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No es cuestión de Medidas, lo que importa son los Principios
No discutimos eliminar las retenciones, los subsidios o bajar impuestos, todo gira en torno de la medida de lo mismo. Esto es seguir pensando en la emergencia. La intervención del Estado es asfixiante y de esta forma es difícil pronosticar un escenario económico de crecimiento sostenible.
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Argentina es un país que nunca dejó de estar en emergencia, porque jamás abandonó los instrumentos extraordinarios que se aplicaron 2001-2002 para salir de la misma.
La crisis económica trajo al país medidas excepcionales que no salieron del vocabulario económico, cuando parecían que eran transitorias. Para salir de la crisis se aplicaron retenciones, se otorgaron subsidios y se llevaron adelante reformas tributarias, que si bien podían ser necesarias en ese momento económico, a todas luces eran discutibles a largo plazo.
Como sucede a menudo en nuestro país, lo que se aplica temporariamente pasa a estar en la vida de los argentinos para siempre.
Olvidar los principios básicos nos llevó a discusiones excepcionales, en donde primó la medida por encima de los principios. Por ejemplo, en la última y recordada sesión del Senado de la Nación, en donde el vicepresidente Julio Cobos pasa a la historia con su frase “mi voto no es positivo”, la discusión estaba centrada entre retenciones móviles, versus retenciones fijas.
Mantener las retenciones fijas en el 35%, que resultan claramente confiscatorias, dio un vuelco inusitado en la escena política Argentina, cuando lo que se logró es una cuestión más de medida que de principios.
En la actualidad, la soja cotiza por debajo de los 450 dólares la tonelada, en cambio, cuando el conflicto con el campo se estaba desarrollando, la soja a nivel internacional cotizó por encima de los 500 dólares, llegando a tocar su punto máximo en 605 dólares la tonelada.
La paradoja de las regulaciones hace que los productores y el Estado argentino se hayan perdido estos excelentes precios incrementando tanto los ingresos del campo como los del Estado.
Sin embargo, la ilógica de las regulaciones indica que de haberse aceptado los derechos de exportación móviles hoy los productores con la soja por debajo de 450 dólares la tonelada, estarían pagando retenciones inferiores a las fijas. Prácticamente, una burla para aquellos que discuten las retenciones como una cuestión de medida y no de principios.
Argentina debe eliminar las retenciones, conceptos como renta extraordinaria o relativa son tan antojadizos como aquellos que pregonan quedarse con la plusvalía del otro. Nuestro sistema tributario tiene un impuesto a las ganancias que impacta sobre la rentabilidad de los agentes económicos, bienes personales que apunta al patrimonio de las personas y en el caso del campo las provincias cuentan con el inmobiliario rural que es calculado sobre el valor de la tierra.
De allí en adelante está la virtud de aquellos agentes económicos que apostaron por un negocio que no siempre fue rentable y que atraviesa una etapa próspera en la actualidad.
Si cambiamos las reglas de juego cuando a un sector económico le va mejor que a otro, claramente dejamos de ser creíbles interna y externamente. Esto es muy nocivo para las generaciones futuras que no verán las inversiones que al menos nosotros registramos en otras épocas de la historia de nuestro país cuando éramos más racionales.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida
Me encontraba muy cómodo en una reunión hablando de temas relacionados a la economía. De pronto surgió en la charla la palabra subsidio. Expliqué en dicha reunión que no me parecían justos y mis interlocutores coincidieron plenamente con mi afirmación y me sentí reconfortado pero a los pocos minutos mi sorpresa era enorme.
El resto de los interlocutores consideraban que los subsidios no eran justos porque Capital Federal recibía los mismos en mayor proporción que el resto de las provincias argentinas. Es más, Santa Fe aportaba al fondo recaudador mucho más que los subsidios que recibía.
Pensé que eso era todo, pero con el correr de los minutos más me sorprendí cuando se aportaban ideas para que la provincia y el municipio también aporten subsidios.
Una vez más me di cuenta de que seguíamos discutiendo las medidas y no los principios.
Los subsidios solo son buenos para quien los recibe, que siempre es una minoría, y en la mayoría de los casos son mal asignados. Por ejemplo, en Argentina el gas y al electricidad están a precios bajos lo cual es muy bueno para muchas familias de escasos recursos.
Sin embargo, muchos sectores de altos recursos gozan de estos insumos a precios viles, derrochando en varias oportunidades la energía y el gas por estar a precios artificialmente bajos.
Si tenemos que otorgar subsidios porque la sociedad lo requiere en función de la realidad económica de vastos sectores de la población, nada mejor que subsidiar a la demanda.
De esta forma no damos un subsidio generalizado (a la oferta) y por ende, dejamos que los precios se formen libremente en la economía sin desalentar al inversor a que ingrese en proyectos económicos.
Además, dichos subsidios a la demanda deberían estar focalizados hacia aquellos grupos que realmente lo necesitan lo que evitaría una asimetría en la distribución de los mismos tal como sucede en la actualidad.
No crean que todo termina aquí
En Santa Fe se lleva adelante una reforma tributaria provincial. La provincia está muy bien administrada, no tiene déficit fiscal, su deuda es de 2.000 millones de pesos lo que representa menos del 20% de los ingresos anuales y la caja previsional está prácticamente en equilibrio.
Además, tiene un fondo anticíclico de 400 millones de pesos y fuertes acreencias con el Estado Nacional.
Podría decirse que Santa Fe no tiene grandes problemas por delante. Sin embargo, no es menos cierto que la provincia necesita en forma rápida inversiones en infraestructura en materia de rutas, provisión de agua, energía, construcción de escuelas y hospitales entre tantas demandas insatisfechas.
Estas obras de infraestructura difícilmente puedan llevarse adelante en su totalidad con recursos corrientes, dado que sería infinita la cantidad de dinero requerida desde sector privado. Por otro lado, llevar adelante una reforma tributaria podría hacer caer pactos fiscales firmados en los años 1992 y 1993 que nos traería perjuicios económicos en algún momento.
Sin mirar las ventajas que nos traería no violar los pactos fiscales mencionados, como la mejora en imagen que tendríamos al no aplicar reformas tributarias regresivas como las que aplicaron Córdoba y Buenos aires, nuestra provincia sale a instalar un nuevo esquema tributario que afectará a los agentes económicos y al pueblo de nuestra provincia.
En la actualidad esta reforma no se conoce, pero se habla de la escala para aplicar tributos, de no cobrarle a los más chicos y si a los grandes, desconociendo que finalmente estas reformas las termina pagando el consumidor final. (Debo destacar que la reforma luce entendible para el impuesto inmobiliario y patentes, aunque opino lo contrario para ingresos brutos).
Una vez más, se termina hablando de la medida de la reforma y no de los principios, que serían no llevarla adelante.
Conclusión
Muchas veces nuestros gobernantes nos enrostran mayores tributos para llevar adelante una obra pública, que en el caso de nuestro país y en la mayoría de los casos está inconclusa.
Todos, al finalizar dicha obra podrán admirarla y valorarla, sin embargo les será inimaginable poder medir la cantidad de personas que pagaron mayores tributos, las que dejaron de efectuar inversiones por la mayor presión fiscal y los que no superaron la línea de la pobreza por las medidas adoptadas para llevar adelante dicho emprendimiento.
Argentina debe volver a discutir principios, de lo contrario es absurdo discutir las medidas de la retención, subsidios o reformas de tributos.
Mantener las retenciones fijas en el 35%, que resultan claramente confiscatorias, dio un vuelco inusitado en la escena política Argentina, cuando lo que se logró es una cuestión más de medida que de principios.
En la actualidad, la soja cotiza por debajo de los 450 dólares la tonelada, en cambio, cuando el conflicto con el campo se estaba desarrollando, la soja a nivel internacional cotizó por encima de los 500 dólares, llegando a tocar su punto máximo en 605 dólares la tonelada.
La paradoja de las regulaciones hace que los productores y el Estado argentino se hayan perdido estos excelentes precios incrementando tanto los ingresos del campo como los del Estado.
Sin embargo, la ilógica de las regulaciones indica que de haberse aceptado los derechos de exportación móviles hoy los productores con la soja por debajo de 450 dólares la tonelada, estarían pagando retenciones inferiores a las fijas. Prácticamente, una burla para aquellos que discuten las retenciones como una cuestión de medida y no de principios.
Argentina debe eliminar las retenciones, conceptos como renta extraordinaria o relativa son tan antojadizos como aquellos que pregonan quedarse con la plusvalía del otro. Nuestro sistema tributario tiene un impuesto a las ganancias que impacta sobre la rentabilidad de los agentes económicos, bienes personales que apunta al patrimonio de las personas y en el caso del campo las provincias cuentan con el inmobiliario rural que es calculado sobre el valor de la tierra.
De allí en adelante está la virtud de aquellos agentes económicos que apostaron por un negocio que no siempre fue rentable y que atraviesa una etapa próspera en la actualidad.
Si cambiamos las reglas de juego cuando a un sector económico le va mejor que a otro, claramente dejamos de ser creíbles interna y externamente. Esto es muy nocivo para las generaciones futuras que no verán las inversiones que al menos nosotros registramos en otras épocas de la historia de nuestro país cuando éramos más racionales.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida
Me encontraba muy cómodo en una reunión hablando de temas relacionados a la economía. De pronto surgió en la charla la palabra subsidio. Expliqué en dicha reunión que no me parecían justos y mis interlocutores coincidieron plenamente con mi afirmación y me sentí reconfortado pero a los pocos minutos mi sorpresa era enorme.
El resto de los interlocutores consideraban que los subsidios no eran justos porque Capital Federal recibía los mismos en mayor proporción que el resto de las provincias argentinas. Es más, Santa Fe aportaba al fondo recaudador mucho más que los subsidios que recibía.
Pensé que eso era todo, pero con el correr de los minutos más me sorprendí cuando se aportaban ideas para que la provincia y el municipio también aporten subsidios.
Una vez más me di cuenta de que seguíamos discutiendo las medidas y no los principios.
Los subsidios solo son buenos para quien los recibe, que siempre es una minoría, y en la mayoría de los casos son mal asignados. Por ejemplo, en Argentina el gas y al electricidad están a precios bajos lo cual es muy bueno para muchas familias de escasos recursos.
Sin embargo, muchos sectores de altos recursos gozan de estos insumos a precios viles, derrochando en varias oportunidades la energía y el gas por estar a precios artificialmente bajos.
Si tenemos que otorgar subsidios porque la sociedad lo requiere en función de la realidad económica de vastos sectores de la población, nada mejor que subsidiar a la demanda.
De esta forma no damos un subsidio generalizado (a la oferta) y por ende, dejamos que los precios se formen libremente en la economía sin desalentar al inversor a que ingrese en proyectos económicos.
Además, dichos subsidios a la demanda deberían estar focalizados hacia aquellos grupos que realmente lo necesitan lo que evitaría una asimetría en la distribución de los mismos tal como sucede en la actualidad.
No crean que todo termina aquí
En Santa Fe se lleva adelante una reforma tributaria provincial. La provincia está muy bien administrada, no tiene déficit fiscal, su deuda es de 2.000 millones de pesos lo que representa menos del 20% de los ingresos anuales y la caja previsional está prácticamente en equilibrio.
Además, tiene un fondo anticíclico de 400 millones de pesos y fuertes acreencias con el Estado Nacional.
Podría decirse que Santa Fe no tiene grandes problemas por delante. Sin embargo, no es menos cierto que la provincia necesita en forma rápida inversiones en infraestructura en materia de rutas, provisión de agua, energía, construcción de escuelas y hospitales entre tantas demandas insatisfechas.
Estas obras de infraestructura difícilmente puedan llevarse adelante en su totalidad con recursos corrientes, dado que sería infinita la cantidad de dinero requerida desde sector privado. Por otro lado, llevar adelante una reforma tributaria podría hacer caer pactos fiscales firmados en los años 1992 y 1993 que nos traería perjuicios económicos en algún momento.
Sin mirar las ventajas que nos traería no violar los pactos fiscales mencionados, como la mejora en imagen que tendríamos al no aplicar reformas tributarias regresivas como las que aplicaron Córdoba y Buenos aires, nuestra provincia sale a instalar un nuevo esquema tributario que afectará a los agentes económicos y al pueblo de nuestra provincia.
En la actualidad esta reforma no se conoce, pero se habla de la escala para aplicar tributos, de no cobrarle a los más chicos y si a los grandes, desconociendo que finalmente estas reformas las termina pagando el consumidor final. (Debo destacar que la reforma luce entendible para el impuesto inmobiliario y patentes, aunque opino lo contrario para ingresos brutos).
Una vez más, se termina hablando de la medida de la reforma y no de los principios, que serían no llevarla adelante.
Conclusión
Muchas veces nuestros gobernantes nos enrostran mayores tributos para llevar adelante una obra pública, que en el caso de nuestro país y en la mayoría de los casos está inconclusa.
Todos, al finalizar dicha obra podrán admirarla y valorarla, sin embargo les será inimaginable poder medir la cantidad de personas que pagaron mayores tributos, las que dejaron de efectuar inversiones por la mayor presión fiscal y los que no superaron la línea de la pobreza por las medidas adoptadas para llevar adelante dicho emprendimiento.
Argentina debe volver a discutir principios, de lo contrario es absurdo discutir las medidas de la retención, subsidios o reformas de tributos.