Cuáles fueron las irregularidades en la autopsia de Menem Junior
El operativo para realizar la autopsia de Carlitos comenzó a las 4 de la mañana del 12 de julio de 1996, en el Cementerio Islámico de San Justo.
El hecho de que el cuerpo fuera exhumado dentro de una carpa de 10 metros por 20, provocó el enojo de Zulema Yoma quien no había concurrido al acto, excusándose en el hecho de que el cadáver no había sido desenterrado a cielo abierto, lo cual, explicó, iba en contra de su religión.
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El trayecto, que iba del Cementerio Islámico de San Justo a la Morgue Judicial ubicada en Viamonte y Junín, había sido cubierto por una caravana que incluía cerca de 30 vehículos entre ambulancias, móviles policiales y la camioneta blanca que transportaba al féretro. Desde el aire el control era llevado a cabo por un helicóptero de la Policía Federal.
La necropsia fue presidida por los entonces jueces federales Jorge Rodríguez de Morón, Gabriel Cavallo de Capital y Carlos Villafuerte Ruso —hasta hoy a cargo de la investigación de la muerte de Menem Jr—, el cuerpo médico forense y los peritos designados por las partes.
Durante cuatro horas, los médicos, jueces y representantes de las partes iban a permanecer en el edificio de la Morgue Judicial, mientras afuera una gran cantidad de policías se iba a abocar a mantener prohibida la entrada, cortando el tránsito cada vez que entrara o saliera algún vehículo del establecimiento.
Fueron en total unos 200 efectivos quienes estuvieron afectados al operativo. Había participado tanto la Policía Federal como la de la provincia de Buenos Aires a través de personal de Infantería Caballería del Grupo Halcón y hasta de la Brigada de Explosivos.
En la morgue Judicial hubo cerca de veinte personas: por un lado doce expertos en traumatología, neurología y cirugía torácica, pertenecientes a la Academia Nacional de Médicos de la Asociación Nacional de Medicina y de la Facultad de Medicina de la UBA que supervisaban las acciones.
Por otro lado, se encontraban presentes el entonces médico personal de Menem, Alejandro Tfeli y su ex abogado, Ricardo Klass; el abogado de Zulema, Alejandro Vázquez –que había sido el primero en llegar-; los peritos propuestos por ambas partes y los peritos oficiales.
El peritaje terminó mostrando varias sorpresas:
-El estado del féretro era lamentable: desprendimiento de madera exterior y manijas; destrucción de la cerradura existente en la parte posterior y de las grampas de encastre que originaron la imposibilidad de que la tapa fuera colocada, teniendo que ser asegurada con una soga; la destrucción de todos los clavos existentes en la base del mismo que estuvo por causar que el féretro desfondara y lo cual fue justificado por “posible acción de ácido o agua”.
-Entre la tapa de madera del cajón y la caja metálica del mismo se halló tierra colorada, inexistente tanto en la zona donde se produjo la caída del helicóptero como en la zona donde se encontraba enterrado el féretro. Dicha tierra se encontraría en nuestro país solamente en las provincias del norte, linderas con Brasil o Paraguay.
-No se pudo realizar examen dactiloscópico debido al estado de putrefacción y transformación cadavérica.
-Se constató el desprendimiento de las mandíbulas, en especial la superior, aparte de la ausencia de varios dientes y a pesar de que el primer informe hecho por el médico policial el mismo día en que Carlos Menem Junior perdió la vida, aseguraba que el mismo contaba con todas sus piezas dentarias.
-Se comprobó una intensa y diferenciada esqueletización parcial y de gran intensidad y aceleración en la extremidad cefálica, en el tórax y en ambos miembros superiores, aparte de la inexistencia total de: piel, cabello y uñas.
Por otro lado, se habían tomado veintiséis placas que fueron comparadas con viejas radiografías de Carlitos y se concluyó que todas correspondían a la misma persona. En las que se tomaron después de muerto se constataron fracturas de tórax a la altura de la séptima y la octava costillas, del brazo izquierdo y de ambas piernas. También fracturas múltiples y en trozos pequeños del macizo facial.
En conclusión y según lo asegurado por los peritos intervinientes, la muerte de Carlos Menem Junior se había producido por fracturas óseas múltiples y la causa del traumatismo cráneo encefálico fue un mecanismo de golpe o choque contra objeto duro y de gran intensidad. Las lesiones debidas a la fractura de cráneo y del macizo facial eran capaces de producir sobre los tejidos blandos meningo-encefálicos y vasculares, el consiguiente deterioro neurológico y ocasionar el coma y la muerte.
Zulema se presentó en la morgue recién al mediodía, cuando ya había finalizado la operación y esperaba afuera de la sala acompañada por una mujer del Centro Islámico. En las manos tenía una mortaja blanca para colocarle a su hijo.
Cuando trató de entrar, Tfeli, el entonces médico presidencial, la detuvo y le dijo que eso era imposible, que el cadáver de Carlitos no estaba en condiciones.
Luego de eso y a pesar de sus palabras acerca de la seguridad de que el cadáver examinado era el de Carlitos, al retirarse afirmó que seguía convencida de que su hijo había sido víctima de un atentado: "Insisto con que hubo un sabotaje que se inició en la residencia de Olivos".
La autopsia, de hecho, había despertado múltiples dudas en ella. Por ejemplo, se preguntaba cómo podía explicarse el deterioro que mostraba el féretro, que no se correspondía con el tiempo transcurrido desde que se había enterrado el cuerpo de su hijo.
Zulema reveló entonces que el cajón mortuorio de Carlitos “no se encontró en contacto con agua tierra o humedad”, agregando que las tumbas en el cementerio Islámico de San Justo “se construyen bajo tierra, en pozos recubiertos de material y, por ser múltiples, cada nicho es sellado mediante tapas de hormigón (...) La ubicación que tenía (Junior) dentro del sepulcro múltiple era totalmente aislada por capas de hormigón”.
Por otro lado, los peritos de parte de Zulema llamaron la atención sobre algunos puntos del peritaje y solicitaron las respuestas a los forenses oficiales y peritos por parte de Menem. A saber:
-Composición de la tierra hallada entre la tapa de madera del féretro y la metálica y origen de su procedencia.
-Razones de la putrefacción avanzada del cadáver.
-Explicación sobre la falta de seis dientes, ya que en el examen realizado el día del fallecimiento por el médico policial, Nicolás Rovera no se declaran piezas faltantes.
Los peritos odontológicos habían manifestado, el 13 de diciembre de 1996, su punto de vista sobre este punto. La Dra. Beatríz Maresca junto a los dentistas Carlos Cecchi, Inés Cecchi y Susana Pezze afirmaron que “durante la confección de la ficha odontológica de la exhumación se destacó la falta del sector dentario y óseo antero-superior (...) No existe una razón científica o específica para justificar la falta en ese momento de dicho sector”. No olvidemos que es la dentadura justamente –aparte del ADN- la que permite identificar la identidad del cráneo de una persona.
Carlos Cechi, además, le confesó a Zulema que los peritos que habían firmado el informe pericial, lo habían hecho sin siquiera leerlo. Le aseguró que se había formado una larga cola para estampar las firmas y que cuando llegó su turno los empezaron a apurar, debiendo firmar sin poder leer nada. Nunca se pudo avanzar en dos puntos:
-Determinar si el cráneo se correspondía con el resto de los huesos del cadáver ya que en el informe cadavérico y las radiografías obtenidas en el Hospital San Felipe no se mencionaban las fracturas citadas en la autopsia.
-Determinar la posibilidad de supervivencia en función de las fracturas del cráneo halladas el día de la autopsia, no detectadas antes, y determinación de contemporaneidad de todas las fracturas.
Una vez finalizada la necropsia la caravana regresó al cementerio. El cuerpo de Carlitos había estado solo seis horas fuera de la sepultura. Era la una de la tarde y el entonces Juez Cavallo había decidido encintar el ataúd. Era el comienzo de una nueva batalla por parte de Zulema.
(*) Christian Sanz es autor del libro "Maten al hijo del Presidente". Editorial Galerna (1999).