Nuestro cerebro: esa maquinita que nunca descansa

Nuestro cerebro: esa maquinita que nunca descansa

Cuando no estás haciendo nada, tu cerebro está haciendo bastante: así actúa la llamada Red Neuronal por Defecto. ¿Querés saber más? Seguí leyendo, te lo cuenta la neuropsicóloga mendocina Cecilia Ortiz.

Cecilia Ortiz

El ejemplo resulta bastante usual: tenés un rato de descanso, te recostás cómodamente, cerrás los ojos, quizás ponés algo de música intentando desconectarte y de repente, y de manera desconsiderada, empezás a recrear escenas: “¿Qué pasaría si me ganara la lotería?”, “¿Por qué no pude decirle a mi jefe que quería tomarme las vacaciones la primera quincena?”, “¿Qué estaré haciendo dentro de 5 años?”, “Mañana tendría que lavar el auto”, un remolino de pensamientos se van sucediendo a un ritmo “prestíssimo”, sin silencios, sin pausas, sin descanso.

Te cuento la historia: en el año 1990 el neurólogo Marcus Raichle se encontraba haciendo una investigación. Conectaba a pacientes a scanners cerebrales para seguir de cerca la actividad neuronal ante determinados estímulos. En una pausa de su trabajo, les pidió a los voluntarios que se relajaran un rato antes de pasar a la fase siguiente, olvidando apagar el scanner. Y entonces, observó que ante la falta de estímulos externos aún había actividad cerebral. Lo que lo llevó a la hipótesis de que el cerebro podría tener la capacidad de “autoestimularse”. Trabajador incansable.

Raichle continuó con esa línea de trabajo y postuló la existencia de la “Red Neuronal por Defecto” (RND): una red funcional prominente que se caracteriza por una actividad importante en regiones cerebrales activas cuando estamos en reposo (o “vagabundeo mental”) y por una disminución de su acción cuando estamos ante una tarea cognitiva o motora. Y así enterró por completo las ideas acerca de que nuestra mente es una tabla en blanco que recibe estímulos a través de las aferencias sensoriales. Por el contrario, contamos con circuitos funcionales autónomos que juegan un rol modulador.

Cuando Raichle indagó acerca de qué pensaban los participantes al estar en reposo, las respuestas implicaron recuerdos, planes futuros, pensamientos, experiencias personales, es decir, actividad autoreferencial e introspectiva.

Entonces, en el momento en el que creemos que no estamos haciendo nada, nuestro cerebro hace mucho: baila oscilando entre pasado y futuro, intentando preveer y controlar situaciones que en realidad son imprevisibles e incontrolables. Intenta sumergirse en vivencias autoestimulantes que nos alejan de aquello que está ocurriendo.

Desde un punto de vista positivo, la activación de la RND soporta el procesamiento emocional, el recuerdo de vivencias previas, posibilita la integración de experiencias internas y externas y auspicia la creatividad.

Sin embargo, una consecuencia negativa de la activación de esta red es la “distracción” de la experiencia presente, la no resolución de conflictos, la evasión de problemas y, según estudios, el aumento de vivencias de infelicidad.

La activación de esta red implica áreas del cerebro que conforman lo que se conoce como “sistema de logros”: aquellos “ítems” que nuestra cultura y nuestra familia marcan que “debemos alcanzar” para ser exitosos. Cuando el sistema de logro se pone en acción activa la producción de neurotransmisores como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina que “excitan” nuestro sistema nervioso acelerando nuestra cadena de pensamientos, nuestro ritmo cardíaco y nuestra ansiedad.

Este viaje poco productivo de nuestra mente puede controlarse a través de la práctica de actividad meditativa como el mindfulness, que posibilita concentrar la atención en lo que sucede en el momento presente.

Nosotros no podemos controlar voluntariamente muchos eventos que ocurren en nuestra anatomía, pero sí cae bajo nuestra órbita la posibilidad de manejarlos, ¿para qué? Para rescatarnos de lo que nos hace mal.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com 

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