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Sin filtro: Un instante de la salud pública de Mendoza

Un lector de MDZ cuenta cómo una falla del personal convierte la espera en la guardia del Hospital Central en una pesadilla interminable.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

A diez minutos de arrancar la madrugada del sábado, por Maza y Videla Aranda, de Maipú, una camioneta chocó con un vehículo Ford Fiesta, en el que iba una mujer con tres jóvenes atrás. El coche sufrió el violento impacto y una de las chicas -la ubicada en el lado de la puerta que recibió el golpe de la camioneta- terminó muy herida y fue la prioridad del personal de la ambulancia del Servicio Coordinado de Emergencia que atendió el caso, por lo que fue trasladada al Hospital Central. La mujer que conducía el Ford Fiesta fue llevada por su marido -un kinesiólogo que cumple sus funciones en el hospital Notti- a la guardia del Hospital Italiano de Guaymallén. 


Tras recibir las primeras curaciones en el hospital situado en la lateral del Acceso Este, la mujer pasó la noche del sábado con dolores y al mediodía siguiente, ella y su marido resignaron el esperado almuerzo del domingo con sus seres queridos para acudir a otra guardia hospitalaria, esta vez al Central, para un alivio efectivo. Y se encontraron con un escenario que retrata una instantánea de la salud pública mendocina que duele:

“Alrededor de las 12.30 de ayer [por el domingo pasado] llegamos a la guardia del Hospital Central y unas 30 personas aguardaban para ser atendidas en una fila que salía por afuera de la misma. Algunos de los allí presentes, en situaciones muy preocupantes. Por ejemplo, había una señora que, por la mordida de un perro, tenía el brazo lesionado y sangrando mucho; otra señora, con la cabeza herida, esperando urgente una curación. Tanto en la cola de afuera como en la de adentro había mucha gente sufriendo, a tal punto que una persona sensible o no habituada a este tipo de situaciones si va allí puede descompensarse”, contó a MDZ Pablo Vivas, el  marido de la mujer accidentada en Maipú. 


Todo esto transcurría entre las 12.30 y 14 de un domingo insalubre y colapsado de tensión en el subsuelo del Central, por una razón que según describirá Vivas, también retrata un instante que también duele en lo que hace al desempeño del recurso humano de allí:

“El problema es que iba llegando gente, algunas en situaciones realmente desesperantes, y en la guardia no había recepcionista, ni nadie que al menos escuchara los reclamos de esas personas, que al menos les diera una expectativa de cuánto tendrían que esperar para ser atendidas. Yo creo que por la hora en que esto sucedió alguien que cumplía esta función se había ido a almorzar, algo que corresponde, pero nadie lo había reemplazado. La incertidumbre y la tensión del momento llevó a que la gente empezara a perder la paciencia”, agregó Vivas. 

 Tras lo experimentado, la evaluación que hace Vivas es que “tendrían que ampliar la guardia y la instalación, que no da abasto, como también el personal”.

En lo que respecta a ampliar el personal del Central hizo una aclaración:

"Luego de casi dos horas, cuando fuimos atendidos, vi que había un buen stock de médicos y enfermeros y realmente atendieron muy bien a mi mujer.  Inclusive los medicamentos llegaron rápido. El problema que vi está en quienes reciben a los pacientes que llegan a la guardia", explicó.

Y concluyó con esta opinión:   

"Cualquiera que vaya a la guardia médica del Central se come una hora y media de espera".

Todo depende de la gravedad del caso

Por la guardia del Central pasan unos 300 pacientes al día. Según una fuente del hospital Central consultada por MDZ, un médico de guardia recibe los datos de los pacientes que van llegando y arma la lista final según el grado de emergencia (que puede ser bajo, medio o crítico). Por ejemplo, si alguien que con la garganta inflamada por el frío llegó primero que un herido de bala tendrá que dejarle su lugar. 

"Todo depende de la patología que traiga. Los médicos de la guardia del Central reciben más felicitaciones que quejas porque la primera atención es fundamental y allí la demanda es grande", comentó.

Respecto de quienes reciben a los pacientes que llegan a la guardia afirmó que allí trabajan dos administrativos con turnos de 12 horas (y descansan 24 horas). Si bien admite que ese domingo la espera fue insoportable para los que les tocó pasar por allí, "la realidad es que en todos los hospitales de Mendoza, para que te atiendan hay que esperar por lo menos una hora y media en las guardias".

Aquí se abre un punto crítico para buscar una solución no sólo en hospitales públicos sino también privados de la provincia: ¿cuál es el margen de riesgo (de salud física y emocional) de quienes indefectiblemente les toca esperar más de una hora en las guardias médicas?, ¿acaso, mientras pasan los eternos minutos, podría intervenir algún profesional de la salud (psicólogo o trabajador social) para contener al paciente que llega y contribuir al armado del diagnóstico?; en última instancia, avanzar un poco más en el abordaje de esa situación en los hospitales.