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Educación: Ideas para solucionar problemas de fondo

“Mi hija no quiere ir más a la escuela y yo la apoyo”. El alumno con buenas intenciones que no avanza por ser amigo de todos. El profesor que no puede controlar el curso. Dos especialistas brindan respuestas de fondo a éstos y otros problemas del día a día en las aulas mendocinas.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

Una trabajadora social de un secundario de Ciudad llamó varias veces a los padres de una alumna de tercer año, que empezó a bajar el rendimiento y de repente comenzó a faltar.  “Mi hija decidió tomarse un año de licencia y yo acepto su decisión”, le dije su madre, cuando fue a visitarla a su casa.

 “Mi hijo dice que la escuela no sirve para nada y no quiere seguir más” fue la respuesta de otra madre, en una visita domiciliaria que hizo por otro caso. Esa madre no había terminado el secundario y se dedicaba a las changas. 

Un profesor de Historia de un secundario de Las Heras reconoce que con los de primero y segundo "no puede establecer un mínimo contacto".  Y cuando logra iniciar el desarrollo de una explicación baja el telón cuando escucha el sonido de los bombardeos de barcos y aviones de los videojuegos de las netbook de su aula. No puede sacar del aula a esos "alumnos videojuegos" porque ese docente es responsable ante la ley de lo que pueda pasarle a ese chico afuera del aula -inclusive si decide salir de la escuela-. En su escritorio, un cuaderno de campo que no le va a solucionar el problema.


Diagnóstico

Los casos citados son reales. Ocurren en los secundarios mendocinos. El problema de fondo, según coinciden docentes, es la pérdida de su autoridad  ante el alumno y por parte de muchos alumnos y padres, la falta de sentido de ir a la escuela. Resultado: la educación mendocina (y argentina) en retroceso.

Mientras en estos días se discute la nueva ley de Educación de Mendoza, los grandes lineamientos son las constantes y las soluciones prácticas de problemas de fondo (las que viven día a día el personal docente y no docente en su ámbito de trabajo) no están.

Cecilia Scarafia es profesora y licenciada en Ciencias de la Educación. Se destaca por su labor como orientadora familiar en la Fundación Crescere. Allí desarrolló e implementó con éxitoprogramas de alta aplicabilidad en el ámbito familiar y educativo. Y Santiago Alejandro Frigolé es doctor en es doctor en Ciencias de la Educación, miembro del Observatorio de la Calidad Educativa y autor del libro “Educar para crecer”, en el que plantea propuestas para mejorar la educación. Ambos integran la Mesa de Encuentro por la Educación Mendoza, un grupo interdisciplinario que demanda “cambios sustanciales” a la ley de Educación que se discute.


Consultados por MDZ sobre los casos concretos que plantea esta nota, lo que sigue son sus aportes:

Alumnos ganaron la batalla: el profesor no puede dar clases

AF: Los chicos saben que el profesor no puede establecer límites. No se trata de que el docente no sepa manejar un grupo: por ejemplo, un policía no puede manejar a toda una barrabrava. Aunque pongan diez policías igual no podés hacer nada. Las normas de disciplinas hoy están muy diluidas. Si no hay sentido del orden y el profesor no dispone de herramientas para establecer el mismo, los alumnos no aprenden, el docente termina enfermo y la sociedad se perjudica.

La solución integral es convocar a la familia, hacer una reflexión del tema y que sepa del daño que significa que el profesor no pueda dar clases.

Pero resulta complejo en una sociedad en que las normas son confusas y que sea confuso distinguir lo que está bien de lo que está mal. El problema de fondo es la pérdida del sentido del límite.

“Déjela a mi hija: se va a tomar un año de licencia” o “A mi hijo no le gusta la escuela y yo lo respeto”

AF: El origen del problema es la familia. El “no voy a hacer nada durante un año” es inadmisible porque se convierte en un “ni ni” que buscará la salida a ese vacío que no serán las adecuadas. Algo tiene que hacer. También hay una pérdida de autoridad familiar. Casos como éste debería legislarse. La sociedad debería exigirle a la familia que ese chico que quiere dejar la escuela tiene que contribuir en algo a la sociedad, ya sea haciendo deporte, arte o estudiando algún idioma.

CS: Yo entiendo que que si un adolescente no está un año en la escuela, entonces ¿dónde está?, ¿qué hace su hijo ese año? ¿está en la calle? Y si es así ¿qué hace en la calle? Por ejemplo, si decidió “tomarse un año de licencia” perdemos toda la estimulación cerebral de un año de vida de ese chico o chica porque no estudió, no leyó, no estuvo en contacto con un grupo mediado por un docente y no le permitió así desarrollar una habilidad para resolver los conflictos cotidianos.

La solución es usar todos los elementos posibles para tocar el corazón de los padres y convencerla de lo importante que es para su hijo terminar el secundario. Y tratar de ver cuál es la raíz del problema, de por qué no quiere que siga en el colegio.

Quizá porque se está llevando un montón de materias y cree que eso no lo va a solucionar, o porque cree que su hija no tiene la capacidad para terminar el secundario, o porque necesita que la hija le cuide al hermanito cuando ella sale a trabajar, etc.

Hay que ir a la raíz de la deserción escolar para ver cuál es el factor que lo está desencadenando (porque son múltiples), para así tratar de darles todo el apoyo a esa mamá y toda la fuerza para que decida volver a mandar a su hija a la escuela.

En Buenos Aires se está trabajando con una red para combatir la deserción escolar, por la cual en cada escuela hay una persona asignada; un referente que se encarga de comunicarse con la familia cada vez que un alumno falta dos o tres veces y allí se comunica con la familia para ver qué ayuda necesita y así generar la red de apoyo necesaria para que ese chico vuelva a la escuela. Es una idea maravillosa, de bajo costo y de fácil aplicación que podríamos empezar a implementarlo en Mendoza también.


El caso del alumno con buenas intenciones que se junta con los más indisciplinados y termina siendo perjudicado.

AF: Hoy el buen alumno es visto como un nerd, es decir, como un raro. Esa pérdida de la valoración social hace que en algunos casos de alumnos con intenciones de ponerse las pilas y estudiar terminen cediendo.

El problema de fondo es la reinclusión mal instrumentada, que termina excluyendo al chico al que potencialmente querría aprender y que tiene buena predisposición para llevarlo a cabo.

Como la política de educación es incluir y bajar las exigencias, el chico que quiere aprender queda excluido. Así, al que quiere aprender no le damos otras vías de realización.

CS: Hoy los chicos tienen una enorme presión del ambiente para desarrollar conductas que no son positivas para ellos para el largo plazo. Una habilidad que tenemos que enseñar es la asertividad, que es la capacidad de decirle que no a lo que no me beneficia como persona. En la adolescencia es difícil porque el chico necesita sentirse integrado a su grupo. ¿Cómo se va logrando? Con un entrenamiento de la familia y de la escuela, y de un trabajo conjunto del docente que intervenga con el alumno que tiene que resistir una presión a nivel grupal, como también con el trabajo del tema a nivel grupal, con el fin de posicionar buenas conductas, y que se premie lo bueno.

También trabajando con las familias porque muchas veces los padres justifican las actitudes de sus chicos o han perdido la claridad de los valores o tienen miedo de ponerles límites a sus hijos, o exigirles. Y ese es el mayor daño que pueden hacerle a su hijo. Tarde o temprano se ven las consecuencias. A veces se ve que cuando exigimos le cortamos la libertad al hijo, pero cuando le exigimos el chico va desplegando capacidades.

Por ejemplo si yo le exijo que estudie desplegará capacidades para estudiar, si le exijo un deporte despliega la habilidad para ese deporte, si le exijo que aprenda un idioma despliega esa capacidad. Ahora cuando ese chico que fue exigido logró desplegar esas capacidades es un individuo más libre que quien no fue exigido, porque podrá elegir más cosas en la vida, acorde con las habilidades que desarrolló. Pero el que no fue exigido y no desarrolló sus potencialidades ¿cuántas opciones tiene? Les estamos limitando las opciones para elegir.

Exigir a veces para parece que es cortarles la libertad, pero en la realidad es desplegar posibilidades.

“Con el celular te podemos escrachar en las redes sociales”

CS: La forma de bajar la violencia se contrarresta con la formación de valores. La dificultad se presenta cuando ellos -al igual que muchos en la sociedad- no han logrado internalizar el sentido del respeto y las formas adecuadas de canalizar emociones. En este caso se trata del respeto a la privacidad, al cuidado de la intimidad y a la resolución pacífica de conflictos.

Hay toda una tarea para motivarles y demostrarles que hay consecuencias en la vida de las cosas, que no es lo mismo actuar con responsabilidad que no actuar con responsabilidad, que no es lo mismo faltarle el respeto al profesor que tratarlo bien. 

Cuando no ponemos consecuencias a las malas acciones y vivimos en una impunidad, el chico no internaliza el sentido de una norma. 

Da lo mismo portarse bien que no portarse bien y da lo mismo estudiar que no estudiar porque pasás igual. Y eso no se trata de condenar a los chicos sino que ayudarlos para que desarrollen todo el potencial posible que tienen para desarrollar.

Se soluciona con una política en que escuela, alumno y familia cumplan su rol para que en definitiva el alumno pueda desarrollar todo su potencial.

“Profesor, su materia no me sirve”

AF: Más allá de que la importancia de cada materia en el secundario también sería bueno plantear otras vías de formación. Por ejemplo, en Alemania desde el secundario se van distinguiendo los talentos de los chicos y se los va orientando. En ese país, el 60% de los que van al secundario se forman con el sistema dual, que lo conecta con ámbitos productivos, del modo que sólo va a la escuela unas dos veces por semana para los contenidos teóricos. Y así se los incluye, ya que no hay una presión para incorporarlos al sistema universitario, como sí lo es acá. Además de Alemania, esto también se aplica en Francia y en América Latina, en Costa Rica, y con mucho éxito.

Alumnos que se expresan con insultos y el profesor ya nada puede hacer

AF: Parar la clase y aclararle a ese alumno que eso lo lleva a perder el banco. El problema es que hoy está fallando el régimen disciplinario. En nuestra época sabíamos que teníamos 20 amonestaciones y si ya contabas con diez te empezabas a cuidar. De ese modo el alumno empezaba a tener una conciencia de límite.

Hoy el chico sabe que con el cuaderno de campo no pasa nada. Y aquí más que una cuestión social es una falla del sistema educativo: no se lo puede expulsar y hay que incluirlo. Y muchos alumnos se aprovechan de eso.

CS: Una solución puede ser la conversación a solas con ese alumno. Hablar a solas cuando termina la clase y explicarle cuál es la conducta que a nosotros nos parece que no es la adecuada; tratar de ayudarlo a pensar por qué realiza esa conducta - si es para llamar la atención , si es porque no le interesa la materia, si es porque para él no es un problema hablar así o si es porque le está pasando algo e inconcientemente lo manifiesta con un permanente vocabulario violento.


Hay que proponerle alternativas de cómo cree él que podría superar esa conducta, mostrarle por qué esa conducta no es conveniente para él mismo ni para sus compañeros ni el docente, para así lograr un acuerdo con él y trazar un plan de acción y motivarlos para que él proponga una meta. Y estimularlo si obtiene logros o bien, si no es así volviendo a conversar con él para saber por qué no logra avances.

Esa instancia de una conversación, en el que el docente pueda escucharlo para que ellos abran los corazones y les diga qué le está pasando facilita luego a que asimilen por qué esos valores que ellos toman con mucha naturalidad no son adecuados para una convivencia social; mostrándoles por qué vale la pena que cambien esa conducta y que ellos son demasiados valiosos como personas para expresarse con forma. Hacerles entender que lo que ellos expresan es lo que tienen adentro y que seguramente lo que tienen dentro es mejor que la forma que lo están expresando, siempre tratando de favorecerles la autoestima, de expresarles que son capaces de hacer las cosas mejor y que los docentes son educadores que están para ayudarlos en ese camino; de comprender lo difícil que le puede resultar dejar un tipo de vocabulario, pero que él es capaz de hacerlo.

Los docentes tienen una oportunidad de dejarles una huella y, de generarles un espacio de reflexión que la sociedad no le brinda y quizás su propia familia tampoco; y de mostrarles una alternativa diferente para actuar. Por otra parte es bueno que el docente tome distancia del acontecimiento y vea al chico en proceso de crecimiento, por lo tanto todo esto no lo va a lograr de un día para el otro.

Muchas veces, al ir a la raíz del problema, me ha pasado que estas conductas demuestran que se trata de grandes dolores o situaciones que ellos están viviendo y que no saben cómo expresarlo.