El Síndrome de Lázaro
Se dice que el ser humano viene fallado de fábrica, de nacimiento, que todas las familias son disfuncionales, que somos seres que no nos satisfacemos nunca. Buscamos avanzar más,crecer más, evolucionar. Buscamos nuevas metas, mas posesiones, nuevos desafíos. Alcanzar el título universitario parece ser la gloria. Pero luego la llegada del príncipe azul o la princesa (noviazgo), el casamiento,el auto, el primer hijo, la casa, el segundo hijo…y la lista podría ser inagotable.
Algunos iluminados saben de lograr el difícil equilibrio entre la satisfacción parcial (no total) y el avance, el progreso o evolución a un paso posterior. Saben de parar a tiempo, disfrutar, contemplar los logros, cosechar lo sembrado….y seguir al siguiente nivel. Esto nada tiene que ver con conformismos, eso es otro tema.

Pero otros niegan a muerte que no lo puedan tener todo y hacen lo imposible por lograrlo. Descreen de la ciencia que afirma que el dinero no hace a la felicidad (ni la compra hecha). Creen que las cirugías serán el verdadero elixir de la juventud o que las drogas son el Eden mundano de estos pagos que llenan (momentáneamente) de gozo la pobre existencia de algunos.
Decidimos nominar a esta descripción inagotable de la búsqueda del Santo Grial, y de manera absolutamente casera, como el “Síndrome de Lázaro”, hombre de ésta época que nos refleja burdamente, grotescamente y aún de manera avara, lo insaciable, lo irrefrenable y lo miserable del ser humano en la búsqueda de más, más y más. Como si se asemejara al ruido de las fichas al caer en la fortuna del premio mayor de un gran casino de Las Vegas: interminable. Un sentimiento digno de una cuasi posesión diabólica, espíritu secuestrado por ansias de poder. Y ya que nombramos a Lucifer, Belcebú, Satanás (o como quieras que se llame), los dejamos con el más fiel y bello corolario de Alejandro Dolina, de lo que representaría para nosotros el “Síndrome de Lázaro”:
Satanás: ¿Qué pides a cambio de tu alma?
Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores, distinciones... Y también juventud, poder, fuerza, salud... Exijo sabiduría, genio, prudencia... Y también renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres, sensaciones...
¿Me darás todo eso?
Satanás: No te daré nada.
Hombre: Entonces no tendrás mi alma.
Satanás: Tu alma ya es mía.
(*) Carina Saracco junto a Mauricio Girolamo. Ambos son psicólogos y atienden juntos.