Vóley: los hijos de la Generación del 80 heredaron el fuego sagrado
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Pasaron casi treinta años del comienzo de esa década revolucionaria para el vóleibol argentino. Y hoy, los hijos de esa “Generación del 80” están mostrando que el fuego sagrado está en los genes. Facundo Conte (hijo de Hugo), Nicolás Uriarte (hijo de Jon) y Rodrigo Quiroga (sobrino de Raúl), sumados a un grupo de jugadores con un enorme potencial (De Cecco, Crer, Solé, Ocampo, Pereyra) y guiados por Weber, terminaron cuartos en la Liga Mundial 2011, el mejor puesto en la historia del vóley argentino.
Para empezar a explicar este presente hay que nombrar al entrenador Juan Manuel Cichello, quien moldeó a estos jugadores desde menores proyectando un proceso a largo plazo. Después, Jon Uriarte se animó a generar un recambio en la selección mayor y darles lugar. Y desde fines del 2009, Weber tomó la posta.
La selección argentina no estuvo en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y terminó quinta en la Liga Mundial 09. Pero el año pasado, perdió los 14 encuentros que jugó en la Liga. Después de ese olvidable torneo, el entrenador sacó del plantel a los históricos Arroyo, Spajic y García, y le dio rodaje a Crer, Solé y Conte, entre otros, quienes se sumaron a De Cecco y Quiroga. En el Mundial de Italia ya se empezó a vislumbrar el cambio que había en el equipo. Compromiso, entrega, seriedad y una sensación de que el techo estaba muy alto. La novena posición fue anecdótica e injusta debido al impresentable formato de competencia que tuvo el certamen. Los argentinos fueron el equipo revelación al ganar seis partidos y perder tres.
Ya en la edición de la Liga Mundial de este año, con un plantel que promedia los 24 años, Argentina le ganó a Serbia, Bulgaria, Italia (potencias mundiales) y estuvo cerca de llegar a la final, después de perder en semifinales ante el poderosísimo Brasil. Terminó cuarta al caer ante el local Polonia, pero dejó en claro que está de nuevo en la élite del vóleibol mundial y que apunta a colgarse una medalla en los Olímpicos de Londres 2012.
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El año que viene se cumplirán tres décadas de aquel recordado tercer puesto en el Mundial de Argentina, que obtuvo la selección albiceleste, dirigida por el coreano Young Wan Sohn, quien contaba con la asistencia del enorme –pero enorme como pocos– Julio Velasco.
El tiempo ha pasado. Jon Uriarte, Raúl Quiroga y Hugo Conte ya no saltan a bloquear. Ahora miran cómo sus herederos retoman el camino de gloria.



