La voz como medio de comunicación

La voz como medio de comunicación

Dos de los programas más populares de Argentina son concursos de canto. Repasamos la importancia de encontrar la propia voz y conocerla.

Damián Fernández Pedemonte

Damián Fernández Pedemonte

"Canta conmigo" de Tinelli, disputa ahora el rating de "La voz argentina", el otro programa televisivo de concurso de canto, seguido por millones de espectadores. Los participantes -seleccionados por castings milimétricamente diseñados- resaltan una y otra vez la importancia que tiene el canto en sus vidas. Comentábamos con el crítico cultural Pablo Gianera sobre la expresión oral tan trabada de algunos escritores, prodigios de la palabra escrita. Él daba el ejemplo de la oralidad entrecortada de Juan José Saer, dueño, en cambio, de una pluma riquísima, sutil y fluida.

Yo soy una persona mucho más de escritura que de oralidad (una colega me dice, incluso, que soy mejor persona por escrito). Cuando empecé a dar clases en la Universidad Nacional de La Plata me aferraba al guion manuscrito. Les decía a mis alumnos que, en realidad, yo "escribía" las clases en el aire. Con el paso del tiempo fui desarrollando más la competencia de contar historias en voz alta, tratando de iluminar con ellas alguna idea, algún concepto (sin gran éxito, por cierto). Siempre permaneció la dificultad de mi voz.

Hace poco me llegó un mensaje que decía: “Si mi voz es como yo acabo de escuchar en este audio de WhatsApp, le pido perdón a todas las personas con las que hablé en mi vida”. Lo mismo digo. Siempre relacioné el hecho de que no conociésemos nuestra propia voz con la dificultad que tenemos para conocer en general y para conocernos a nosotros mismos en particular. No sabemos lo que pasa más allá de la pared de la habitación en la que estamos. Por tanto, no podemos estar demasiado confiados en penetrar verdades más complicadas. Y quizás una de las más complicadas es, justamente, conocerse a sí mismo. Hay una lección de antropología en la anatomía humana: necesitamos de los demás (o de avances técnicos) para conocernos a nosotros mismos. No somos capaces de vernos la espalda, ni siquiera con un espejo. Otro tanto pasa con la voz, lo cual demuestra que es un instrumento de comunicación. Un vehículo pensado fundamentalmente para que le llegue a otro el sentido que le estamos dando a las palabras. Porque en el lenguaje oral, el sentido depende en gran medida de la voz.

Hasta 2020 me quedaba afónico un par de veces al año. Entonces, un amigo me sugirió acudir a una instructora de canto, para mejorar mi dicción, educar mi voz. Encontré por LinkedIn a la persona adecuada para esta necesidad que tenía, por ser persona que usa de su voz como instrumento de comunicación, de mejorarla. Cuando empecé el coaching de voz no sabía que la iba a necesitar tanto ese año, por la pandemia. En las clases por Zoom la consistencia de la voz adquirió más relevancia. Es más, grabé varios podcasts para complementar mis clases. La voz tiene esa capacidad de difundirse por el espacio y de llegar más allá de la distancia, de conectarnos, de unirnos. Esto explica la vigencia de la radio y una nueva edad de oro de los medios sonoros. Desde entonces también empecé a cantar más. Cuando era más joven cantaba bastante, pero últimamente no estaba haciendo tanto. Por entonces, mi hermana me preguntó si yo cantaba habitualmente en la ducha. Le dije que no y me di cuenta de que estaba poniéndole poca musicalidad a mi voz.

La voz es un instrumento fundamental para una persona que se dedica a la comunicación, es decir para casi todos: docentes, políticos, líderes, actores, comerciantes. A veces se insiste en las habilidades de comunicación que tienen que ver con la redacción mucho más que con las que tienen que ver con la oralidad. Y después sucede que, en la vida profesional, cada cinco veces que usamos la palabra oral, en situaciones de conversación o de reuniones, sólo una vez usamos la palabra escrita. En rigor, ambas formas de comunicación se complementan por que, por ejemplo, para que la voz fluya de manera natural, armoniosa, es necesario tener un guion, un esquema pensado de lo que vamos a decir. Nada más diseñado que una conversación que parece espontánea, como en el teatro. Quevedo decía para que para que los textos queden limpios, para que la escritura fluya como el agua, es necesario que los borradores estén bien oscuros. Lo mismo pasa con la oralidad. En la medida en que tenemos más claro lo que queremos decir, transcurre con más naturalidad.

La voz nos conecta más aún que la escritura con nuestra corporalidad. La puesta en escena de la voz es más corporal que la del texto escrito. Cuando estoy improvisando en público, hablando frente a un micrófono, mis vacilaciones, mis búsquedas o la emocionalidad que despierta en mí pronunciar una palabra, se refleja rápidamente en mi voz. No hay un medio de comunicación personal corporal más expresivo. Esto lleva a pensar en la necesidad de incorporar en las charlas la emoción, además del discurso, de una estructura racional, de un argumento. Y la emoción aparece en la voz cuando esta es auténtica. En el texto escrito, siempre hay un resguardo, una protección (si bien también en el texto escrito hay una persona ahí compactada). Con la voz la conexión emocional es más directa, entre otras cosas porque la recepción de la voz recupera el registro, el tono, que tiene incorporado la emoción, que es un vehículo para transmitir la corporalidad. Esto es algo que los jóvenes están perdiendo porque cada vez tienen menos comunicaciones telefónicas en tiempo real y escuchan más audios grabados y diferidos. La ventaja que tiene la comunicación oral en tiempo real es el feedback inmediato. Con el timbre de su voz, el interlocutor connota la reacción emocional que le provoca escuchar lo que le acabamos de decir.

Hay personas con lindos ojos y fea mirada y personas en las que su voz desentona con su elocuencia. No deberíamos dejarnos estar en el entrenamiento de la voz, instrumento vital de comunicación

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