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Dicen "corralito" y miran a Argentina: parecidos y diferencias

En el mundo cada vez que hablan del corralito griego se remiten a la triste experiencia de nuestro país a fines de 2001. ¿En qué se parece la actual "tragedia griega" con el oscuro panorama argentino de comienzos del milenio? Aquí un análisis realizado en España.

No hay lugar en el mundo en donde se mencione la palabra "corralito" en el que, de inmediato, eso no remita a la situación argentina del 2001.

Tal es el caso del artículo preparado para La Vanguardia, en Barcelona, por el periodista Lalo Agustina. En él, se toma del caso argentino para analizar la situación de Grecia y encuentra parecidos y diferentes entre ambas situaciones.

Para Agustina, son las siguientes:

La deuda. El desencadenante de ambas situaciones se encuentra en una dura crisis que derivó en la imposibilidad de pagar la deuda externa. Argentina llegó a este punto tras una fuerte recesión, que se inició con la caída del PIB un 4% en 1999 y fue seguida de tres años de contracción de la economía. Lo mismo que Grecia, donde los problemas se agravaron por las políticas de austeridad que buscaban precisamente revertir su situación. El PIB griego llegó a caer cinco años seguidos en los que se dejó un 25% de su valor nominal.

El BCE y el Banco de Argentina. En el caso de Argentina, que había apostado por la paridad entre el peso y el dólar, la política monetaria la marcaba en la práctica la Reserva Federal de EE.UU. El Banco Central de la República Argentina intervenía en el mercado para mantener la paridad. En Grecia, en cambio, su pertenencia a la unión económica y monetaria implicaba desde el primer momento la cesión de la política monetaria al BCE. Grecia, con el euro, no puede devaluar su moneda para estimular sus exportaciones. Argentina, sí, y por eso rompió la paridad del peso y el dólar cuando comprobó que no podía pagar.

Los recursos del país. A priori, Argentina -la segunda economía de América del Sur y hoy con 41 millones de habitantes- contaba con una economía mucho más diversificada y potente que la griega, a la que triplica en tamaño. Y, además, con recursos naturales. Grecia, en cambio, se enfrenta al previsible caos de su salida del euro con una economía lastrada por su baja productividad y con el turismo como monocultivo para generar ingresos.

Los bancos. La limitación de las disposiciones de fondos de los bancos es muy similar. En Grecia, de momento, se ha decretado para esta semana completa, a la espera del referéndum del domingo. En Argentina, el corralito duró casi un año, desde el 2001 hasta el 2002. El final fue dramático, ya que el Gobierno primero acabó con la Ley de Convertibilidad y después decretó que todos los saldos bancarios en dólares se convirtieran en pesos... con el tipo de cambio oficial.

El futuro. Argentina se recuperó relativamente rápido, llegó a un acuerdo con sus acreedores con una amplia quita de su deuda y aplicó las reformas necesarias. Devolvió el dinero que debía al FMI antes de tiempo. Todos los analistas afirman que la deuda griega es impagable. Si confirma el impago y el país sale del euro, los acreedores no tendrán más remedio que pactar una solución. Por último, el 80% de los acreedores de Grecia son públicos y están en Europa, mientras que la deuda argentina era fundamentalmente privada.

EN OTROS MEDIOS

En tanto, El Mundo tituló: "El corralito argentino: un doloroso espejo para Grecia". El periodista César Galero introduce así al caso de nuestro país:

Si hay una fecha reciente que ha quedado marcada en el imaginario de toda una generación de argentinos es la de diciembre de 2001. Lagrave crisis económica por la que atravesaba el país debido a una política suicida de sobreendeudamiento degeneró en un irremediable 'default' de unos 100.000 millones de dólares. Ante falta de liquidez financiera y la masiva fuga de capitales, el Gobierno de centroizquierda de Fernando de la Rúa había decretado el cierre de la actividad bancaria a primeros de diciembre. Se acababa de acuñar un nuevo término económico: el "corralito". Las protestas no se hicieron esperar. Miles de personas descargaron su ira contra sus gobernantes. Después de tres semanas de caos, con varios muertos por efecto de la represión policial, De la Rúa abandonaba el poder desde la azotea de la Casa Rosada. La imagen del mandatario huyendo en helicóptero era el triste epitafio de una política económica nefasta. La indignación popular quedó resumida en una frase: "¡Que se vayan todos!" .

Por su parte, el diario también español Vozpópuli resaltó el origen del término: "No olvidemos que una vez que Argentina aprobó un corralito entró en una espiral de inestabilidad política tal que le llevó a contar con cinco presidentes en unas dos semanas".

En México lo recuerda el diario El Horizonte

El escenario, cuando menos, es grave. Es un dèjá vu de lo ocurrido en Argentina en 2001 con el famoso “corralito”, que fue seguido de un default y un posterior cierre de los mercados extranjeros para financiar la deuda pública. Un combo adverso que destapó una fuerte crisis social cuyas heridas aún no cierran 14 años después.

El ejemplo argentino no es un dato menor. En Grecia los nubarrones son cada vez más oscuros y la salida no se antoja accesible. El gobierno de Alexis Tsipras ya avisó que hoy no pagará un vencimiento de €1,600 millones de euros al Fondo Monetario Internacional y a su vez mantiene en pie el referéndum para el 5 de julio, en el que los griegos decidirán si aceptan o no la nueva propuesta de los acreedores.