegada al gobierno hasta su definición como "socialista del Siglo 21"?
- Yo llegué Venezuela por primera vez en diciembre de 1998, justo cuando se eligió a Chávez por la primera vez, y he regresado varias veces en los últimos diez años. En ese tiempo he sido sorprendido de maneras gratas e ingratas. En 1998, cuando Chávez hizo una campaña de una violencia verbal contundente, declarando que iba a cortar las cabezas de la gente corrupta y freirlas en aceite, yo, en ese momento, no tuve grandes espectativas de su presidencia y no lo vi como representante de la izquierda sino como un ex-militar golpista.
Fue una sorpresa grata para mí que su gobierno y la nueva Constitución adoptara algunas ideas y prácticas de la nueva izquierda latinoamericana como la democracia participativa. Y evalúo como positivos también los avances impresionantes en términos de reducción de la pobreza y mejoras en los sistemas de educación y la salud. Al mismo tiempo, evalúo como negativo la falta de trato civil entre oponentes políticos en el paí¬s y el continuo uso de la violencia, tanto verbal como física, entre chavistas y anti-chavistas.
- ¿La culpa, entonces, es de ambos sectores?
Está claro que la oposición a Chávez tiene tanta culpabilidad en esto como él, y hasta más. Pero su falta de escuchar y respetar voces diferentes y su falta de dejar la creación de una organización política no personalista me parecen problemas importantes. Y el problema del crimen violento que ya existía y estaba creciendo antes de Chávez sigue empeorando bajo su gobierno y es apuntado como el peor problema del país por los venezolanos.
-¿Se impondrá como ideario rector de la izquierda latinoamericana?
No me parece muy probable; no. La izquierda latinoamericana es muy diversa y me parece que los líderes de izquierda más exitosos responden a condiciones nacionales mucho más de que siguen ejemplos extranjeros.
- Usted considera que el gran problema de la izquierda ha sido, históricamente, en nuestros países, el divisionismo. ¿Cree que con los triunfos de Evo Morales, Correa y el mismo Chávez esa situación tiende a homogeneizarse?
- Hay una simpatía entre los nuevos presidentes más a la izquierda, incluyendo no sólo los que menciona la pregunta pero también Vázquez, Lula, y Lugo, pero esta simpatía también tiene límites, como estamos viendo con los problemas de deuda entre Ecuador y Paraguay de un lado y Brasil por el otro. Pero dentro de cada país, todavía hay divisiones entre partes de la izquierda – tanto en Venezuela como en Ecuador y Brasil (un poco menos en Uruguay y tal vez en Bolivia). Estas divisiones tal vez no son tan marcadas como fueron en el pasado, pero todavía existen y pueden relucirse otra vez.
- ¿Cómo quedan parados en el mapa de la izquierda los socialistas como Lula, Bachelet y Tabaré Vázquez?
De izquierda al centro: Vázquez, Lula, Bachelet.
- ¿Dónde ubicaría, en el abanico ideológico, al gobierno de los Kirchner?
No tengo muchas bases para formar una opinion informada.
- A la izquierda históricamente le resultó más fácil crecer en las ciudades. ¿Está cambiando ese panorama?
Con los liderazgos de Chávez, Morales, y Lula, sí, está cambiando. Por ejemplo, el partido de Chávez, el PSUV, perdió en las dos ciudades mayores de Venezuela en las elecciones municipales recientes pero ganó en más de 75% de las ciudades del país, que son pueblos más pequeños en su mayoría. El PT en Brasil también está creciendo más en las partes rurales que en las grandes ciudades últimamente. Creo que esto tiene que ver con el aumento de gastos sociales de estos gobiernos, como la Bolsa Familia en Brasil y el Barrio Adentro y Mercal, por ejemplo, en Venezuela.
- ¿Por qué un electorado que no está convencido ideológicamente de los principios de la izquierda ha llegado a acompañarla con su voto en las elecciones? ¿Qué espera de un gobierno de izquierda?
Por un lado, los presidentes de izquierda en muchos países no se presentaron tanto como "izquierda" y más como "cambio." En Brasil, Lula ya era "Lulinha, paz e amor" cuando fue electo, o sea, estaba señalando que entendía que tenía que obedecer las reglas del Mercado, y el PT había construido una coalición muy amplia ideológicamente para ganar la presidencia. Vázquez y el Frente Amplio tenían que hacer algo parecido. Y Chávez no era claramente de izquierda en su primera campaña. Correa no era obviamente de izquierda tampoco – y otros candidatos que se decían de izquierda en Ecuador en esa época. Entonces me parece que los votantes estaban votando por un cambio, y los candidatos que mejor representaban el cambio ganaron.
Siguen votando por las izquierdas porque están ampliando los gastos sociales y ha habido crecimiento económico con expansión de empleo. La izquierda ha tenido la suerte de gobernar en tiempos buenos para los productos más redituables en la región – los "commodities" – pero esto está cambiando ahora con la recesión global.
- ¿Será el de Obama un gobierno que tienda puentes a estas ideas?
Espero que sí, pero su gabinete no me da mucho ánimo.