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La dura infancia de Ryan Reynolds y la tensa relación con su padre

Hoy el actor de Deadpool es una de las figuras más reconocidas de Hollywood pero todo lo que antecedió a su ascenso en el estrellato estuvo marcado por una etapa complicada con su padre y en la manera que tuvo de educarlo a él y a sus hermanos.
Foto: https://www.menshealth.com/es/noticias-deportivas-masculinas/a39182757/ryan-reynolds-less-stunts-hurting-age/
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Cuesta imaginar a nuestros actores preferidos pasando por momentos difíciles y tristes en sus vidas. Sobre todo por la imagen que tenemos en la actualidad de ellos, siempre con una sonrisa frente a las cámaras y en la cima de sus carreras. Los idolatramos como una especie de superhéroes y lo cierto es que la actuación es un trabajo más y que cuando se apagan las luces son personas de carne y hueso, tan humanos como nosotros y con historias muy distintas para contar.

Este podría ser el caso de Ryan Reynolds. Hoy, con 45 años, es uno de los rostros más conocidos. Y logró, además, no encasillarse en un género en particular, pudiendo lucirse en films de acción, comedia y hasta drama. Su historia es bastante particular, porque si bien debutó antes de los 20 años en la pantalla chica recién a los 26 tuvo su primera incursión en el cine. Desde entonces no paró de trabajar, obteniendo su punto más destacado en la saga de Deadpool.

Reynolds nació el 23 de octubre de 1976 en Vancouver, Canadá. Tras finalizar la escuela, en la que ya se había destacado como actor, se inscribió en la universidad, pero pronto entendió que allí no estaba su futuro: abandonó unos meses después de su ingreso. Y decidió probar suerte en la interpretación.

Ryan Reynolds en Deadpool.

Sin embargo, no fue fácil tomar esta determinación ya que estuvo a punto de ingresar a las fuerzas de seguridad. Sucedió que su papá, Jim Reynolds, era comerciante y también miembro de la Policía Montada de Canadá. Y los hermanos mayores de Ryan ya habían seguido sus pasos. “Probablemente yo también lo habría sido, si no fuera por este trabajo (la actuación). Ser un mountie es en realidad el trabajo más sucio, más duro y mucho más difícil de lo que piensas”, reconoció en una entrevista con la revista canadiense NW.

Entre las producciones más destacadas en las que pudimos ver al actor se puede mencionar Expediente X, Van Wilder: animal party, Amigos, Terror en Amityville. La bisagra se registró cuando encarnó a Deadpool, uno de los personajes más icónicos del mundo de los cómics. El film tuvo una recaudación de 85 millones de dólares en tan solo su primer fin de semana. En total, llegó a los 373 millones. Siguiendo por el mismo género, al año siguiente Ryan apareció en Adventureland. Ese mismo año también apostó por la comedia en La propuesta, otros de sus grandes logros laborales.

Más acá en el tiempo aparecen Alerta roja, Free Guy y Duro de cuidar 2, en el mismo año. Siempre dejando una impronta en cada uno de los proyectos en los que embarcó. Sin embargo, hay marcas que duelen y que están a flor de piel más allá del paso del tiempo. Hay situaciones que permanecen, con las cuales se debe aprender a convivir, como le ocurrió a Ryan en su infancia. Y de lo que pudo hablar recientemente.

Ryan Reynolds.

Todo fue luego de que la prensa mencionara que tiene problemas de ansiedad. Enseguida Reynolds contó que ese trastorno surgió cuando era chiquito, y que ya nunca pudo superarlo. “Cuando estresás a tus hijos se da una extraña paradoja que consiste en que de repente el hijo asume responsabilidades que no corresponden”, comenzó explicando en una charla con The New York Times.

“Mi padre era una persona muy dura. Y eso, para muchas cosas, es fantástico. Su problema es que también lo era con nosotros”, dijo. “No quiero que nadie se tome esto como la típica historia lacrimógena, porque todo el mundo lleva una mochila muy pesada a sus espaldas y yo no soy diferente a nadie en ese aspecto, pero crecer en mi casa no era algo nada relajante ni sencillo y sé que eso, a lo largo de mi vida, ha provocado que tenga que lidiar con la ansiedad de muchas y muy diferentes maneras”.

Esa ansiedad empezó a crecer a la misma velocidad de la fama, y esto le trajo complicaciones en su carrera. Llegó un momento en el que empezó a automedicarse. El cóctel explosivo lo completaba con fiestas y alcohol. “Todo esto ayudaba a salirme de los problemas”. Al ver lo que eso no terminó bien con algunos colegas y amigos decidió dar por finalizada su forma de evadir los problemas.

En gran parte, su salvación fue su actual pareja, la actriz Blake Lively. Tras un romance con Scarlett Johansson, con quien se casó en 2008 y se divorció en 2010, llegó Lively. Con ella también contrajo matrimonio. Dieron el sí en 2012, y más tarde tuvieron tres hijas: James, Inez y Betty.

Blake Lively y Ryan Reynolds.

Cuando supieron que a su padre le habían diagnosticado Parkinson, Blake le sugirió a Ryan que hablara con él antes de que fuera demasiado tarde, para que no queden deudas emocionales. “Siempre me he refugiado en los chistes para escapar de la tristeza o los lamentos, pero también en mi mujer, que tiene un gran don para eso”, remarcó el actor.

“Todas las familias tienen problemas, pero al final del día es más fácil centrarse en las cosas buenas que en las malas. Y sí, mi padre murió poco después de que mi hija naciera, pero antes de irse pudo conocerla y eso me hace ahora muy feliz”, confesó Ryan, sosteniendo que el nombre de su primogénita (James, hoy de siete años) es en honor a su padre, Jim. Se trata de una especie de reconocimiento por las cosas buenas que recibió de él, más allá de que fueron pocas. En definitiva, como suele resaltar, prefirió aferrarse a eso, por ínfimo que fuera, por el bien de toda la familia. Pero, sobre todo, el suyo.

Ryan Reynolds junto a su padre Jim Reynolds.