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Cuando no nos queda otra que llorar de tristeza por el fútbol argentino

Miles de futboleros están en contra de la nueva reestructuración del fútbol argentino, están en contra de cómo se maneja a la selección argentina, están en contra de Grondona y ven como, día a día, los dirigentes destrozan al deporte que aman. Entrá y dejanos tu opinión.
El hincha del fútbol argentino no puede creer lo que le están haciendo al deporte.
El hincha del fútbol argentino no puede creer lo que le están haciendo al deporte.

Primer aviso: si usted no es futbolero, no le garantizamos que esta nota le aporte algo que roce su interés. Puede irse y no nos ofendemos.

Segundo aviso: si usted, en cambio, es futbolero, lo invitamos a entrar. Pase. Puede tomar asiento, servirse un café y llorar. Venga, lloremos juntos. O tiremos unas puteadas al aire, recordemos viejas épocas, esas tardes de sol en las que –ingenuos–creímos en el fútbol y nos emocionamos con un gol imposible y sentimos que el corazón se escapaba de nuestro pecho cuando vimos una vuelta olímpica.

Sintamos esa lejana felicidad.

A veces, amigo futbolero, sólo nos queda usar la memoria para no sentirnos tan tristes. Porque el presente se nos caga de risa en la cara, porque vemos año a año como matan al fútbol argentino, porque no podemos creer que un deporte que nos marcó tanto la vida esté destrozado, usado, forreado, de rodillas.

Es difícil explicar por qué el fútbol argentino que amamos tanto nos tiene tan hartos. Saturados. Desilusionados. Con bronca, con impotencia.

Empecemos por la Selección. ¿Qué le han hecho a la Selección? La han tomado para la joda, eso han hecho. Después de Marcelo Bielsa y José Pekerman todo fue impresentable. Nos acordamos del Coco Basile tomando sol y algún trago en la pileta de un hotel en la Copa América de Venezuela 2007. Total, juntaba a los petisos y ellos solucionaban todo. Era magia pura. Así nos fue en la final. “Nos levantamos mal”, fue la autocrítica del Coco, después de comernos tres ante Brasil.

Luego pusieron al Diego, y el Diego creyó que con su historia alcanzaba para transmitir ese fuego sagrado desde el banco. Y Maradona, afuera de la cancha, es una persona normal. Convocó a cientos de jugadores, en el Mundial de Sudáfrica armó un equipo con un esquema táctico nunca antes visto (4-1-5) y antes de jugar ante Alemania tiró, subido a su inevitable soberbia "no nos comamos el chamuyo de los alemanes”. Así nos fue.


Llegó Batista, un becado, un tipo que por ser campeón del mundo en el 86, parece que tenía derecho a dirigir la Selección. Ojo, el Checho tuvo buenas intenciones. Quería jugar como el Barcelona. Pero, supongo, todos tendríamos buenas intenciones si estamos en la Selección. Todos queremos jugar como el Barcelona. Pero con el deseo  no alcanza. Además, si decís que Messi es tu nueve y lo ponés ahí a Higuaín, si decís que Tevez no te sirve y después es titular, si preparás casi un año a Marcos Rojo de lateral izquierdo y al primer partido lo congelás, epa, algo pasa. Un supuesto líder no puede tener tantas contradicciones. Al Checho lo echaron como a un perro. Y encima, desde la AFA, nos venden que “el señor Batista renunció”, con ese tono desagradable que tiene para hablar Ernesto Cherquis Bialo. Pensar que crecimos leyendo sus crónicas en El Gráfico y ahora lo vemos ahí, como vocero de Julio Humberto Grondona. Cómo no ponernos tristes, hermano. Los héroes de la infancia son los villanos de hoy.

Las selecciones juveniles son una foto movida de lo que armó José Pekerman y Hugo Tocalli. Ahora, quizás llegue Alejandro Sabella, quizás reestructure las juveniles, quizás le ponga seriedad a todo esto, quizás, quizás, quizás.


Perdón, amigo futbolero, si aburro, pero tenemos que hacer catarsis juntos. La soledad, en estos momentos, es peor que un gol en contra.

Desde que tengo uso de razón –si es que lo tengo– escucho putear por los promedios del descenso. Cuando los entendí también empecé a putear. Era la gran injusticia que tenía el fútbol argentino. Era un absurdo, un sinsentido. Vi como equipos que hicieron hasta lo imposible para llegar a Primera se iban al descenso porque el sistema los condenaba, a pesar de campañas aceptables.

Yo quería que la primera división de este país volviera a tener torneos largos, de ida y vuelta, como en la Primera B Nacional. Los torneos cortos ya estaban agotados. Era necesario un cambio, no lo neguemos.

Pero el cambio que ha propuesto la AFA es una grandísima tomada de pelo. Primero que nada, lo quieren vender como la “federalización del fútbol”. ¿En serio creen que somos tan boludos? ¿De qué federalización nos hablan?

Repasemos. El próximo torneo Apertura tendrá 20 equipos y habrá ocho conjuntos que no son de la Capital Federal: Atlético de Rafaela, Belgrano de Córdoba, Colón de Santa Fe, Newell’s de Rosario, Olimpo de Bahía Blanca, San Martín de San Juan, Unión de Santa Fe y Godoy Cruz. Por primera vez, la primera división iba a tener un torneo más o menos federal. Pero no porque la AFA lo quiso, sino porque así se dio con el ascenso de cuatro equipos del interior (Rafaela, Unión, San Martín y Belgrano) y el descenso de cuatro conjuntos de Buenos Aires (River, Huracán, Quilmes y Gimnasia La Plata).

Pero ahora resulta que Cherquis (ay, Cherquis), nos dice que con la unión de Primera y la B Nacional federalizan el fútbol. Y nos ponemos a ver el mapa argentino y nos damos cuenta que 13 provincias, con la nueva estructura del fútbol, no tendrán equipos en primera división. A saber: Formosa, Santa Cruz, Salta, Catamarca, La Pampa, La Rioja, Santiago del Estero, San Luis, Misiones, Chaco, Neuquén, Río Negro y Tierra del Fuego.

Eso sí que es federalizar.

Los dirigentes que integran el Comité Ejecutivo de la AFA dan vergüenza. Van, calladitos, levantan la mano y comulgan con el “Sí-Don-Julio”, que ha liquidado al fútbol. Se cagan en lo que les costó a sus propios clubes llegar a Primera, mantenerse, pelear y sufrir. Total, dicen “Sí, Don Julio”, se llevan dinero a sus clubes y que el esfuerzo quede teñido de sepia en diarios viejos.

Nos dicen “van a ascender 16 equipos”. Mentira. Van a descender 20, no jodan. Esto es nivelar para abajo de una manera escandalosa, impune.

El hincha de River quiere ascender por mérito propio. No quiere, junto al de Huracán, Central, Gimnasia y tantos más, subir en los escritorios. Saben que los van a cargar el resto de sus vidas, porque esto se armó para “salvar a River”.


Otra mentira, River ya estaba al horno. Esto se hizo para salvar a los grandes que están con la soga al cuello como Boca, San Lorenzo y Racing; esto se armó porque al Gobierno nacional no le gustó un carajo que baje River y que baje la imagen de Cristina; esto se armó porque el Gobierno, a partir de Fútbol Para Todos, es el dueño del fútbol y le bajó el proyecto a Grondona y acá se hace lo que nosotros queremos; esto se armó porque a TyC Sports (o sea, Clarín) le terminamos de dar el golpe de nocaut al sacarle la televisación de la Primera B Nacional; esto se armó para levantarla en pala con AFA TV, esto se armó, al fin de cuentas, porque se cagan en los hinchas, quienes son los que le dan vida al fútbol.

Hermano, cómo puede ser que un deporte tan hermoso se haya convertido en un negocio tan asqueroso. ¿Qué consuelo nos queda? Por ahora, tomemos otro café cargado y lloremos juntos. El fútbol está hecho mierda.