El año más difícil del euro
1. Juran y perjuran. "El euro no va a desaparecer", pregona Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo. "El euro es irreversible", asegura Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE). El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, conmina a "hacer todo lo posible para salvar el euro". La canciller alemana, Angela Merkel, ha repetido hasta la saciedad que "si el euro fracasa, fracasa Europa". El presidente francés, Nicolas Sarkozy, advirtió en tono aún más apocalíptico antes de la última cumbre que "no habrá una segunda oportunidad" para salvar el euro.
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Este alud de proclamas revela mejor que ningún otro análisis la gravísima situación en que se encuentra el proyecto europeo, cuando el 1 de enero se cumplen los 10 años de la puesta en circulación de los billetes y monedas del euro. La posibilidad de ruptura, de una implosión de la eurozona, ha dejado de ser un imposible, informa hoy el diario El País de España.
El euro nació con un banco central común, pero sin un Tesoro común: en medio de la Gran Recesión esa debilidad -esa cojera- ha dejado Europa muy rezagada, a la intemperie. La crisis proporcionó una opción para remediar esa deficiencia, pero Alemania no lo pone fácil: ha impuesto el palo de la austeridad, pero de momento no hay mucho más: nada de zanahoria. Berlín está en desacuerdo con el resto del mundo en su temor a la inflación más que a la recesión y, por encima de todo, los alemanes no quieren ser quienes paguen los platos rotos del resto de Europa. "Berlín quiere que los demás paguen por sus pecados. Incluso los mejores economistas alemanes han sucumbido a este cuento moralista. Sin esa fuerza motriz que ha sido Alemania durante años, la integración europea está en punto muerto", explica Paul de Grauwe, del Centre for European Policy Studies (CEPS).
2. Crisis múltiples. Nicolas Veron, investigador de Bruegel, un centro de estudios de Bruselas, subraya las múltiples dimensiones que está adquiriendo la crisis: "En el frente de la deuda soberana no hay acuerdo a la vista sobre la reestructuración de Grecia, mientras que España e Italia se enfrentarán a mayores necesidades de refinanciación en 2012. En el frente de las reformas institucionales, la cumbre de diciembre no logró una verdadera unión fiscal y las tensiones con Reino Unido están al rojo vivo". El sistema bancario, añade Veron, "personifica muchas de las contradicciones del experimento europeo de la Unión Monetaria". Los sucesivos fracasos de las repetidas pruebas de resistencia efectuadas revelan que nadie sabe cuál es su situación real: no sabemos cómo están los bancos. Solo sabemos, como recordaba hace pocos días un alto funcionario del BCE, que "desde hace meses el crédito está paralizado". Eso tiene consecuencias potencialmente desastrosas: "Una economía capitalista es una economía basada en el crédito. Cualquier cosa que reduzca severamente el flujo del crédito es perjudicial", explica Antonio Torrero, de la Universidad de Alcalá.

