Este es, valga decirlo aunque sea una vez, el año del Bicentenario. Dos siglos, doscientos años, 73.000 días con sus noches desde que esta patria parida con esfuerzo ha empezado a dar pasos de independencia. No sin sangre, no sin divisiones, no sin enfrentamientos. Hoy, daría la sensación de que en todo este tiempo hemos aprendido muy poco de nuestra historia. Más peleados, más divididos, y más enconados unos con otros, no podríamos estar. Deberán pasar otros 200 años, para tener un sistema político y social más evolucionado. Tal vez como Chile, o como Brasil… ¿Por qué no?
No me voy a poner hablar aquí de la importancia de honrar el trabajo y la producción. (¿No se trata de eso la Vendimia?), porque esta provincia y sus habitantes tienen tradiciones centenarias al respecto. Pero algo ha pasado, una especie de “click” de los últimos años, que ha transformado la fiesta grande de los mendocinos, en una Vendimia berreta en la que abundaron las polémicas, las chicanas, los miedos.
Esta Vendimia será recordada por mucho tiempo, como la de la hipocresía y la simulación. Fue la fiesta en la que todo aparentó ser lo que era, cuando hasta el más desavisado, tras los fuegos de artificio, los brindis con champán y vinos Premium, y los carros con las reinas; sabía de qué se venía, y qué estaba pasando. Basta repasar los foros de los diarios mendocinos, para entender –en verdad, los políticos deberían hacerlo- que los habitantes de este suelo ya no se comen ninguna.
Simulacro de ficción
Ya desde la Vendimia de 2008, cuando a algún ocurrente le pareció bien organizar grupos de “aplaudidores” para ponerle banca a un casi recién asumido Jaque, que a sólo tres meses de gobernar ya mostraba un fuerte grado de improvisación en temas sensibles, la fiesta comenzó a enrarecerse. Y podría decirse que la estruendosa silbatina del año pasado que el Teatro Griego le brindó al gobernador fue el antecedente propicio para ésta, la celebración más hipócrita de la Vendimia de los últimos tiempos.
Así, el gobierno montó un gran operativo para manipular las entradas al acto central. Ya no importaba el debate sobre si debe ser una fiesta para el turismo, o para los mendocinos, o si a la reina hay que elegirla el viernes, el sábado, el domingo, o en comicios populares. Lo único que importó fue –primer acto de simulación- montar un Teatro Griego más amable con el Gobernador. Y así, uno por uno, fueron desfilando por el Cuarto Piso de la Casa de Gobierno empresarios amigos, políticos, punteros, socios del poder, y hasta piqueteros de D’Elía, que terminaron siendo los más desapercibidos entre todos los fantasmas de la Vendimia. El flujo de entradas fue monitoreado con puño de hierro por el Secretario General de la Gobernación Alejandro Cazabán, y los secretarios Luis Böhm (Turismo) y Ricardo Scollo (Cultura) fueron los encargados de que no hubiese sorpresas desagradables. A los intendentes de la oposición, de paso, les escamotearon todo lo posible las entradas. Y si bien el juninense Mario Abed fue el que montó la protesta, hasta Alfredo Cornejo se las tuvo que arreglar ante la falta de tickets. Godoy Cruz sólo consiguió sesenta a través del Banco Superville, y la mayoría se las llevó la familia de la reina departamental. Un pequeño sainete miserable que muestra la intención de manipular, justamente, lo que no se puede: el ánimo colectivo. Y al final, el esfuerzo y el costo político fueron inútiles, porque el Gobernador se llevó una buena silbatina de recuerdo, condimentada con abucheos e insultos; muchos de ellos –hay que decirlo- desde sectores políticos incluso del peronismo, que lograron organizarse para estar a pesar de la vigilancia del Gran Hermano Cazabán.
Los mendocinos no se bancan que la política les maneje la fiesta, y –mucho menos- que les mientan. Y el resultado estuvo a la vista.
La política, ausente
Mucho se anticipó sobre la “nacionalización” de esta Vendimia. En un momento se especuló con que coincidirían en el Agasajo de la industria, el sábado al mediodía, o en la fiesta, cinco o seis precandidatos presidenciales: Cobos, Macri, Rodríguez Saá, Solá, De Narváez, Ricardo Alfonsín, Das Neves. Sólo algunos de ellos estuvieron, y porque el peronista disidente Enrique Thomas se ocupó bastante de tenerlo por lo menos a Felipe Solá a mano. La oposición en general aportó poco, salvo la presencia de Ernesto Sanz y del elenco estable de dirigentes; y el gobierno nacional se deslució con un ministro que mide la uva en toneladas en lugar de quintales, como si se tratase de soja. En el almuerzo del sábado, tardío, enormemente tardío, ni siquiera estuvieron todos los ex gobernadores, cuando algunos de ellos actúan aún en política. El mundo empresario dijo presente a medias. Los discursos, casi ni vale la pena criticarlos. El de Ángel Vespa, voluntarioso, pasó sin pena ni gloria. Una semana después del evento, es posible que ninguno de los asistentes recuerde una sola línea de una pieza carente de autocrítica (¿y el uso de natamicina? ¿Y las prácticas que investiga el INV?), y reiterativa año tras año. Y el de Jaque, será recordado como el día en que el gobernador embarró la cancha con el impuesto al cheque.
La presidenta Cristina Fernández y el propio vicepresidente Julio Cobos (mendocino ¿es necesario aclararlo?) le dieron la espalda a la Vendimia por motivos bien distintos, y el agasajo de las Fuerzas Vivas derivó en un evento que ya ni siquiera es emblemático. Desde el punto de vista de la política nacional, y de las estrategias de posicionamiento, la Vendimia ya no está en la agenda nacional, y –para muchos- ni siquiera en la de la provincia.
Párrafo aparte merece la pulseada por el ex almuerzo vendimial de Daniel Vila y José Luis Manzano en San Isidro, transformado ahora en una Vendimia Solidaria. En medio de la pelea entre los hombres del Multimedios y el gobierno; Jaque, Racconto, Miriam Gallardo, y cuatro ministros, se refugiaron en la invitación del Cuerpo Consular en la bodega Vistalba, de Carlos Pulenta; para hacerle el vacío a su ahora enemigo. Hace sólo un año, Daniel Vila defendía al gobernador de los chiflidos de la gente, en un discurso que sus medios transmitieron en directo desde su casa de San Isidro. ¿Qué harán el año que viene, el último vendimial para el gobierno de Celso Jaque? Yo apuesto, lo que quieran, a que van a estar donde estuvieron siempre.
La elección sospechada
En un
trabajo que presentamos aparte, el periodista Jorge Fernández Rojas se explaya sobre cómo la política se disputó la elección de la reina entre jaquistas y opositores. También explicamos cómo fue el voto de cada uno, y la militancia por cada una de las reinas. Lo que sí hay que remarcar es que en dos noches consecutivas, la Reina Nacional de la Vendimia fue silbada. Recuerdo una vez, hace varios años pero no tantos, le pregunté a Carlos La Rosa sobre las prioridades sociológicas de los mendocinos. No recuerdo el orden exacto, pero sí que en un grupo de cinco figuraban “La madre, la Virgen de la Carrodilla, la provincia, la Reina de la Vendimia, y la fiesta”. Esta vez, la soberana fue rechiflada, porque la gente sospecha que la política metió la cola en la elección. Y tienen razón. No fue una elección fraudulenta, ni ilegal, ni hubo trampas. Lo que hubo, es falta de sinceridad, algo de lo que la sociedad local está francamente podrida.
La fiesta freak
En nuestra columna política “El Quincho del Gordo Julián”, contamos cómo
se planeó traer a Ricardo Fort a la Fiesta de la Vendimia, para bloquear así la presencia de Mirtha Legrand en el palco del carrusel y en el Acto Central. Se sabe, la señora es una de las estrellas de América, propiedad de los empresarios Daniel Vila y José Luis Manzano, quienes están con las barbas en remojo prestos a ser rasurados por las tijeras de Cazabán, en un enfrentamiento que va desde el todo o nada a la seducción. El asunto es que en medio de esta fiesta de simulaciones, a alguien se le ocurrió traer a Fort para atragantarle la copa de champán rosé a la diva de los almuerzos, y si bien lo consiguió; la contraprestación fue el descenso, un poco más, en la calidad de la fiesta. No soy crítico de espectáculos, ni he evaluado jamás las calidades artísticas del invitado de lujo que trajo el gobierno a esta Vendimia. Sin embargo intuyo, como la mayoría de los que habitan Mendoza, que Fort no es justamente el ícono del trabajo, el sacrificio, y la honra a los frutos de la tierra, como debería ser la Vendimia. Por el contrario, es la imagen perfecta del hedonismo, y la certeza de que se puede llegar a ser alguien con una billetera generosa, nulo esfuerzo, y escasos talentos, pero que alcanzan para aparecer en lo más bizarro de la TV que todos consumimos. Hubo dos cuadros más de la Vendimia freak, que pocos percibieron. El primero de ellos, lo protagonizó Jaque entonando a voz en cuello La Virgen de la Carrodilla en su ingreso al Frank Romero Day. El segundo fue muy poco difundido. El lunes, en la segunda repetición, y mientras Bajofondo hacía estallar a la gente a pura energía, la directora de la fiesta Vilma Rúpolo y una mujer se tomaban de los pelos, forcejeando sobre el escenario del acto escolar más grande y caro que se haya podido organizar, de acuerdo a las críticas de los que entienden de este tipo de cosas. Yo sólo puedo decir que me aburrí un poco, y que me costó seguir la trama.
Para terminar, después de sufrir un carrusel interminable y caótico y la superposición de todo tipo de eventos, por suerte, no tembló el sábado a la noche. El acceso y la salida del anfiteatro fueron de una desorganización memorable. Un sismo, en ese entorno, hubiese provocado una masacre mayúscula por la estampida.
Como dijimos al principio: más divididos, no podríamos estar. Y eso se notó en la fiesta del Bicentenario. Terminó siendo la celebración simulada más grande de la que tengamos memoria. Y eso, hay que agradecérselo a la política, en su mayor parte. Tan fuera de foco hemos quedado, que en las promociones que hace la TV pública –la de Néstor y Cristina- de los eventos que han transmitido en vivo este año… ¡No se menciona a la Vendimia! Nos caímos del mapa.
Finalmente, amigos mendocinos, esta fue la Vendimia berreta que supimos conseguir. Que nadie se ofenda. Pero si seguimos así, en cinco años vamos a hacer cola en los fan tour para ir a la Fiesta del Sol de los sanjuaninos.