Habló la madre de Úrsula: su recuerdo y la silla que su hija nunca volverá a ocupar

Habló la madre de Úrsula: su recuerdo y la silla que su hija nunca volverá a ocupar

Úrsula, la joven asesinada en Rojas, mañana cumpliría 19 años. Su madre pide justicia, mientras recuerda los sueños que quedaron truncos.

Andrea Ginestar

Por Andrea Ginestar

La voz de Patricia se entrecorta a medida que intenta describir a esa niña de conducta “intachable” que asistió a un colegio privado de la localidad de Rojas en provincia de Buenos Aires y que ahora dejó una silla vacía en la carrera de Psicopedagogía. “Le gustaba reír, ayudar a sus compañeritas y jugar con ellas, era muy alegre y responsable. Pasó al nivel primario y quiso aprender inglés, siempre fue muy inquieta. Le gustaba la música, tanto que comenzó clases en una escuela de canto para aprender a entonar su voz”, recuerda Patricia Bahillo. Ella es la madre de Úrsula, la adolescente que fue asesinada el 8 de febrero por Matías Martínez, un ex policía que había sido su pareja y del que era víctima. La joven lo había denunciado por violencia de género e incluso el policía tenía una medida de restricción perimetral que había violado dos días antes del crimen.

Úrsula mañana cumpliría 19 años. Su femicidio conmocionó al país y por eso la familia y sus amigos convocaron a una marcha pacífica en todo el país para pedir justicia por ella y por todas las mujeres que han sido asesinadas. MDZ habló con Patricia contó anécdotas sobre su infancia y adolescencia, una joven llena de sueños y proyectos. Mientras el relato avanza se percibe cierta nostalgia, sensaciones mezcladas que provocan los recuerdos y el presente que es totalmente distinto a lo que imaginaba hace unos años. “En un momento le compramos un cuatriciclo y le gustaba salir por las calles de barro de los campos, salíamos juntas...yo manejaba y ella iba atrás, esas cosas le encantaban. Una nena tan deseada durante 10 años, tanto por mamá como por papá dentro de lo que podíamos le dábamos todo”, recuerda.

Infierno grande

Rojas es un pueblo chico, de cerca de 18 mil habitantes ubicado al noroeste de la provincia de Buenos Aires. Como la mayoría de los pueblos de la provincia, sus calles son amplias, de tierra, con árboles y mucha vegetación propia de un ambiente húmedo y cercano a grandes plantaciones y cultivos. Úrsula caminaba esas calles junto a su grupo de amigos, con quienes se juntaba a charlar y tomar mate en la plaza del pueblo. Los mismos que hoy se movilizan con su foto y alzan sus voces pidiendo justicia.

Lejos quedaron en el tiempo las tardes de amigos y amigas de Monopoly, ese juego de mesa de compra y venta de propiedades que hoy sigue guardado en la habitación de Úrsula. También los mates en la cocina o en el garage de la familia Bahillo; momentos que durante el 2020 fueron escasos debido a la pandemia. “Estudiaba psicopedagogía en Pergamino y completó el primer año. Antes de la pandemia, vivía en un departamento que alquilamos todo amueblado pero el año pasado decidimos que vuelva a Rojas con nosotros ya que las clases eran a distancia”, explica. El regreso a Rojas tuvo el agrado de estar con su familia, pero el pesar de vivir con miedo. “Ella tenía mucho miedo, se levantaba y encerraba en su dormitorio a estudiar, se bañaba, compartíamos los almuerzos y tardes pero su día giraba en torno al estudio”, explica su madre. “En sus ratos libres disfrutaba mirar películas y series en Netflix”.

La familia directa es muy chiquita y son todas personas de riesgo, por eso no tenía mucho contacto para prevenir. “Tengo una hermana que es 16 meses más grande que yo… está operada de un cáncer de cerebelo, mi papá también padece cáncer y mi madre. Mis suegros no están vivos y mi marido también está enfermo. Hace un tiempo tuve un infarto... razón por la cual nos cuidamos mucho durante la pandemia” 

Sueños truncados

Úrsula era una estudiante apasionada, inquieta, curiosa que soñaba con recibirse y poder ejercer ayudando a otros. “Hace unos días me llegó un video que hizo una de las docentes donde se veía una silla vacía dentro del aula donde Úrsula cursaba sus estudios…esa silla correspondía a nuestra hija y nunca se volverá a ocupar”, relata la madre. 

El 8 de febrero, el mismo día en que el femicida la atacó, Úrsula se preparaba para un nuevo camino. Había realizado el psicofísico que le pedían para comenzar a estudiar docencia y en sus planes estaba ingresar en marzo al Banco Nación. “Ella quería hacer carrera en el Banco Nación, eran muchos los proyectos que le truncó Matías Martínez, el asesino de mi hija”, recuerda la mujer, que ahora intenta salir adelante. “A pesar de todo este dolor, como mamá voy a seguir parada como un roble, mi esposo no hace declaraciones porque su procesión va por dentro, ya va a llegar el momento en que hable. Le pedimos al Fiscal Sergio Terrón que lo eleve a juicio en breve y esperamos la condena de perpetua para el femicida que le arrebató la vida a mi hija”.

Respecto al apoyo que recibieron desde el gobierno nacional dijo: “Tuvimos una audiencia con el presidente de la Nación, nos dijo que va a viajar en algunos días… con esto no levanto banderas políticas, solo la bandera de justicia por mi hija. Cuando fuimos a Capital, el mismo día de la audiencia con el presidente fui a la marcha en tribunales. Hay mucha sed de justicia por parte de las chicas que me abrazaban, les dije que estaba en representación de todas ellas, por el petitorio que están trabajando, hay muchas chicas que han denunciado porque han sido golpeadas o violadas por efectivos policiales y estuve ahí para acompañarlas y darles un granito de fuerza, como mamá dolida y quebrada… para ser la voz de ellas para que no hayan más femicidios y ni una menos…".

El Papa Francisco se comunicó días después del femicidio manifestando su apoyo espiritual y acompañamiento a la familia. “El santo Padre está en contacto también conmigo porque somos una familia de fe practicante y el Papa lleva la causa día a día desde Roma”, contó.

La localidad de Rojas se movilizó luego de conocerse la noticia del femicidio de Úrsula, toda la comunidad manifestó su apoyo a la familia Bahillo. Patricia cree que a partir de lo sucedido con su hija, las mujeres se están animando a denunciar los hechos de violencia que viven por parte de sus parejas. “Esto es catastrófico. Después del femicidio de mi hija, al otro día fueron 19 personas a denunciar a la comisaría de la mujer lo que estaban pasando, al otro día fueron 5 más y así sucesivamente. Ayer 18 personas fueron a denunciar la violencia de género que sufren las chicas de la localidad de Rojas. Estoy agradecida a la comunidad por el apoyo que nos están dando, a nivel país también el agradecimiento es extensivo", señaló.

El 26 de febrero es el cumpleaños de Úrsula, sus familiares y amigos están convocando a una marcha pacífica en todo el país para pedir justicia por ella y por todas las mujeres que han sido asesinadas. 

El caso

El 8 de febrero el efectivo de la policía bonaerense, Matías Martínez, asesinó a Úrsula Bahillo, de 15 puñaladas, según reveló la autopsia. La joven había denunciado a su ex pareja por violencia de género e incluso el policía tenía una medida de restricción perimetral que había violado dos días antes del crimen.

El cuerpo de Úrsula fue encontrado entre unos pastizales en el paraje Guido Spano, a unos 13 kilómetros de Rojas, donde ella vivía con su familia. Fue el tío del femicida quien se comunicó al 911 y refirió que creía que su sobrino había matado a una joven porque le confesó en un llamado que “se había mandado una cagada”.

Martínez estaba de licencia con carpeta psiquiátrica y hoy está detenido la unidad penitenciaria número 49 de la localidad de Junín, provincia de Buenos Aires, acusado del delito de “femicidio agravado por alevosía y ensañamiento”.

La justicia llegó tarde

Martínez tenía dos denuncias de sus ex parejas. La primera fue efectuada por una policía ex pareja de Matías Martínez quien lo denunció por violación de su sobrina de 13 años quien posee una discapacidad.

Por la segunda denuncia, Martínez fue condenado el 22 de febrero a cuatro años de prisión efectiva por un hecho de violencia de género cometido en 2017 contra una expareja llamada Belén Miranda quien lo acusó de ser un “protegido” de sus compañeros policías. 

El episodio por el cual se lo condenó ocurrió un mediodía cuando Martínez fue a buscar su almuerzo y se dio cuenta de que uno de los hijos de ella se había orinado en la cama, empezó a gritar y a cuestionar por qué los chicos no estaban en sus camas, a lo que ella le contestó que si no le gustaba se fuera. Martínez la sujetó del cuello y la tiró contra la pared, luego sacó su arma reglamentaria y amenazó con matarla o suicidarse, mientras simulaba gatillar con la pistola. ”Ojalá se pudra en la cárcel por basura y haberle cagado la vida a tantos, te vas a morir ahí adentro Matías Martínez”, escribió Miranda en su cuenta de Twitter el jueves pasado, al término del debate.

Si sufrís violencia de género, comunicate a la línea 144 o en caso de emergencias al 911.

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