El lamento de la hija de una anciana varada: "Ella no está lista para morirse"
Especial desde Perú para MDZ
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La tragedia mundial del coronavirus ha convertido el viejo placer de los viajes en una pesadilla. Como si fuera una parodia de los programas televisivos de Marley o el mendocino Agustin Neglia, ahora los turistas argentinos que viajaron se agrupan en videoconferencias y no paran de relatar angustias y sufrimientos.
No hay espacio para postales exóticas ni sonrisas. Se conectan a la web desde cuartos oscuros. Lucen barbudos y ojerosos. Están todos enojados.
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Dos diputados opositores (Luis Petri y Waldo Wolff) decidieron en la tarde de este lunes llevar esa experiencia al extremo. A través de la aplicación Zoom, conectaron a varados de más de 20 países y les dieron cámara y micrófono para hablar. Facilitaron así una descarga anímica en vivo que no se sabe si servirá para algo más que el desahogo grupal, pero que merecía tener visibilidad.
Por ejemplo, Marta mostró a su madre argentina de 91 años, quien a comienzos de marzo la fue a visitar a la isla de Roatán, en la caribeña bahía de Honduras, pero ahora no puede regresar.
"Ella no está lista para morirse y si los aviones volaran se podría volver sola", contó Marta, con su madre anciana al lado. Señaló en ese sentido que en Honduras el virus es letal porque el sistema sanitario es muy precario y contó que la enfermedad no ha llegado a Roatán sencillamente porque el gobernador ha vallado el territorio.
"La gente de Honduras se lanza a un mar bravo para venir acá. Cuando tengamos un caso de coronavirus, seguro que nos morimos todos", advirtió.
En otro momento tuvo sus tres minutos de cámara Guido de la Rosa, un joven que viajó a indonesia con su novia el 3 de marzo pasado. Quizás los mismos que se fascinan con los programas de viaje, ahora hostigan a gente como Guido en las redes sociales. Por eso el joven aclaró que aterrizó en el destino antes de que se declarará la pandemia.
Guido habló del virus, pero no solamente de eso. También del miedo al dengue y hasta de la amenaza de los volcanes en Indonesia. Se quejó además del cierre de fronteras en Argentina, de la falta de atención en el consulado y de la asistencia económica que no llega.
Los reclamos se multiplicaron en este desfile de turistas malogrados que quedaron frenados en Dinamarca, Playa del Carmen. Italia, Japón y otras partes
El Estado argentino ya era una frazada corta antes de que explotara el fenómeno de los varados y no hay razones para que eso cambie ahora mismo. Menos cuando su intervención es reclamada por personas cuyas urgencias no son tan prioritarias en el marco del estado de emergencia que generó la pandemia.
En este contexto, los relatos confirmaron que hay consulados que devuelven el Whatsapp con un mensaje automático. Que existen consulados y embajadas a las que incluso todavía no llega el nuevo cónsul o embajador, o en las que todavía ese funcionario no ha sido nombrado.
Hubo periodistas que se arrimaron a participar del Zoom y el auditorio para que los turistas contaran sus inesperados padecimientos fue suficientemente amplio. El mendocino Petri lleva semanas tomando contacto con estos argentinos desterrados, que se fueron del país en el momento equivocado y ahora no pueden, o no los dejan, volver a casa.
¿Qué puede hacer? Además de tratar de que sean vistos, ha prometido un proyecto para eliminar el impuesto del 30 por ciento a los consumos en el exterior. El Gobierno Nacional ignora o posterga para un indefinido futuro esa medida.
Los varados dependen entonces de otras cosas. Por ejemplo, de que el canciller Felipe Solá le gane algunas pulseadas al Ministerio de Salud en la batalla diaria por la aprobación de vuelos de repatriación, que la cartera ve más que nada como focos de contagio y amenazas para la estructura hospitalaria del país.
También dice Solá que da pelea contra las aerolíneas comerciales que dejaron colgados a sus pasajeros con el boleto de vuelta en la mano.Y hasta con la propia "aerolínea de bandera", que debería ser su instrumento más importante, ha tenido conflictos: los pilotos presionan para no volar, porque corren riesgos.
La semana pasada Solá consiguió subir de 300 a 400 personas por día el estrecho pasillo de ingreso al país por el aeropuerto de Ezeiza. La matemática indica entonces que la espera de los varados, que son por lo menos 12.000, se demorará 30 días más, y dependerá de que el virus no escale demasiado.
Y hay lugares donde la vuelta va a ser más compleja que en otros: el propio Alberto Fernández dijo hace un tiempo que el argentino elige destinos "insólitos" cuando abandona los límites de nuestro país.