Esperanza: umbral abierto frente a las desdichas
La esperanza ha sido un tema relevante en la filosofía a lo largo de la historia. Asimismo, una construcción social y cultural. Para la psicología, es una de las llamadas “pasiones del alma”, definida como la perspectiva de adquisición de un bien con probabilidad de alcanzarlo o como un placer experimentado ante la idea de un futuro probable que puede alcanzar dicha. En el análisis de carácter psicológico, la esperanza adquiere un estatuto de espera y confianza.
El espíritu de la esperanza (Herder, 2024) es la última publicación del filósofo coreano Byung-Chul Han, ilustrado por Anselm Kiefer, artista plástico quien entremezcla plástica con escritura, mitología con historia y reflexiona con la imagen el espíritu de lo construido a partir de un quiebre en la dimensión material.
Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias, escenarios apocalípticos diversos, nos confrontan cotidianamente con la inminencia amenazante de hundimiento y extinción. Este itinerario de catástrofe a catástrofes, ve reducida la vida a la supervivencia del malestar.
Han pone distancia con Heidegger cuando afirma que el filósofo desconoce por completo la posición amorosa con el otro y que llama diligencia amorosa. La esperanza no gira en torno al Yo, a la conciencia, porque quien tiene esperanza está camino del otro con el otro. Cuando uno tiene esperanza, confía en algo que lo trasciende. En eso la esperanza se parece a la fe. La instancia de lo distinto como trascendencia es la que alienta a uno en medio de la desesperación absoluta y la que permite levantarse cuando sentimos estar en el abismo.
Quien tiene esperanza es sostenido por algo distinto. Para Han la fórmula básica de la esperanza es “confiar en” y de este modo, la esperanza se opone diametralmente a la angustia, estructuralmente afín a ella. En eso se diferencia la angustia del miedo, que siempre se siente de algo determinado.
Existen argumentos a favor y en contra de tener esperanza
A favor es que la esperanza puede motivar e inspirar a las personas a trabajar hacia un objetivo común. Proporciona consuelo y alivio en momentos de dificultas. Fomenta la llamada resiliencia y la capacidad para superar obstáculos. Une a las personas construyendo un sentido de comunidad. Las inspira para encontrar soluciones innovadoras y creativas.
En contra es que la esperanza crea expectativas irreales y lleva a la decepción. Distrae de la realidad y evita que se tomen medidas prácticas. Puede ser utilizada como una forma de evasión o negación. Frustrante si no se cumplen las expectativas y el pero modo del autoengaño.
Qué podemos concluir
Tener esperanza no es en vano si se basa en objetivos realistas y alcanzables combinado con acciones prácticas que requieren esfuerzo alejando de este modo al pensamiento de carácter mágico reconociendo lo que significan los obstáculos en la complejidad de la vida.
Resulta una herramienta poderosa que mejora la calidad cuando asumimos que los hechos que nos ocurren se construyen con tiempo, habitándolos desde el lenguaje y con el compromiso de estar con otros favoreciendo las prácticas y lazos sociales. Shakespeare decía que la esperanza legítima es rápida y fugaz, que vuela con alas de golondrina. De los reyes hace dioses y de las humildes criaturas hace reyes.
En tiempos actuales recordemos que siempre surge de una última desesperación una última fuerza que debemos confiar para continuar nuestro trayecto.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta

