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Cómo era la vida de Máximo Thomsen antes del asesinato de Fernando Báez Sosa

Máximo Thomsen, uno de los 8 imputados por el asesinato de Fernando Báez Sosa, hacía changas, estudiaba educación física y jugaba al rugby en el Club Atlético San Isidro.

El juicio por el asesinato de Fernando Báez Sosa cumplió con su segunda semana en los tribunales de Dolores y tras las declaraciones de testigos y peritos la situación de los 8 imputados se complicó, por lo que se estima que las sentencias serán ejemplares por parte del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1.

Y si bien se esperan duras condenas para los 8 acusados, quien se llevaría la máxima pena, la de prisión perpetua, es Máximo Thomsen, quien ha sido indicado, por testigos y peritos, como el que dio una de las patadas que terminó con la vida del joven estudiante de derecho en la noche del 18 de enero de 2020 en la puerta del boliche Le Brique en Villa Gesell.

Pasaron tres años del asesinato de Fernando Báez Sosa, quien por entonces tenía 18 años, dos menos que Máximo Thomsen, quien por aquel entonces estudiaba educación física en la ciudad de Zárate y durante el año realizaba trabajos en el barrio en el que vivía con su familia para poder hacer unos pesos.

Además de colocar alambrados en las casas de algunos vecinos, Thomsen, quien está a punto de cumplir 24 años, jugaba al rugby en el Club Atlético San Isidro, club al que llegó tras hacer las infantiles en el Arsenal Zárate.

Una vez en el CASI, donde Thomsen jugó durante dos años, el principal acusado del asesinato de Fernando Báez Sosa, realizó una gira por Europa con la M19. 

Para poder ir a entrenar y ocupar el pusto de wing dentro de la cancha, Máximo Thomsen recorría 73 kilómetros cuatro veces a la semana para poder ir a entrenar al CASI. Se había tomado muy enserio su carrera como rugbier, más allá que desde el club de San Isidro, tras los hechos ocurridos en Villa Gesell, declararon que era un joven que nunca se "integró" y que era "bastante callado".

Esta semana, su situación en el juicio se complicó. Un efectivo de la policía bonaerense que cumple tareas en Villa Gesell dijo que fue él quien involucró al remero de Zárate Pablo Ventura en el crimen, al decir que era suya una zapatilla secuestrada en la casa donde veraneaba el grupo.

El policía Mariano Rolando Vivas declaró en la quinta jornada del juicio que se lleva adelante en Dolores, que "Thomsen manifestó que (la zapatilla) era de Pablo Ventura", con lo que se convirtió en el primer testigo en identificar a quién involucró falsamente al remero que pasó unos días injustamente detenido hasta que fue sobreseído.

En la octava jornada declararon peritos y confirmaron ante el tribunal que una camisa, un jean y una zapatilla de Matías Benicelli; un pantalón de Luciano Pertossi; un jean de Ciro Pertossi; y las zapatillas de Máximo Thomsen tenían ADN de Fernando Báez Sosa.

Los testimonios brindados por los peritos complicaron aún más a Máximo Thomsen al revelar que sus dos zapatillas negras, con suela blanca, marca Cyclone tenían material genético del joven asesinado.