Felipe Celesia: "Podemos lidiar con la muerte pero no con la desaparición"

En "La muerte es el olvido", Celesia rastrea el monumental aporte que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) hizo a la memoria al generar la evidencia material para refutar en más de 800 casos el concepto de "desaparecido" -una de las categorías más siniestras que haya generado el Estado-, a la vez que documenta la labor de la organización en otros casos emblemáticos como los hallazgos de los restos del Che Guevara, Luciano Arruga, Santiago Maldonado o los soldados de Malvinas.

Redacción MDZ

Felipe Celesia: "Podemos lidiar con la muerte pero no con la desaparición"

Télam

Con una dotación mínima pero entusiasta, un grupo de estudiantes de antropología arrancó en 1984 la tarea de identificar los restos de los desaparecidos bajo la dictadura militar y fundó el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), una organización científica sin precedentes que en 35 años reúne hitos como la identificación de los restos del Che Guevara, los soldados de Malvinas, Luciano Arruga y Santiago Maldonado, según documenta el periodista Felipe Celesia en su libro La muerte es el olvido.

"¿Existe un elemento constitutivo de la sangre que solo aparece en personas pertenecientes de la misma familia?". La pregunta, formulada antes de que aparecieran las pruebas de ADN que a fines de los 80 iban a permitir dilucidar cuestiones de filiación, fue el disparador que llevó a las Abuelas de Plaza de Mayo a entrevistarse con científicos de doce países europeos para dar con un método que permitiera comprobar la identidad de los niños expropiados por la dictadura.

Los interrogantes acerca del destino final que habían tenido los desaparecidos y los bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres se volvieron centrales en esos primeros tramos del retorno democrático y la posibilidad de apelar a la ciencia para dirimir esas cuestiones cobró fuerza a partir de la convocatoria de Clyde Snow, un célebre antropólogo norteamericano que había participado de operaciones como la identificación de los restos de John F. Kennedy y Tutankamón.

El investigador se instaló en la Argentina y reclutó a un grupo de estudiantes de arqueologia y antropología que pronto fundarían el Equipo Argentino de Antropología Forense y tendrían como primer reto comprobar la escalofriante hipótesis de que para deshacerse de los cuerpos de los desaparecidos -aquellos que no habían sido arrojados al Río de la Plata en algunos de los "vuelos de la muerte"- los militares solían ingresarlos como NN a los cementerios municipales.

En La muerte es el olvido (Paidós), Celesia rastrea el monumental aporte que el EAAF hizo a la memoria al generar la evidencia material para refutar en más de 800 casos el concepto de "desaparecido" -una de las categorías más siniestras que haya generado el Estado-, a la vez que documenta la labor de la organización en otros casos emblemáticos como los hallazgos de los restos del Che Guevara, Luciano Arruga, Santiago Maldonado o los soldados de Malvinas, según explica el autor en una entrevista con la agencia Télam.

- ¿Cómo es ese proceso por el cual la identificación de los restos pone fin a la incertidumbre de lo familiares y logra darle una entidad material a la pérdida?

- Muchos familiares dicen que una vez que les restituyeron los restos ya no pudieron hablar de su ser querido como "desaparecido". Ahí se ve entonces el aporte del EAAF, porque todos estamos preparados para lidiar con la muerte, que es parte de la vida, pero no con la desaparición. Negociar con la desaparición de un hijo, un hermano, un padre-madre para seguir viviendo es imposible. El equipo hace eso: traer de la desaparición a la muerte y habilita entonces la posibilidad del duelo.

- El texto plantea también que a veces no es lineal el recorrido entre querer saber y luego no poder procesar la verdad ¿Se debe avanzar en el esclarecimiento de los restos aun cuando eso suponga tomar decisiones contrarias a la voluntad de sus allegados?

- Ahí todavía hay una discusión abierta. El EAAF trabaja con los familiares y respeta a ultranza la decisión de los deudos, aun cuando no estén de acuerdo. Si un familiar no quiere que exhumen a su familiar, no lo hacen. Si después de una búsqueda de años, deciden cremar los restos, lo respetan. Si no quieren participar de la búsqueda, también. Esto creo yo tiene que ver con el compromiso que asumieron apenas se constituyeron, de estar junto a los familiares para "equilibrar" las injusticias que venían sufriendo desde el mismo Estado.

- En muchas de las excavaciones, junto al hallazgo de restos óseos se recolectan también proyectiles, es decir, la constatación de la muerte es simultánea al motivo que la ocasionó ¿Por qué los enterradores al servicio de la dictadura nunca se preocuparon por disociar lo cuerpos de las evidencias de asesinato?

- Uno de los fundadores del EAAF, "Maco" Somigliana tiene la teoría de que el militar a cargo de la represión entendía su tarea cumplida con la ejecución de ese "enemigo" y que después se desentendía. Yo creo que algo de eso hay, aunque resulta sorprendente que no hayan previsto que esos crímenes, alguna vez podrían investigarse. Estimo que fue una mezcla de impunidad, ignorancia y un mal cálculo político de que la sociedad toleraría esas desapariciones sin reclamar.

- La tarea inicial del EAAF choca con cierta resistencia del gobierno democrático a visibilizar la responsabilidad militar sobre los cuerpos encontrados ¿Había miedo al accionar de un efecto residual de la dictadura?

- El alfonsinismo pretendió negociar con el poder militar condenas ejemplificadoras, simbólicamente potentes, para así poder cerrar ese capítulo negro de la historia. Ahora sabemos que ese grado de impunidad no era tolerable para la sociedad argentina. También es cierto que el radicalismo gobernó con un influencia militar todavía amplia que no tuvieron los gobiernos posteriores.

- "Somos científicos de día y lloramos de noche", arenga Snow a su equipo ¿De qué manera creés que los forenses alcanzaron la disociación necesaria para lidiar con semejante horror?

- Es un equilibrio difícil. En principio hay un grado de profesionalismo alto y ellos saben que cuando se alejan emocionalmente de la tarea que están haciendo se hace muy difícil tener la empatía y la sensibilidad necesaria para hacerla. El dilema de ellos es hasta dónde dejar que ese horror los afecte para tener dimensión del dolor de ese familiar y poder responder. Todavía muchos de ellos siguen llorando de noche.

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