Grecia aplaza de nuevo el pacto sobre los recortes pese a la amenaza de quiebra
A las escaramuzas entre los políticos y los mercados que caracterizan la crisis griega (y después europea: todas las crisis europeas empiezan en los Balcanes) se suma cada vez con más fuerza el desasosiego en las calles. La enésima huelga general en Grecia dejó ayer una imagen inquietante, con la quema de una bandera alemana, y de otra nazi, en los aledaños del Parlamento.
Entre 10.000 y 20.000 manifestantes protestaron en Atenas por otra ronda de despidos en el sector público, una poda adicional de sueldos, pensiones y demás tijeretazos propios de esta época. Ese descontento elevó la temperatura política: el Gobierno del tecnócrata Lukas Papademos y la troika —la Comisión, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondos Monetario Internacional (FMI)— no consiguieron cerrar un acuerdo para consagrar la nueva oleada de austeridad a cambio de un nuevo y multimillonario plan de ayudas. Los partidos griegos se resisten a tragar la amarga píldora, con los comicios a la vuelta de la esquina. Y Papademos se reunió anoche de nuevo con la troika para intentar alumbrar un documento final, según fuentes políticas.