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El colectivo es un invento mendocino

La provincia de Mendoza se destacó históricamente por ser pionera en temas vinculados a los sistemas públicos de movilidad urbana.

El colectivo, un invento mendocino

El colectivo, un invento mendocino

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La provincia de Mendoza se destacó históricamente por ser pionera en temas vinculados a los sistemas públicos de movilidad urbana. Ayer fueron los ferrocarriles que llegaron a la provincia sobre finales del siglo XIX. “Mucha agua ha pasado bajo el puente” desde que aquellos primeros vagones del Ferrocarril Andino provenientes desde Buenos Aires atravesaron el río Desaguadero llegando a La Paz en 1883, posteriormente a la estación Gutiérrez (Maipú) en 1884 y a la Ciudad de Mendoza en 1885.

Eran tiempos de Rufino Ortega como gobernador provincial y de Luis Lagomaggiore como intendente capitalino, cuando aquel primer viaje desde la Capital Federal, tras recorrer 1.063 kilómetros y pasar por 87 estaciones intermedias (en menos de 40 horas de viaje), arribó a la histórica Estación Mendoza (Las Heras y Belgrano) un 7 de abril, trayendo como viajero al mismo presidente Julio A. Roca, y entre la numerosa comitiva a tres presidentes próximos: Miguel Juárez Celman, Luis Sáenz Peña y su hijo Roque, lo que mostraba claramente la enorme trascendencia de la circunstancia, estableciendo una verdadera bisagra paradigmática para la historia de Mendoza.

Además, y paralelamente, en ese mismo año (1885), precisamente un día antes de la llegada de tren que arribaba de Buenos Aires, comenzará a surcar el centro mendocino un primer tranvía provincial. Era tirado por caballos y tenía su estación central en la actual calle San Martín, esquina José Vicente Zapata de la ciudad capital mendocina, movilizando a miles de pasajeros que empezaban a dejar atrás los tradicionales “cocheros e’ plaza”, las coquetas galeras (patrimonio de unos pocos), el rudimentario catango o el familiar sulky.

El primer tranvía mendocino, tirado por caballos

El primer tranvía mendocino, tirado por caballos

El recorrido del pionero tranvía unía la nombrada estación ferroviaria Mendoza del Ferrocarril Andino, atravesando avenida Las Heras, doblando por calle San Martín (recientemente bautizada como tal, después de haber abandonado el nombre de calle San Nicolás) hasta llegar a la esquina donde actualmente está el Correo Central.

Y así a través de un recorrido temporal de más de ciento cuarenta años arribaremos hasta la actualidad, donde vemos integrados varios modos de transporte, tales como el “Metrotranvía”, colectivos, trolebuses y los sistemas de micromovilidad; pero siempre persiguiendo (tanto en el pasado como en el presente) el fin de desarrollar tecnologías para mejorar la calidad del viaje de los usuarios.

Los tranvías eléctricos y el pánico a la velocidad

Aunque parezca increíble, Mendoza tenía tranvías eléctricos desde 1912. Pero no solamente eso ofrecía Mendoza al país en materia de transporte: existía un servicio de trenes interurbano desde 1901 (líneas a Maipú y Lujan de Cuyo) y en 1903 una línea a Guaymallén; el automóvil arribó a la provincia en 1905; había un servicio de taxi brindado por el auto, marca Braghton, de Francisco Tangresi en 1910 y el tren Trasandino llegaba a Chile, pasando la cordillera de Los Andes desde 1910, tras haberse generando una obra monumental de ingeniería. Mientras en materia aeronáutica, con antecedentes que combinaban mitos de “ícaros” criollos (como “el molinero” Tejeda en tiempos del general San Martín) y hazañas trágicas sobre la imponente Cordillera de los Andes (la muerte de Matienzo), terminarán convirtiendo a la provincia en un pilar de la aeronáutica argentina, cuando desde 1911, Ricardo Rivoli realizó el primer vuelo oficial en la provincia a bordo de su monoplano Blériot.

Pero volviendo al tranvía eléctrico que arrancó el 1 de octubre de 1912, expondremos que comenzó contando con cuatro líneas principales que conectaban a la estación del ferrocarril Andino, el Parque, “la ciudad vieja” (Cuarta Sección), mientras que otro grupo llegaba hasta el centro de Godoy Cruz, Las Heras y Guaymallén. El servicio fue impuesto por la Empresa de Luz y Fuerza (ELF), que también se encargaba de proveer electricidad a la ciudad. Dicha estación tranviaria contaba con una usina propia, alimentada a través de un tendido de alta tensión proveniente de la generadora de energía hidroeléctrica que Carlos Fader (padre del pintor Fernando Fader) construyó en Cacheuta.

La terminal y los talleres estaban ubicados en un edificio sobre la avenida San Martín al 287 (sede actual del vigente EPRE - Ente Provincial Regulador Eléctrico) y a pocos metros del eje Peltier-Morón, frente al Colegio Universitario Central.

Al principio, los mendocinos miraban con cierta desconfianza estos vehículos eléctricos ya que temían a los riesgos de la electricidad, pero el mayor miedo radicaba en que circulaba a “muy alta” velocidad (¡30 km/h!).

El primer tranvía, decorado con banderas y escudos nacionales, partió en medio de una gran celebración popular. Este sistema de tranvías eléctricos operó hasta el 28 de enero de 1966, cuando el último tranvía realizó su recorrido final hasta Godoy Cruz, mientras que en 1968 se retiraron definitivamente las vías del tranvía.

El día del colectivo argentino

El 24 de septiembre de 1928 nacía en la Ciudad de Buenos Aires un nuevo medio de transporte: el colectivo y por ende su chofer: el colectivero. Ese día puntualmente (24 de setiembre) se reconoce el loable, comprometido y esforzado trabajo de un servidor social como es el colectivero argentino. Muy merecido reconocimiento.

La historia nos cuenta que en medio de una crisis de pasajeros, siete taxistas se reunieron en un bar ubicado en Rivadavia y Lacarra de Ciudad de Buenos Aires para analizar que podían hacer para revertir la situación. Al grupo se le ocurrió una idea innovadora, comenzar a hacer viajes "colectivos" con varios pasajeros para reducir costos. Desde ese mismo café comenzaron los primeros viajes. Inicialmente el recorrido del colectivo iba hasta destinos como Plaza de Mayo, Plaza Once o Flores, y rápidamente comenzaron a surgir nuevos recorridos, muchos más extensos y en diferentes partes del país.

El invento y los creativos mendocinos

Y así como, con enorme justicia se reconoce al estimado colectivero y se coloca con lógica razón en la orgullosa amplia lista de los grandes inventos mundiales producidos por argentinos al colectivo, se incurre en un error histórico cuando se sostiene que fue en 1928, en la ciudad porteña, donde por primera vez empezaron a circular los colectivos. La verdad determina que será Mendoza la primera provincia argentina, pionera en el mundo, que vio circular los colectivos desde 1914 (catorce años antes que en CABA).

Será cuando los hermanos José, Faustino e Inocencio Menéndez, decidieron poner en circulación automóviles marca Deaton, para realizar, con una frecuencia de dos viajes diarios, el trayecto desde su taller mecánico ubicado en Rodeo de la Cruz (Guaymallén) hasta la plaza San Martín, hecho que convirtió a Mendoza en precursora mundial del transporte público de pasajeros, según lo expresó y demostró en varios trabajos de investigación, el destacado historiador mendocino en la materia: Rodolfo Moyano. Los vehículos poseían gomas macizas y llantas de madera. Tenían dos hileras de asientos con una capacidad para siete pasajeros y utilizaban luz a carburo obtenida de un deposito que estaba cerca del estribo.

En 1918 los hermanos Menéndez incorporaran al servicio cuatro unidades nuevas, marca Ford, lo que significó un adelanto enorme para el bien de los usuarios, ya que mejoraron las frecuencias, mientras las unidades albergaban más pasajeros. En tanto, otros emprendedores se sumarán al rubro: Piccione, Bonfanti, Armando, Ojeda, Forgas, Morischetti, Stopel y Sanmartino, además de otros.

Los inconvenientes más comunes se encontraban en los caminos no programados para vehículos. Eran huellas y caminos que debían atravesar pantanos o arenales, y que los bueyes que tiraban carretas podían sortear a base de “rebencazos”, receta que no servía para los colectivos. También las huelgas frecuentes de los gremios que habían surgido hacía unas décadas, la falta de insumos básicos como nafta (por ejemplo) o los problemas mecánicos que surgían y no contaban con repuestos y técnicos preparados para atender tal coyuntura, eran inconvenientes frecuentes.

Aparecerá ahí, otra vez la creatividad y capacidad operativa de los emprendedores de Mendoza. Resaltaremos que desde 1920 (por distintas circunstancias que sería muy extenso detallar) no se importaba combustible, sino que la gasolina era adquirida en Lujan de Cuyo, generalizándose el uso de nafta propia: “Nafta América”. En tanto, los temas mecánicos contaron para su resolución con el enorme talento de los Menéndez; geniales mecánicos formados en su Asturias natal, que construían o adecuaban en sus tornos las piezas que solamente se conseguían en Europa o EE.UU. Eran tan reconocidos como mecánicos (empíricos ingenieros) que no solo atendían “el mundo automotor”, sino que también, las primeras máquinas de la industria vitivinícola que llegaron a Mendoza, y que únicamente se arreglaban en sus casas matrices de Francia, eran reparadas por los Menéndez, quienes paralelamente formaron una verdadera escuela de mecánicos mendocinos, a cuyos talleres también recurrían cientos de operarios de distintos puntos del país, mandados por sus patrones industriales y empresarios para ser capacitados en Mendoza.

Y vaya paradoja; recordemos lo imprescindible que ayer se constituyó el genio creativo de Fray Luis Beltrán para el éxito de la campaña libertadora durante del siglo XIX (bastará mencionar que el “Día del metalúrgico”, 7 de setiembre, se celebra en su honor por corresponder al día del cumpleaños de Beltrán en 1784). Cien años después, a principios del siglo XX, serán los mecánicos de Mendoza y sus grandes inventos, los que revolucionarán la industria mecánica nacional, con antecedentes transformadores que se reconocen actualmente en el mundo entero.