Qué hacer con los embriones congelados: una decisión que muchas familias postergan durante años
La donación de embriones criopreservados implica mucho más que una decisión médica: pone en juego vínculos, emociones, valores y proyectos familiares.
Hay una pregunta que se escucha con frecuencia y que pocas personas imaginan cuando comienzan un tratamiento de fertilidad: ¿Qué hacemos con los embriones que quedaron criopreservados?
Archivo.Hay una pregunta que se escucha con frecuencia y que pocas personas imaginan cuando comienzan un tratamiento de fertilidad: ¿Qué hacemos con los embriones que quedaron criopreservados? Es una decisión que suele quedar suspendida durante meses o incluso años. Los embriones permanecen congelados mientras la vida sigue: nacen hijos, cambian los proyectos, cambian las edades y las prioridades. Pero esa pregunta permanece, muchas veces acompañada por una incertidumbre difícil de explicar.
Qué hacemos con los embriones criopreservados
La donación de embriones es una experiencia con profundas implicancias emocionales y psicológicas. No es solamente una decisión médica o legal; es una decisión que toca aspectos muy íntimos de la identidad, la maternidad, la paternidad, el vínculo genético, las creencias y la historia reproductiva de cada persona o pareja. Por eso, no todas las personas la transitan de la misma manera. Para algunas representa un acto de solidaridad y el cierre de un proceso reproductivo, mientras que, para otras, puede despertar emociones complejas que aparecen incluso muchos años después. Los embriones criopreservados representan mucho más que unas pocas células. Para muchas personas simbolizan años de búsqueda, tratamientos, ilusiones, frustraciones, pérdidas, esperanzas y un enorme deseo de formar una familia. Cuando una persona o una pareja decide donar los embriones que quedaron luego de un tratamiento de fertilidad, puede estar aceptando que su propio proyecto reproductivo llegó a su fin. Algunas personas viven esta experiencia como un duelo. Otras no. Lo importante es entender que no existe una única forma correcta de atravesarla.
Los embriones representan más que unas pocas células
Es frecuente que aparezcan preguntas como:
- ¿Voy a sentir que hay un hijo mío creciendo en otra familia?
- ¿Cómo me voy a sentir sabiendo que existe un niño con mi carga genética?
Estas preguntas no significan que la decisión sea equivocada; significan que estamos frente a una cuestión importante. Uno de los aspectos más relevantes del acompañamiento psicológico es ayudar a diferenciar el vínculo genético del vínculo parental. Algunas personas logran establecer esa diferencia con mayor facilidad y otras necesitan más tiempo para elaborarla. Necesitar más tiempo no significa estar menos preparado ni tomar una decisión incorrecta. Cada persona tiene su propio ritmo, y lo más importante es que la decisión pueda tomarse en consonancia con los propios deseos, valores e ideales. Otro aspecto fundamental es que los integrantes de una pareja pueden vivir esta decisión de manera diferente. Es frecuente que uno esté convencido de donar y el otro necesite más tiempo o tenga dudas. Por eso es tan importante que la decisión sea compartida y suficientemente elaborada. Cuando uno de los dos siente que debe ceder para satisfacer al otro, el proceso puede dejar emociones pendientes. La donación de embriones no debería ser una decisión tomada desde la urgencia, la presión o la culpa. A esto se suman las creencias personales, religiosas, filosóficas o éticas sobre el significado del embrión y el inicio de la vida. Estos aspectos forman parte del universo simbólico de cada persona y también necesitan ser escuchados y respetados.
Es importante hacer una distinción que muchas personas desconocen. La donación de óvulos o de espermatozoides implica donar gametos, es decir, las células reproductivas. La donación de embriones, en cambio, se refiere a embriones que ya fueron creados durante un tratamiento de fertilización asistida y que permanecen criopreservados. Esa diferencia tiene un enorme peso emocional, porque el embrión suele representar una posibilidad concreta que formó parte de la historia reproductiva de quienes lo generaron. Muchas personas experimentan satisfacción al pensar que sus embriones permitieron que otra persona o pareja pudiera formar una familia. Ese significado altruista y solidario suele ayudar a integrar la decisión de manera positiva. El altruismo no elimina el dolor, pero puede convivir con él. Una persona puede sentir tristeza por despedirse de sus embriones y, al mismo tiempo, experimentar tranquilidad al saber que esa decisión brindó una oportunidad a alguien que no podía lograr un embarazo con sus propios embriones.
Una decisión que puede traer tristeza
Antes de concretar una donación, es recomendable contar con un espacio de evaluación y asesoramiento psicológico que permita explorar las motivaciones para donar, las expectativas sobre el futuro, las emociones de ambos integrantes de la pareja y la manera de comunicar esta decisión a los hijos, si los hubiera. El objetivo no es decidir por las personas, sino ayudarlas a tomar una decisión informada, libre y coherente con sus valores. También es importante hablar del arrepentimiento. Muchos pacientes temen tomar una decisión de la que puedan arrepentirse en el futuro. Sin embargo, las decisiones importantes siempre implican un grado de incertidumbre. Nadie puede decidir desde el futuro; decidimos con los recursos emocionales, la información y las circunstancias disponibles en ese momento.
Cuando existe un adecuado acompañamiento psicológico y una comprensión clara de las implicancias de la donación, las personas suelen experimentar mayor tranquilidad y menor ambivalencia a largo plazo. Pedir asesoramiento no significa estar más cerca de donar o de no donar. Significa darse la oportunidad de comprender qué representa esta decisión para los donantes, poner en palabras las dudas y tomar una decisión que puedan sostener con mayor serenidad. Porque no se trata solamente del destino de unos embriones. Se trata de una parte de la historia. Y las historias importantes merecen ser pensadas con tiempo, información y acompañamiento profesional.
* Lic. Patricia Martínez. Psicóloga (MN 24411). Especialista en Psicología en Reproducción Humana Asistida.