Mar del Plata

El dramático relato de una docente absuelta en una causa por corrupción de menores y abuso sexual

La docente de música marplatense Analía Schwartz fue absuelta tras un período de once años donde aludió a una "pandemia de denuncias" falsas.

Federico Bruno
Federico Bruno sábado, 18 de mayo de 2024 · 13:58 hs
El dramático relato de una docente absuelta en una causa por corrupción de menores y abuso sexual
De remera rosa, la docente que fue absuelta y publicó una carta Foto: Archivo Télam

La vida de la docente de música marplatense, Analía Schwartz, cambió para siempre tras una serie de denuncias de padres de algunos de sus alumnos de los jardines de infantes de los colegios Gianelli y Fleming, que convirtieron su vida en un calvario, tal como expuso en una carta pública. 

Allí expresó que no pudo caminar más por la calle ni disfrutar el tiempo con sus hijos, por los sucesivos escraches que recibió por las calles y el terreno donde fueron más hostiles: las redes sociales. 

La causa que se inició en septiembre de 2013 por corrupción de menores y abuso sexual finalmente fue desestimada por la Sala V del Tribunal de Casación, donde resolvieron que no fue culpable de los delitos que se le imputaron.

Los jueces María Florencia Budiño y Mario Eduardo Kohan emitieron un fallo, de más de doscientas páginas, donde expresaron reiteradamente las palabras "rumor" y pusieron en jaque la indagación que hicieron los padres a sus hijos antes de formular las denuncias.

"Lo que se observa es que ante la primer noticia que nació como un rumor, muchos padres se preocuparon y decidieron indagar acerca de si a sus hijos también se los podría haber atacado de esa manera. En consecuencia, tomaron la iniciativa de averiguar directamente ello interrogándolos en forma reiterada y en una forma tal vez indebida, con la desesperación propia de quien necesita conocer todo sobre el punto", arguyeron los magistrados.

La docente conversa con la abogada Patricia Perelló - Foto: Archivo Télam

En relación con esos interrogatorios, contrastaron que "pudieron ser inadecuados desde el punto de vista forense, desde la ignorancia o desconocimiento de las técnicas con que deben realizarse dichas indagaciones. Pero ese proceder, lejos de ser reflexivo y buscar la serenidad que la situación demandaba (en resguardo de sus hijos y familias) resultó un verdadero reguero de pólvora que corrió con forma de una cadena de rumores y la contagiosa presunción de la veracidad de sus sospechas, que se fue agigantando como la onda expansiva de una bomba".

Schwartz le hizo saber a MDZ que tras 20 días de su segunda absolución todavía "no tiene fuerzas" para enfrentar una entrevista y que quiso hacer saber sus sentimientos a través de una carta pública que difundieron sus abogadas defensoras. 

En el escrito, dio detalles estremecedores de cómo fue cambiando sus actividades, y cómo afectó a su salud mental y la de su familia.  

"Mi nombre es Analía Schwartz, y escribo esta carta porque aún me sigue temblando el cuerpo, después de once años de vivir una película trágica, donde mi vida cambió en un segundo y para siempre", comenzó la docente, y acotó "aún recuerdo como si fuera hoy, ese domingo, el llamado amenazando de muerte a mis hijos de ese hombre que no me dijo su nombre, pero yo después reconocí. No tardaron desde el colegio en alertarme sobre la denuncia de una mamá que imaginaba que algo podía haber pasado en horas de clases, mientras ya había comenzado con el teléfono descompuesto.

En otro tramo, reveló que "fiel a la verdad y a lo que me pasaba, sin dudarlo decidí juntarme con las familias a hablar. Pero no hubo tiempo para eso: Gritos, destrucción de la escuela, golpes a los directivos, y yo escondida en un salón junto a mi madre, donde me hicieron apagar las luces para que no me lincharan, hasta ese momento sin saber por qué, mientras desde afuera se escuchaba: “vamos a quemarle la casa a esa h.d.p. (sic)” ¡Toda mi familia estaba ahí! Después los escraches públicos hicieron lo suyo". Y se preguntó: "Cuánto daño puede hacer una falsa denuncia, ¿no?". 

El colegio donde concurrían la mayoría de los hijos de los denunciantes - Foto: Télam

"Aulas vidriadas, docentes acompañantes, puertas abiertas, 30 minutos de clase, ¿De dónde habían salido esos increíbles relatos? ¿Cuál era la fantasía que llevaba a decir cosas que rondaban la ciencia ficción?", siguió con más preguntas retóricas. 

"En esos años de desarrollar mi profesión con amor y el cariño de colegas, directivos, pero sobre todo padres, madres y alumnos, pasé en un abrir y cerrar de ojos al escarnio mediático, en redes sociales y al no poder caminar por la calle por miedo a que me maten o insultaran delante de mis hijos. Esa fue mi realidad mucho tiempo", manifestó la mujer, que dejó de trabajar en el sistema educativo.

"En estos años mi depresión, por así llamar a cuando no le ves sentido a la vida, porque no podés dejar de pensar que es una pesadilla y que vas a despertar, no me dejó ver crecer a mis hijos y es lo que más lamento. Tenían 8 y 15 años, y me los perdí. Yo hacía de cuenta que estaba, pero no era así. Mis sobrinas y sobrinos, no sé cuándo crecieron. Tampoco puedo recordar nada lindo vivido, si no me muestran una fotografía donde yo estoy ahí", explicitó.

En este punto, dijo que sus acusaciones forman parte de un problema más complejo: "Entiendo lo que me pasó como un problema social y no por individualidades que hayan querido hacerme alguna maldad a mí en particular. No lo hago desde un falso filantropismo, sino desde una búsqueda de la realidad. Creo que esta enfermedad social, esta pandemia de denuncias falsas se basan en inseguridades que tenemos como país. Porque también entiendo que estas familias, que se sumaron a las falsas denuncias, sin quererlo dañaron la vida de sus hijos forzando una realidad que era imposible en términos prácticos. Y nadie, o casi nadie, quiere hacerles daños a sus propios hijos".

Hubo escraches en la escuela, tras el comienzo de la causa - Foto: Archivo Télam

"Dude mucho en escribir esto, porque quiero dejar todo en el pasado. Pero la verdad que tanto dolor no se va solo con la absolución de la justicia. Esto que me pasó a mí, es uno de los casos de cientos de docentes que viven lo mismo en todo el país. Algunos en sus casas, otros desde la cárcel esperando el día del juicio (que no llega nunca) para demostrar su inocencia y en otros casos esperando hace años la absolución", señaló la maestra de música.

"Los abusos sexuales contra niños son delitos aberrantes que deben ser condenados con todo el peso de la ley. Pero para eso", deben estar garantizadas todas las herramientas del debido proceso que permitan conocer la realidad de cada caso y llegar a la verdad. No con presiones ni escraches, no con manipulación, ni falsos informes, sino con la verdad. Muchos docentes que pasan por lo mismo, algunos con solo el escrache se suicidaron, otros como a Marcelo que lo lincharon y mataron, después de su absolución. Creo que podría nombrar a todos, pero no me alcanzaría el espacio. El Prof. Lucas Puig de La Plata, después de un proceso de 14 años falleció este 9 de mayo, a causa de un gravísimo cáncer. A él no lo mató la enfermedad, lo mató la injusticia", sostuvo en otra parte del escrito.

"Espero que mi caso sea la luz que ilumine a los procesados y encausados, que ilumine a la sociedad y a la justicia, para que se acabe esta locura y se llegue a la verdad. Con los chicos no, con los docentes tampoco", concluyó. 

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