Estudio permite calcular los efectos de la perdida de días de clases
Una investigación de la Universidad de Cornell, publicado por la Universidad de La Plata y realizado por David Jaume y Alexander Willén, analizó los resultados laborales y de ingresos divididos en tres grupos etarios como consecuencia de las huelgas y paros docentes por provincia desde 1971 a 2014. David Jaume trabaja hoy como economista del Banco de México y Alexander Willén es profesor en la Universidad de Noruega.
Si bien hoy falta información para poder calcular las consecuencias del año transcurrido con pocas clases presenciales en el país, con clases virtuales y un alto nivel de desconexión pedagógica en sectores sociales desfavorecidos; para algunos especialistas el informe de Jaume y Willén sirve para prever cuales serían.
Según la investigación hay “evidencia robusta de que los paros docentes empeoran los resultados laborales de los individuos (estudiantes) cuando llegan a los 30 y 40 años”. Se estimó que se perdieron un promedio de 88 días de clases por paros en el ciclo primario, lo que representa solo 11 días por año y parecería una cifra mínima. De la mano de eso, se muestra una reducción de los ingresos anuales de los afectados en un 2,99% hacia los 30 años y en un 2,22% hacia los 40 años. Cabe aclarar que los autores consideraron a esas edades porque, explican, son la mejor guía de una carrera laboral.
Otro punto que muestran es “una declinación en los salarios por hora, un aumento del desempleo, un aumento de la probabilidad de no encontrar trabajo o no proseguir los estudios y una declinación en los niveles de habilidad de las ocupaciones elegidas”. Estos resultados están asociados a una disminución de los logros educativos y tienen efectos intergeneracionales “significativos”, es decir, los hijos de aquellos que fueron expuestos a repetidos paros docentes sufren también efectos adversos.
Además mostraron que los 88 días sin clases, llevan a un aumento de 0,70 puntos porcentuales en la tasa de desempleo, un aumento del 11,4% respecto de la tasa mediana de desempleo por provincia, y un aumento de 1,58 puntos porcentuales de la cantidad de personas que no estudian ni trabajan.
Al mismo tiempo, analizaron que los paros afectan a varones y mujeres de modo diferente. Para los varones aumentan la probabilidad de ser desempleado o tener ocupaciones de menor calificación e ingresos. Para las mujeres, si bien sufren similar efecto en cuanto a logros educativos, induce a muchas al trabajo hogareño, lo que significa no seguir estudiando ni trabajar fuera de la casa y las afecta en otras dimensiones socioeconómicas.
“Específicamente las mujeres expuestas a paros docentes durante la escuela primaria tienen más hijos, parejas con menor nivel de educación e ingresos familiares más bajos”, aseguran los autores.
Parte del estudio, sobre la etapa 1971-1985, muestra que en al menos la mitad de esos 15 años los docentes tucumanos hicieron huelga 133 o más días del ciclo lectivo. Luego vienen Santa Fe, Salta y La Rioja, y los que menos días tuvieron de paro fueron Formosa, Tierra del Fuego, Corrientes, Entre Ríos y la Ciudad de Buenos Aires. Entre 1983 y 2014, se verificaron 1.500 paros docentes de distinta duración y alcance en todo el país “con sustanciales variaciones por provincias y momentos, que lo hacen un caso interesante caso de estudio”.
De cualquier forma, agregan que “en los últimos años se han observado paros docentes en países tan diversos como Argentina, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Francia, Alemania, India, Israel, Italia, Líbano, México, Rusia, España y EEUU”, lo que llevó a una “creencia compartida” de que los paros docentes dañan el aprendizaje de los estudiantes y llevó a algunos países a establecer leyes que limitan severamente el derecho de huelga docente.
En Estados Unidos, solo 13 de los estados dan el derecho a los docente para hacer huelga en caso que las negociaciones colectivas a través del sindicato no lleguen a una resolución.
En Ecuador, el expresidente Rafael Correa sancionó en 2008 una Constitución que prohíbe los paros docentes (art.326, apartado 15) por considerar la educación un “servicio público”.
Al mismo tiempo, Jaume y Willén defienden los reclamos sindicales y consideran que pueden redundar en mejores condiciones de trabajo, motivar a los maestros y aumentar su productividad.
De cualquier forma, Jaume, en su cuenta de twitter, comparó el estudio con la situación actual y consideró que son dos circunstancias distintas que pueden tener consecuencias diferentes.

