"El Disparate" y la preocupación por la inflación de mayo y junio

"El Disparate" y la preocupación por la inflación de mayo y junio

La preocupación oficial por los efectos negativos secundarios de una buena noticia. La mejora en ganancias para millones de consumidores de clase media y las presiones sobre la inflación.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

El alto funcionario del gobierno nacional participa de un off con el cronista, entusiasmado al mostrar algunos datos reales de la economía que funcionan razonablemente bien. Es, curiosamente en una semana complicada, optimista. Sin embargo, su sesgo cambia al analizar la variable más chúcara de todas: la inflación. Y dentro de su análisis, ya enojado, define sorpresivamente la mejora del Impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia de una manera dura y directa: "Un Disparate".

Tienen sus razones. En una semana donde la inflación fue protagonista, el gobierno está ya preocupado por los datos de mayo y junio; donde, en teoría, el alza de los precios debería comenzar a ceder ante los registros del primer trimestre del año. O al menos eso es lo que el gabinete económico en general y Martín Guzmán en particular, le prometieron a Alberto Fernández y el "ala política" del oficialismo. Los analistas del Ejecutivo tienen un temor concreto: que la mejora sustancial en el impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría que deberá comenzar a aplicarse desde la liquidación de los sueldos de ese mes, presione sobre los precios y sostenga el IPC más cerca del 4% que del 2%. Y que la mayor parte de la mejora que percibirán quienes tienen sueldos en relación de dependencia por debajo de los 150.000 pesos (y algo también quienes perciben hasta 175.000 pesos mensuales), se vea licuada por los incrementos en los bienes y servicios básicos; fundamentalmente alimentos.

Según la reflexión oficial, esto sucedería por una cuestión básica de los principios de la macroeconomía. Si no hay un incremento fuerte de la producción industrial de los bienes de consumo masivo (alimentos, bebidas, artículos de limpieza, tocador, etc), pero el poder adquisitivo se incrementa por la mejora en Ganancias que alcanzará a aproximadamente el 7,7% del total de los trabajadores (unas 2 millones de personas) que percibirán un alza promedio de 8000 pesos mensuales; la presión sobre los precios se incrementará por un simple cálculo de oferta y demanda. A mayor demanda por más disponibilidad de efectivo, pero con la misma cantidad de bienes; los precios suben. En consecuencia, la mejora en el poder adquisitivo resultaría menor a la esperada por el gobierno y los propios beneficiarios.

El análisis empeora si además se tiene en cuenta que en la liquidación de los salarios de abril (que los beneficiarios percibirán en los primeros días de mayo), se sumará el importe retroactivo liquidado de mas en Ganancias para la cuarta categoría entre enero y marzo; lo que multiplica por tres el beneficio, y le permite disponer de más efectivo a los consumidores. La masa de dinero disponible para la adquisición de bienes en mayo será entonces la más importante del año, pero sin que se perciba un incremento fuerte y sostenido de la oferta. Al menos en la misma aceleración porcentual de los salarios.

Como se trata en general de consumidores de clase media casi sin posibilidad de acceso al dólar ahorro (la mayoría de las empresas que pagarán en diferencial de Ganancias percibieron ATP lo que impide la operación de compra de divisas de sus empleados), y sin mayores alternativas de ahorro en pesos; será entonces inevitable que el dinero se destine al consumo. Y en consecuencia a una mayor presión inflacionaria, si no hay un incremento en la oferta.

Ingrata sorpresa

El alza del jueves sorprendió a todos. Dentro y fuera del gobierno. El 4.,8% fue un verdadero bombazo; que llevó el índice a 13% acumulado para el primer trimestre y a un 42,6% en el año. Con estos datos, la meta del 29% fijada por el ministro Martín Guzmán parece una utopía. A tal punto que desde el propio gobierno se habla ya de una "inflación macrista". Hay algo de razón. Como se dijo en estas líneas el viernes pasado, por ahora el mal resultado de marzo, el mayor registro desde que Alberto Fernández es presidente, está por debajo de los cuatro peores del gobierno de Mauricio Macri: 6,7% en abril de 2016; 6,5% en septiembre de 2018; 5,9% de septiembre de 2019 y 5,4% en octubre de 2018.

Es verdad que abril será un mes de menor presión, pero que impulsará la variable al 15%. Las apuestas del oficialismo se concentraban en que para los últimos dos meses del segundo trimestre y el tercer trimestre del año; la presión baje y se ubique en un 2% mensual. Sin embargo, su el IPC se mantuviera durante mayo y junio en el 4%; en el primer semestre el incremento de la inflación podría superar el 20% y ubicarse entre 23 y 24%. Y de no frenarse, las predicciones privadas que anticipan un alza anual del 50% serían más creíbles que las oficiales. Y, volviendo a Ganancias, si esto sucediera, para octubre (mes electoral donde gran parte de la suerte del oficialismo se definirá con el humor de la clase media), gran parte de la mejora salarial que se ejecutará desde este mes se habrá licuado.

Ya casi en solitario, Martín Guzmán sigue defendiendo su posición. El equipo Económico aún habla de un resultado final más cercano al 29% que al 50% que estiman los privados. Y anticipa que si se respetan ciertas reglas de coordinación fiscal y monetaria, en el segundo semestre las noticias serán más amigables que las del primero. Obviamente no es una reflexión pública, pero a gran parte de los integrantes del Gabinete Económico (no sólo a Guzmán) la medida de Ganancias para la cuarta categoría en el contexto actual no le produce optimismo. Más bien preocupación. Y se aprovecha para recalcar la necesidad de mayor prudencia fiscal a la hora de hablar de emisión monetaria, subsidios a las tarifas de servicios públicos y, en estos tiempos, planificación de expansión de las ayudas impositivas y crediticias fruto de los cierres por la segunda ola del Covid.

Para el kirchnerismo puro y duro no hay dudas. El responsable de los malos resultados en la batalla contra la inflación, está en el ministerio de Economía. Y tiene nombre y apellido: Martín Guzmán. Según se aseguró en estas columnas, el conflicto ya político más que económico generado por el alza de los precios y su efecto sobre la clase media (y sus votos), será la próxima embestida contra el ministro de Economía. Luego del affaire aún inconcluso por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el problema que se le endilgarán a Guzmán es mucho más complicado de solucionar, y con muchos menos armas y herramientas disponibles para defenderse. Especialmente si se tiene en cuenta que  gran parte de la solución y el aplanamiento de la curva de alza de precios dependen no sólo de decisiones que se tomen en el Palacio de Hacienda, sino en otras carteras. Como, por ejemplo, la decisión de manejar con cuidado extremo la disponibilidad de efectivo en los consumidores que demandan productos de necesidad básica, contra una producción que no alcanzaba a abastecer esa demanda, aún antes del incremento de esa demanda.

Se explica aquí una de las grandes embestidas del gobierno contra las empresas, proveniente no del Gabinete Económico, sino desde el sector más kirchnerista del manejo de la Economía dentro del Poder Ejecutivo: la secretaría de Comercio Interior de Paula Español. Esta repartición determinó por resolución administrativa que casi 1000 compañías productoras de alimentos, bebidas o bienes de consumo masivo, deban trabajar al 100% de su capacidad instalada; aún a pérdida y bajo amenaza de fuertes sanciones. Es la manera que el ala más dura de la alianza del gobierno encontró para solucionar el problema que generará entre mayo y junio el incremento del poder adquisitivo de la clase media que se verá beneficiada por la mejora en Ganancias.

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