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Caso Fernando Pérez Algaba: ¿mensaje mafioso o crimen ordinario?

El cuerpo de Fernando Pérez Algaba, el comerciante que fue asesinado y descuartizado en Ingeniero Budge, ¿es solo un crimen o además es un mensaje mafioso?

Es un poco complicado analizar este caso, disponiendo solamente con los actuales datos. Pero los mensajes telefónicos que trascendieron parecen indicar algo muy estructurado. Como partiendo de una organización. Cuando hablamos de organizaciones criminales está claro que incluimos a las que se dedican al narcotráfico, a las barras bravas y otras. ¿Es éste un caso así? Pero analicemos algunos casos de descuartizamientos.

Un caso que en su momento sacudió al país, fue el asesinato y posterior descuartizamiento de Alcira Methiger por Jorge Burgos que culminó con una condena a 14 años de prisión por homicidio simple. Cumplió diez años de prisión y salió en libertad. Ocurrió en febrero de 1955. Fue impactante porque aparecían en sucesión los restos esparcidos por la ciudad de Buenos Aires hasta que por la radiografía del tórax de la mujer, la pudieron identificar debido a una cirugía de clavícula que era poco frecuente. Como primer antecedente anterior, en 1915, Augusto Conrado Schneider apareció descuartizado, en los lagos de Palermo, Buenos Aires, después de haber sido asesinado por Miguel Ernst, su socio, ciudadano alemán. Lo condenaron a muerte por homicidio calificado, pero salvó su vida porque el presidente Hipólito Yrigoyen abolió la pena de muerte.

En 1929, también en los lagos de Palermo, apareció el torso de una mujer -Virginia Donatelli- quien fuera asesinada por su amante y chofer, Julio Bonini. Cadena perpetua. En esas épocas, 1915, 1929 y 1955, el descuartizamiento se realizaba para tratar de ocultar el crimen. El torso de Virginia Donatelli estaba envuelto en un género burdo y atado con alambre de fardo. No existían pruebas de ADN y si no se encontraban las manos y los cuerpos no estaban tatuados la identificación era complicada. Pero se trataba de casos individuales, no de organizaciones.

Es necesario hacer notar que lo macabro del descuartizamiento,no cambia la calificación del crimen.
Instagram Fernando Perez Algaba

¿En el caso de este empresario, lo descuartizaron para ocultar el hecho o para dejar un mensaje a otros deudores?

Es necesario hacer notar que lo macabro del descuartizamiento, por más morboso y tenebroso que parezca, no cambia la calificación del crimen. Lo que habitualmente agrava a un crimen, planificación, alevosía, etc. no afecta al hecho en sí. Lo que el homicida realice con el cuerpo de la víctima para ocultar el hecho no agrava (califica) el delito.

Este caso, disponiendo solamente con los actuales datos, parece claramente calificado, porque las amenazas previas indican premeditación, o sea planificación.

¿Hay una organización mafiosa atrás?

Alexander y Staub, a los mafiosos, en su clasificación psicoanalítica de criminales los ubican entre los delincuentes “normales no neuróticos” con superyó criminal. Están adaptados a una sociedad especial con valores distintos al resto de la sociedad. Su conducta es egosintónica con sus creencias. O sea, no se consideran delincuentes, sino integrantes de una sociedad en guerra con los valores de la mayoría. Cuando hablamos de organizaciones criminales está claro que incluimos a las que se dedican al narcotráfico, a las barras bravas y otras. ¿Es éste un caso así?. Por lo menos parece.

Una alternativa, es culpar a lo que se llama “psicópata”. Hoy, en la actual clasificación internacional de enfermedades se llama trastorno antisocial de la personalidad. Por lo general se trata de individuos que no han recibido cariño los primeros años de vida, por orfandad o abandono y que por lo tanto no han aprendido a amar y tienen homicidio fácil. Los teóricos del psicoanálisis nos dicen que no tienen superyó porque no se les impartieron normas de convivencia en las edades que el resto de las personas las reciben. No han sido niños amados.

La Cosa Nostra, una mafia menos sanguinaria pero más eficaz.

Según Sigmund Freud, uno busca en la edad adulta, satisfacer viejos anhelos infantiles. Si uno los canaliza a través de manejos socialmente valiosos, queda en sintonía con el resto de la sociedad. El ejemplo fácil y muy repetido es de canalizar las pulsiones agresivas a través de la cirugía. Un personaje de la serie humorística “The Big Bang Theorie” de nombre Emily, lo dice en forma graciosa. Cuando otro personaje le pregunta por qué siguió medicina, la joven contesta -Porque me encanta tajear a las personas, pero en otras profesiones, eso es delito.

Otro ejemplo, es el de los que manejan material radiactivo. Satisfacen el antiguo anhelo infantil de jugar con fuego. El deporte, las artes, las ciencias cumplen ese objetivo de sublimación de viejas pulsiones. Pero lo que para la mayoría de la sociedad es socialmente valorizable puede cambiar en ciertos grupos. Y considerar socialmente valioso lo que para el resto de la sociedad es delito. Por ejemplo: venta de drogas ilícitas.

Los delincuentes de cuello blanco, vinculados a los poderes fácticos, descriptos por el sociólogo Edwin Sutherland, no se sienten delincuentes, al igual que los gansters o los capos del narcotráfico. Quienes asesinaron a este empresario pueden haberlo hecho por simple odio. Pero llama la atención la capacidad para realizar algo tan complicado como hacer desaparecer a una persona sin que nadie lo note de manera inmediata.

Desde la popularización de las series “CSI” se habla del perfil del criminal. El inconveniente es que aquí son varios. No parece ser un criminal, sino un grupo. El perfil, prima facie, es dudoso

Habrá que esperar las pesquisas.

* Orlando Juan Punzi. ex profesor de Criminología de la Facultad de Ciencias del Derecho del Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina (1999-2013)