Emilio Perina: "El archivo debe ayudar a los gobiernos y la sociedad"

El director del Archivo General de la Nación (AGN) pone el acento en la importancia de los archivos, sus documentos y contenidos en el marco de la formación y el desarrollo de la sociedad de información, como también subraya la necesidad de aprovechar el contexto actual para revitalizar la cultura archivística argentina, que supo tener sus momentos de oro.

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Nicolás Munilla

Emilio Perina

Departamento General de Irrigación

Lejos de ser depósitos de papeles viejos u obsoletos que incurren en gastos innecesarios, o conceptos abstractos en un mundo cada vez más informatizado, los archivos juegan un papel cada vez más importante en la formación y evolución de las sociedades actuales, albergando información valiosa al servicio de la comunidad para conocer el pasado, entender el presente y diseñar el futuro.

El director del Archivo General de la Nación (AGN), Emilio Perina, entiende que los documentos y sus contenidos deben tener un tratamiento adecuado y profesional, pensando en éstos como un elemento orientado hacia el conocimiento y el enriquecimiento colectivo. “Esa información tan rica, tan importante, solo sirve si puede ser consultada, y para mantener ese fin están los principios de la archivística que refieren a tener los documentos ordenados, descritos y trabajados”, sostuvo en diálogo con MDZ en el marco de su visita al II Congreso Internacional ‘Agua para el Futuro’ que se realizó en Mendoza.

Para el periodista e historiador a cargo del AGN, la cultura archivística en la Argentina debería recuperarse en todos los niveles estatales, asumiendo como pilares fundamentales el uso de los documentos por parte de los funcionarios para la toma de decisiones, la renovación e innovación tecnológica y la capacitación y profesionalización del personal especialmente en los archivos provinciales.

- Sus charlas giran en torno a ‘los archivos en tiempos de transición’ ¿De qué trata este tema?

- Refiere a la mutación de la actitud del Estado frente a la producción y consulta de sus documentos y la relación entre los archivos y la ciudadanía. A mí me gusta decir que los archivos no son del gobierno ni del Estado, sino de la sociedad, porque son puentes intergeneracionales y, al igual que el agua, se tienen que cuidar y preservar eficazmente para que la información del pasado sea utilizada por las nuevas generaciones.

El archivo debe ayudar siempre a los gobiernos actuales y futuros, porque esa información al servicio de la sociedad también está al servicio de los gobernantes que deberían saber cuáles fueron los planes y proyectos anteriores, por qué fracasaron y qué inconvenientes se encontraron al momento de ser ejecutados.

A mediados del siglo XX, cuando el Estado emitía documentos de cualquier tipo y contenido, lo hacía con dos premisas: la seguridad y el secreto del documento. En el mundo y en la Argentina estas ideas empezaron a cambiar, imperando actualmente la idea de transparencia gubernamental. Hoy en nuestra gestión, ya con la nueva ley de acceso a la información, tratamos de pensar y trabajar en función de brindar transparencia y libre acceso a la información.

En los archivos está el pasado, el presente y el futuro, y de hecho son presente y futuro. Esa es la razón por la que trabajamos para tener un archivo a la altura del siglo XXI.

- ¿Cuáles son las funciones que hoy debe cumplir un archivo?

- Son tres funciones sociales: el servicio hacia la investigación en general; la narración de dos historias institucionales, la del funcionario y su gestión y la de la propia institución de donde provenga el documento; y la garantía de los derechos del ciudadano frente a la arbitrariedad del Estado, es decir, el resguardo de los derechos inalienables de los ciudadanos, como el acceso a la información, a la identidad, etcétera.

- Últimamente se viene hablando de la digitalización de los documentos ¿Qué papel juega este proceso en la gestión de los archivos?

- La digitalización juega un papel muy importante en dos sentidos. Primero, ayuda a la preservación del documento, porque nada es eterno y el documento se termina deteriorando en algún momento. Hay que saber que en el archivo moderno lo que importa es la información y no el fetichismo por el soporte. Si la información está difundida, digitalizada y duplicada, está a salvo.

La otra ventaja es que el mismo documento puede ser observado y estudiado por muchas personas al mismo tiempo, lo cual en un régimen de transparencia y libre acceso es una cualidad muy valiosa.

- ¿Qué posición debería tener hoy el archivo en relación a la dinámica del Estado?

- Al archivo hay que pensarlo en el centro de la gestión. Usando una metáfora futbolística, es ‘el cinco’ de un equipo de fútbol, el que está en el centro de la cancha y reparte todo el juego. Sobre el cimiento del archivo se debería construir el edificio de la sociedad del conocimiento, porque cuando está estructurado de una manera moderna y eficiente, presta mucho servicio a la revitalización de las organizaciones.

Lo que necesitamos a todo nivel de Estado es revalorar la función archivística, o sea, volver a darle una base educativa sólida y colocarla dentro del organigrama estatal en un lugar cercano al ministerio de Modernización, la Jefatura de Gabinete o los gobernadores provinciales.

Como órgano rector, visito los archivos provinciales y trato de hablar con los ministros o gobernadores para advertirles que si no recuperan sus archivos perderán la historia de sus provincias, lo que no sería grave si no fuera parte de la historia argentina, latinoamericana y del mundo.

- ¿Cómo ve la situación a nivel nacional de la gestión archivística?

- En un par de momentos de los últimos sesenta años, la Argentina estuvo a la vanguardia de la archivística latinoamericana y hoy está en los puestos más bajos, tratando de ascender de vuelta. Por ejemplo, en 1959 se creó en Córdoba la Escuela de Archivística, a instancias de la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde iban a estudiar alumnos de toda la región. Pero años más tarde un momento trágico de nuestra historia ocurrió durante la dictadura de Onganía, cuando se decidió suprimir de los organigramas del Estado la función de archivo, dejándose de reconocer como un procedimiento profesional técnico.

Paradójicamente, esa etapa tuvo como director del AGN a César García Belsunce, quien trajo a la Argentina los principios de archivística que publicó años antes que el resto del mundo. Además logró enviar a los trabajadores del archivo a capacitarse a Estados Unidos y Europa para introducir la archivología y entendió el lugar de esta profesión en la organización del Estado.

El país tiene que recuperar ese rol de vanguardia, no por vanidad, sino porque los archivos bien llevados contribuyen a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Hay que incorporar tanto las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC) como el documento nacido digital y el audiovisual, además de mejorar y ampliar la oferta académica en todo el país.

Si pensamos a los archivos como proveedores de información que mejoran la calidad de vida de los ciudadanos, sí vale la pena invertir en ellos.

- ¿Cómo se encara la capacitación del personal que trabaja en el AGN? ¿Hay planes para ayudar a la educación archivística en el resto del país?

- Desde hace diez años tenemos un programa de capacitación que está disponible a todas las provincias y organismos solicitantes, con la intención de que sean los propios empleados públicos quienes decidan mejorar sus conocimientos y profesionalizarse.

Por otro lado, espero dejar en marcha la carrera de archivística en cinco o seis puntos del país, para que en conjunto con el programa de capacitación podamos preparar a profesionales que puedan formar a otros profesionales.

- El Gobierno nacional está construyendo un nuevo edificio para el Archivo General de la Nación, que a priori encaja con los nuevos paradigmas que mencionó al principio. ¿Qué buscará una vez que se ocupen las flamantes instalaciones?

- Mi pensamiento estratégico pasa por ver al edificio como una oportunidad de comunicarle a la sociedad que existe el Archivo General de la Nación. Presentar un edificio nuevo implica la posibilidad de cambiar la estructura interna, que es muy vieja y está pensada sobre los soportes, hacia lo que hoy interesa, o sea la información. Se trata de pensar en dos tipos de direcciones o gerencias: la que trabajan con el público y la que practica los servicios técnicos, ambas preparadas para una mayor demanda de información.

Mientras tanto, estamos pensando en presentar un proyecto para reformar la ley específica del Archivo General de la Nación.

- ¿Qué se necesita a nivel legislación para mejorar el trabajo de los archivos?

- La Argentina necesita una ley de sistema nacional de archivos, donde todos los archivos de los tres poderes y las jurisdicciones subnacionales trabajemos coordinadamente sin perder las autonomías. Sería una estructura pensada como una red de cooperación donde la información se trabaje de la misma manera siguiendo los estándares internacionales.

Inclusive esa ley debería incluir un capítulo de archivos privados, no para expropiarlos o sacarles impuestos, sino para ayudarlos en su gestión.

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